La ausencia de líderes desluce una vez más la cumbre

La Razón
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La ausencia de al menos diez jefes de Estado y de Gobierno de los 22 convocados ha deslucido la XXIII Cumbre Iberoamericana. A la ausencia del Rey Juan Carlos hay que sumar las de los presidentes de Brasil, Dilma Rousseff; de Uruguay, José Mujica; Chile, Sebastián Piñera; Argentina, Cristina Fernández de Kirchner; Ecuador, Rafael Correa, o Cuba, Raúl Castro. Las últimas ediciones de la cumbre, a excepción de la celebrada el año pasado en Cádiz –un éxito de convocatoria, según el Gobierno español– han quedado marcadas por la escasa presencia de los mandatarios iberoamericanos. Quizá sea éste uno de los motivos por los que en Panamá se ha decidido cambiar el formato de la cumbre, que pasará a ser bienal. Los dirigentes latinoamericanos tienen cada vez más reuniones de este tipo debido al auge de organismos regionales, lo que produce un cansancio en las delegaciones nacionales, que muchas veces optan por retirarse en el último momento aduciendo problemas de agenda, como ha pasado en esta ocasión con Bolivia y Guatemala. Además, muchos ven en esta cumbre una cita con poca sustancia en la que no se deciden grandes cosas.

De Panamá también saldrán otros cambios de estructura organizativa. Tras ocho años como secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias se dispone a abandonar el cargo. En las quinielas para sucederle aparece el nombre de la economista costarricense Rebeca Grynspan, actual secretaria general adjunta de la ONU.

En la cumbre también se ha planteado un cambio en el modelo de financiación de la Secretaría General Iberoamericana, cuyo presupuesto anual es de siete millones de euros. Actualmente, España contribuye con el 60% del los fondos; Portugal, con el 10%, y el resto de países, con el 30%. La propuesta, que no suscita unanimidad, pasa por financiar el 50% desde la Península Ibérica y la otra mitad desde Latinoamérica. La Declaración de Panamá, que será aprobada hoy por los países participantes, aboga por promover condiciones que «contribuyan a establecer un mercado común iberoamericano de la cultura más competitivo». Sin embargo, los avances más importantes se producen tras un trabajo preparatorio durante los meses previos a la cita y en encuentros paralelos, como el empresarial, en el que se ha acordado la creación de un mecanismo para recomendar a los gobiernos políticas públicas de desarrollo. En las conclusiones de este encuentro se dice que Latinoamérica es la región que «tiene el potencial necesario para dejar de ser la menos desarrollada de Occidente». En la primera jornada de la XXIII Cumbre Iberoamericana también se habló del relieve que ha adquirido la Alianza del Pacífico –formada por Chile, Perú, Colombia y México, y a la que pronto se unirá Costa Rica– como plataforma económica. También se destacó del crecimiento económico que ha experimentado en los últimos años Panamá, la anfitriona de esta cita.