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Iglesias tirará de las bases para legitimar un «no» a Sánchez

El plan es resistir ante la presión de que el presidente vaya a una primera votación fallida si no llegan a un acuerdo para tener ministros. «Él se juega todo».

  • Pablo Iglesias tras su reunión con Pedro Sánchez para negociar los apoyos de investidura
    Pablo Iglesias tras su reunión con Pedro Sánchez para negociar los apoyos de investidura /

    Cristina Bejarano

Tiempo de lectura 4 min.

23 de junio de 2019. 10:04h

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Pablo Gómez Madrid. 23/6/2019

Decepción, incomprensión y, pese a todo, esperanza y ganas de negociar «a fondo». Son los cuatro sentimientos que resumen el estado de ánimo de la dirección de Podemos al cumplirse casi dos meses del 28 de abril. A día de hoy, el PSOE únicamente contempla la incorporación de dirigentes morados a puestos intermedios en el futuro Ejecutivo. «Cargos y representación en la Administración Pública», fue el límite que dibujó Sánchez el viernes desde Bruselas. Una cooperación que no debe traducirse, según el argumentario que han aireado estos días algunos portavoces socialistas y la vicepresidenta Carmen Calvo, en carteras que den acceso a Pablo Iglesias o alguna de sus personas de confianza al Consejo de Ministros. Y eso no encaja con los planes de «cogobernar» mano a mano con Sánchez que Iglesias comenzó a diseñar en 2018, al poco de haberse fajado en el trabajo de «negociarle» la moción de censura al líder socialista.

El planteamiento choca incluso con lo que Sánchez defendió en campaña y detalló en la víspera de la jornada de reflexión, cuando abrió la puerta a negociar una coalición con Iglesias. De ahí, la decepción: «En cuanto se cerraron las urnas de las autonómicas y municipales, Sánchez se olvidó de aquello y empezó a lanzar guiños a Rivera», explican desde el grupo parlamentario de Unidas Podemos. La indignación de la formación morada va más allá del fondo, de esa búsqueda por parte del PSOE de una secuela del «pacto del abrazo» con Rivera. Han molestado y mucho las formas. El presidente en funciones pidió personalmente a Iglesias, según el relato morado, «discreción» en el encuentro que ambos mantuvieron en el Congreso el pasado día 11 y volvió a hacerlo esta misma semana en Moncloa. A las pocas horas, sin embargo, los medios se hacían eco de esta segunda cita –para la que no hubo convocatoria de Prensa– y de la oferta socialista. «Nosotros sí vamos a ser discretos y a proteger la negociación. Estos días va a haber muchas conversaciones, nuevas reuniones, y nosotros siempre hemos sido claros en que queremos un Gobierno conjunto entre PSOE y Unidas Podemos que pueda dar garantías a la gente de que sus vidas van a mejorar, y también en que es necesaria la discreción para proteger la negociación», recalcan fuentes de la dirección morada.

En este contexto, la pregunta clave pasa por saber hasta cuándo o hasta qué punto de la negociación puede aguantar la presión Iglesias. Pese al ruido que genera el carrusel de declaraciones y de medias verdades de los ministros de Sánchez y de los portavoces socialistas, la estrategia de Podemos parte de dos pilares: un mínimo optimismo que insiste en que «la cosa no va tan mal como parece» y la impresión de que es Ferraz y no tanto Sánchez el principal escollo para la coalición. Partiendo de esa base, el plan del equipo de Iglesias no contempla otro escenario que no sea el de resistir a las presiones y, por tanto, continuar defendiendo que el veredicto de las urnas reveló que existe una mayoría progresista que quiere ver al PSOE y a Podemos gobernar juntos. Con dos argumentos que definen como «incontestables»: PSOE y Podemos sí están dando forma a coaliciones en Valencia, Canarias, Baleares, La Rioja y, quizá, en Navarra, y, por otro lado, aceptar la «oferta» de los cargos intermedios significaría asumir que «los votantes de Podemos son de menor categoría» que los del PSOE. En el núcleo de confianza de Iglesias consideran poco factible que Sánchez se juegue la actual aritmética parlamentaria –muy favorable al PSOE– en unas nuevas generales tras el verano: «El presidente es quien tiene más presión. Tiene que buscarse los apoyos, porque nosotros nos jugamos los ministerios, pero él se lo juega todo. Se juega perder frente a las derechas», asegura un diputado. Porque en Podemos apelan al indudable crecimiento demoscópico del PP y a las matemáticas para defender su posición: «El PSOE no puede gobernar solo porque sus 123 son menos que los 147 que suman PP, Cs y Vox; de hecho son casi los mismos que los 117 del ''pacto del abrazo'', mientras que los 165 de una coalición con Podemos sí darían estabilidad». «¿Por qué Sánchez pudo ser presidente con 84 diputados y ahora Iglesias no puede ser ministro con 42?», se preguntaba esta semana uno de los ideólogos de cabecera de Podemos.

En el caso de que las posturas no se muevan en las próximas semanas y, finalmente, Sánchez cumpla su amenaza de acudir a una investidura fallida sin haber cerrado previamente sus apoyos y sin haber dado luz verde a la coalición, la estrategia de Iglesias, según confirman desde la dirección del partido, contempla la convocatoria de una consulta entre sus bases, a las que se preguntaría por la posición de voto de los 42 diputados de Unidas Podemos. De esta forma, y ante la total seguridad de que los inscritos morados avalen el «no» a la investidura de Sánchez, el líder de Podemos quedaría blindado frente a las acusaciones de bloqueo y acudiría al pleno en el Congreso con el respaldo de los suyos.

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