José Centeno: «Con el perdón, mi hijo no vuelve, así que no hay perdón, es todo pura falacia»

Padre de Raúl, Guardia Civil asesinado en Capbreton

–¿Cómo recibió la noticia de la derogación de la retroactividad de la «Parot»?

–Todo lo que vaya en contra de las víctimas del terrorismo me afecta. Ves la impotencia, la incapacidad de los gobiernos y los legisladores. Si no saben o no pueden hacerlo de otra manera, que se vayan.

–¿En Estrasburgo se ha perdido la batalla jurídica contra ETA?

–Sí, y todos sabemos por qué. El ponente español es el que inclina la balanza y se ganó sólo por un voto.

–¿Cree que el tribunal pensó que hacía lo que España quería?

–Creo que sí, y ahora se dará cuenta de que no es así. En abril, en París, me llegó la información de que Josu Ternera estaba en Francia, detectado y vigilado. Lo puse en conocimiento de la Guardia Civil y me indicaron que ellos no lo tenían, que lo tenía supuestamente el CNI. Sin embargo, ahora vemos que se ha escapado.

–Si tuviera la oportunidad de sentarse frente a ese tribunal, ¿qué le diría?

–Le explicaría cómo es el comportamiento de estos asesinos y si son capaces de decirme, mirándome a la cara, que los terroristas son personas normales. Pero al señor Guerra le diría que no tiene dignidad, debería sufrir en sus carnes lo mismo que nosotros.

–¿Cómo han vivido los meses posteriores al juicio? ¿Se han sentido abandonados?

–Sí, pero abandonados totalmente. Los terroristas fueron juzgados y es verdad que esperábamos algo más. Luego vino el apartado de la responsabilidad civil y pensábamos que así cerraríamos un capítulo. Habían cifrado la indemnización en 500.000 euros. Incluso en el juicio en Francia, el abogado del Estado dijo que ésa era la indemnización que nos correspondía y que nos otorgaría España, por lo que el tribunal debió pensar que si esa era la cantidad otorgada en Francia el tribunal fijó la responsabilidad civil en 50.000 euros pensando que ya contábamos con lo prometido. Tras el asesinato de Raúl recibimos 222.597 euros y se nos dijo que tras el juicio nos darían el resto hasta completar los 500.000, algo que llegó incluso a ratificarnos la oficina de víctimas. Pero tras una llamada ahora me dicen que no nos van a dar nada. Tengo grabado incluso la promesa que me hicieron. ¿Mi hijo y Fernando valen menos que los inmigrantes de la T-4? ¿Vale menos que Eduardo Madina? Creo que mi hijo no estaba allí de excursión, ni fue motu proprio. Ahora siento que fueron a París a hacerse la foto.

–Seis años después, ¿el sentimiento de dolor sigue siendo el mismo?

–Para mí sí. Venía dispuesto a cerrar el capítulo y me encuentro con que la ayuda de víctimas me pega el portazo en las narices. No me van a devolver a mi hijo, pero tengo que hacerlo por su dignidad.

–¿Qué espera que ocurra con la causa que sigue abierta en España?

–Me gustaría que a «Txeroki» se le inculpase como inductor al asesinato, ya que era el jefe de los «comandos». En París no se le ha juzgado por el asesinato directamente. En 2009, las declaraciones del «comando Hego Haizea» de Navarra indicaban que fue el autor de los disparos, pero en el juicio no se tomaron en cuenta estas declaraciones y no aparecen en las diligencias previas.

–A pesar de la sentencia, ¿tiene su propia hipótesis de lo que ocurrió?

–Sí. El encuentro entre mi hijo y los etarras se dijo que fue casual, pero no lo fue. Mi hijo llevaba más de 20 días de baja porque tenía una costilla hundida y me dijo que tenía que incorporarse, que necesitaban gente porque iba a haber una detención de alguien importante. Sabían a lo que iban y sabemos cómo les mataron. De cómo se celebró el juicio y de la declaración de los testigos, aunque podré probar lo que pienso, no fue casual. Pero las transmisiones se las llevaron enseguida. Con los compañeros ya he tratado de cerrar eso y allá cada uno con su conciencia. La verdad sólo la sabríamos si la contaran mi hijo, Fernando o los etarras que no han querido hablar.

–¿Sigue creyendo en la Justicia?

–Me cuesta mucho. Creo que algunos jueces dictan sentencias para salir en la tele, verse con su ego alto y no juzgan en conciencia. ¿Cómo puede haber unos terroristas que estén coartando nuestra libertad y disponen de quitártela cuando quieren? Eso no entra en mi cabeza, por eso creo que no debería haber ni redención de penas ni nada.

–Una de las condiciones para lograr beneficios penitenciarios es que pidan perdón y se arrepientan. Incluso ahora, cuando los presos han reconocido el daño causado, sin pedir perdón, ¿usted perdonaría a los asesinos de su hijo?

–He tenido la oportunidad de estar un mes conviviendo frente a ellos y junto a sus familiares. Todo eso es pura falacia. Me han matado un hijo. ¿Con el perdón mi hijo vuelve? Lo que dicen es que piden perdón y ¿aquí no ha pasado nada? Eso no es posible. Piden perdón como cuando a uno le secuestran los islamistas y te dicen que o te conviertes o te matan, pues te conviertes. Lo que tienen que hacer es cumplir las penas íntegras. A mí no me tienen que pedir perdón, tienen que pedírselo a mi hijo. Entonces, cuando fallezcan, si se encuentran con él, que se lo pidan. Pero mi hijo no va a volver... No hay perdón.

–¿Qué vio los días que duró el juicio en París?

–Vi personas sin alma, concienciados con algo que no puede ser, pero que han elegido ese camino y les da igual. Personas frías, calculadoras, impasibles... Les vi derrumbarse cuando veían lo que se les venía encima y cuando leyeron la sentencia. Creo que lo tienen asumido y que la libertad les va a llegar a todos. Espero que no sea así, porque si lo es, los políticos tendrían que coger la maleta e irse del país.

–¿Le preocupa que algunos de los que han salido vuelvan a activar los «comandos»?

–Creo que algunos lo van a hacer, indudablemente. Procurarán estar en segunda línea para que no se les pueda volver a interceptar, pero creo que sí que lo harán. Me encantaría saber quién es la cabeza pensante y quién hay detrás de todos estos monigotes.