La campaña que nadie quiere

Los partidos asumen que hay hartazgo entre los votantes y aunque el escenario está muy abierto, en el PP las encuestas internas reflejan que Sánchez aguanta como ganador

Todos los partidos en precampaña / Efe - Alberto R. Roldán
Todos los partidos en precampaña / Efe - Alberto R. Roldán

Los partidos asumen que hay hartazgo entre los votantes y aunque el escenario está muy abierto, en el PP las encuestas internas reflejan que Sánchez aguanta como ganador.

Cataluña y Franco. Con estos dos temas en el centro de la agenda electoral arranca esta semana la campaña. La relación entre socialistas y populares parece bastante preestablecida. El reordenamiento en el voto del centro-derecha, y el efecto del voto útil en favor del PP; ya lo recogen las encuestas y se traduce en la expectativa de más de una treintena de diputados a favor de Pablo Casado, que sería un salto cuantitativo muy importante, aunque, de momento, los estudios coincidan en señalar que no se ha cruzado la línea que llevaría al Partido Popular a colocarse por delante del PSOE. Y la curva de aproximación incide en que todavía falta tiempo para que se crucen. El resultado del 10-N, y en eso coinciden los análisis de los dos principales partidos, dependerá de los partidos satélites del PSOE y del PP, que es donde está la batalla de estas elecciones.

Los principales interrogantes con los que se abre la campaña electoral son: si las encuestas vuelven a sobreestimar a Vox, como ocurrió en las pasadas elecciones; si Podemos logra aguantar la presión de la maquinaria socialista, como hasta ahora apuntan los sondeos; si Mas País acaba siendo una fuga de votos perdidos para la izquierda por las circunscripciones en las que no alcance escaños; y si la caída de Ciudadanos llega a ser tan grave como para que se coloque por debajo de los resultados de las elecciones de 2015, lo que inevitablemente abriría en canal la estabilidad en el liderazgo de este partido.

La situación es inédita en todos sus parámetros, pero los partidos arrancarán esta semana la campaña electoral ajustando sus estrategias al análisis de que los dos temas que marcan la agenda han ayudado a movilizar al electorado de Vox y también a la izquierda en general, con el añadido de que diluyen además el discurso de Podemos. No es posible garantizar que esa supuesta movilización pueda llegar hasta la fecha de las elecciones, y además está la incertidumbre de si de aquí al 10-N pueda haber novedades en Cataluña que alteren de nuevo el escenario electoral.

El Gobierno ha gestionado la exhumación de Franco con la proporción necesaria como para que confíe en que movilice a la izquierda en general y a los seguidores de Vox, pero sin generarle daños por el lado del centro. En el PP admiten que al Gobierno le ha salido bien a pesar de que no puedan anticipar el voto que moverá realmente en las urnas. Y tantos populares como naranjas han optado por colocarse de perfil para no verse enredados en la estrategia que mueve el Partido Socialista. Aunque Partido Popular y Ciudadanos parten de posiciones antagónicas. La dirección popular no quiere arriesgar nada, y prueba de ello es la estrategia de Génova que marca sus argumentarios de campaña. La consigna más habitual que da a los candidatos es la de que no hablen nada sobre las cuestiones que consideran polémicas, que en realidad son la mayoría. Sin embargo, Albert Rivera ha tenido que echarse la campaña en los hombros ya que su híperliderazgo es el que ha marcado la evolución negativa de su partido y es el único que puede hacerlo resurgir de las cenizas que pronostican las encuestas.

Son demasiadas preguntas aún sin respuesta sobre la radiografía final de los resultados electorales. Pero los tanteos en los dos principales partidos dejan la misma impresión compartida sobre lo poco que puede variar la situación de bloqueo después de las elecciones. Las estrategias de campaña están ya perfectamente definidas y el debate electoral será la ocasión para que todos intenten ratificarse en ellas, aunque al confrontar intereses opuestos puedan diluirse en la contienda dialéctica. Y a pesar de que todo avance en la línea de lo previsible esta recta final de campaña será decisiva en cómo se resuelven algunos de los interrogantes que siguen abiertos en el pulso entre los partidos.

El arranque formal de la campaña no va a cambiar la estética de lo que se ha visto hasta ahora desde que se disolvieron las Cortes el pasado mes de septiembre. «Ésta es una campaña que nadie quiere. El hartazgo es lo que marca la posición mayoritaria de la ciudadanía y no están los ánimos para grandes festividades mitineras». Por eso la campaña seguirá desarrollándose en el ámbito de los actos sectoriales y encuentros de partido sin exhibiciones de plazas de toro tan propias de otros tiempos. Casado se mantendrá en una posición moderada pese a que las encuestas adviertan de que hay perspectivas de crecimiento de Vox por el marco político alentado por los socialistas.

El presidente de Ciudadanos Albert Rivera tiene como principal reto movilizar al electorado que hoy le ha dado la espalda para irse a la abstención. Sánchez confía en que la última recta de la campaña le sirva para aguantar en los 120 escaños. Y el líder de Unidas Podemos Pablo Iglesias necesita encontrar un canal con sus votantes que apague el efecto de la exhumación de Franco y de su posición en Cataluña, ya que las imágenes de los graves altercados de violencia la hacen más incomprensible entre la izquierda en general, «salvo para los más cafeteros».