La «bomba» que nunca estalló

Desde enero de 2013, el «caso Bárcenas» ha sido dinamita en manos de la oposición, que no ha dudado en sacar rédito para desgastar al PP. Pese a las explicaciones de Génova y por parte del Gobierno, PSOE, IU, PNV y UPyD no cejaron en su empeño de llevar el caso hasta las más altas instituciones del Estado. El objetivo, forzar la dimisión del presidente, Mariano Rajoy. El entonces líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, advertía en marzo de ese año de que el jefe del Ejecutivo había ligado su suerte a la de Luis Bárcenas e insistía en pedir la dimisión. Se refería además al ex tesorero como el «innombrable» o «el omnipresente». El 11 de agosto, Rajoy comparecía ante el Congreso arrastrado por la presión. «Le apoyé, creí en su inocencia y me equivoqué. Y éste ha sido todo mi papel en esta historia». El presidente del Gobierno y del PP redujo así su participación a un problema de buena fe. Rajoy aseguró que creyó en la honradez de su tesorero hasta el hallazgo de la fortuna en Suiza.Y sí le nombró: hasta 16 veces.

Cuando llegó el turno a Alfredo Pérez Rubalcaba, el líder de los socialistas puso la lupa en los SMS, que definió como los mensajes «de un socio a otro socio que le puede poner en apuros». «La sombra de Bárcenas es ya su sombra», afirmó solemnemente.

El 11 de septiembre, el presidente se reafirmó en el Congreso en lo declarado el 1 de agosto en el Senado: que cuando él llegó a La Moncloa el ex tesorero estaba ya fuera del partido.

El 23 del mismo mes, el PP convocó una reunión extraordinaria de la Mesa del Congreso en la que se negó a tramitar una moción del PSOE en la que se solicitaba «instar al presidente del Gobierno a asumir las responsabilidades políticas que ineludiblemente pudieran derivarse de las falsedades vertidas ante el Pleno del Congreso de los Diputados».

El PP argumentó que lo que la oposición planteaba era, en sí misma, una moción de confianza o una reprobación al jefe del Ejecutivo. Según los populares esa fórmula parlamentaria no existe en el reglamento de la Cámara Baja y la única opción que tenía el PSOE era presentar una moción de censura. De ahí su voto negativo en la Mesa.

El recorrido parlamentario de las «mentiras de Rajoy» en el Senado sobre su papel en el «caso Bárcenas» llegó a su tope. En octubre, mociones de la Izquierda Plural y del PSOE salvan dos polémicos vetos de la Mesa del Congreso y suavizan su redacción para conseguir llegar al Pleno. El PP tumba ambas mociones en la votación.

La «bomba atómica» de la que había hablado la prensa internacional nunca estalló.