La nueva vida del abogado Horrach tras el «caso Nóos»

El fiscal del «caso Nóos» abandona hoy oficialmente la Fiscalía Anticorrupción y afronta su inminente paso a la abogacía «con un poco de vértigo».

Horrach, recogiendo sus pertenencias el pasado viernes en su despacho de la Fiscalía Anticorrupción
Horrach, recogiendo sus pertenencias el pasado viernes en su despacho de la Fiscalía Anticorrupción

El fiscal del «caso Nóos» abandona hoy oficialmente la Fiscalía Anticorrupción y afronta su inminente paso a la abogacía «con un poco de vértigo».

Ese viernes que no era viernes, cuando a las dos de la tarde cerró la puerta de su despacho, Pedro Horrach (Sa Pobla, Mallorca, 1966) no sólo tenía por delante un fin de semana cualquiera, sino toda una nueva vida –con su inevitable carga de incertidumbres y el alivio de alguna certeza–, la del abogado Horrach, que cierra así 25 años de ejercicio en la carrera fiscal. Porque ayer, Día del Trabajo, el fiscal del «caso Nóos» ha dejado de pertenecer oficialmente al Ministerio Público, un paso que ya anunció el pasado junio, unos días después de concluir uno de los juicios más mediáticos de la historia judicial española. Un calentón, pensaron algunos. Pero lo cierto es que Horrach, arropado por su familia en una decisión tan trascendental, lo tenía claro.

Ese viernes que no era viernes, Horrach llegó a su despacho en la sede de la Fiscalía de Baleares más tarde de lo normal, pasadas las diez de la mañana, como si no quisiera afrontar el trance. Por delante unas cuantas despedidas y, también, trabajo. Un escrito de acusación, el último con su firma, en un procedimiento abierto contra un alto cargo de Emaya, la empresa municipal de tratamiento de agua de Palma, investigado por un delito de negociaciones prohibidas a funcionario. Sólo se trataba de darle las últimas pinceladas, pero le costó «Dios y ayuda» –reconoce a LA RAZÓN– porque la mañana no fue precisamente tranquila. Las llamadas de teléfonos se sucedieron mientras el todavía fiscal Anticorrupción embalaba sus últimas pertenencias del pequeño despacho que, en adelante, ocupará la fiscal Laura Pellón, que «heredará» la mayoría de sus investigaciones. Hoy, no obstante, Horrach tendrá que regresar para devolver su portátil, recoger las últimas cajas, «libros sobre todo», y rematar despedidas.

«Cuesta asimilarlo»

Después de tantos años, abandonó la que ha sido su casa «con una sensación de tristeza, de vacío y también con un poco de vértigo ante la nueva andadura». «Al cerrar la puerta de tu despacho –reflexiona– te replanteas un poco todo e inevitablemente surgen las dudas, pero la decisión está tomada y es firme».

El abogado Horrach es consciente de que la relación con los que hasta ahora han sido sus compañeros en la Fiscalía Anticorrupción cambiará drásticamente. «Ya sé que no va a ser lo mismo. La relación cambiará bastante y será más distante. Y eso es muy extraño y me cuesta un poco asimilarlo», reconoce.

Horrach se había despedido el jueves pasado en una comida de los agentes de la Unidad de Delitos Económicos y Financieros (UDEF) adscritos a la Fiscalía de Baleares. Pero el pasado viernes la comida fue con varios amigos del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Palma en el hotel Nakar, en la avenida Jaime III de la capital balear.

Horrach aún no se ha colegiado, un trámite que cumplimentará esta misma semana –«ya fui a pedir información hace unos días y tengo todos los documentos preparados»–, pero ya tiene despacho, en la céntrica plaza de Juan Carlos I, conocida popularmente como «la plaza de las tortugas» (por la fuente situada en el comienzo del Paseo del Borne, en la que están esculpidas varias tortugas sujetando un obelisco), una denominación que seguramente dará lugar a más de un chascarrillo. «Ni siquiera lo pensé», asegura. Horrach compartirá despacho, aunque ambas firmas trabajarán por separado, con Alejandro Calvo, ex responsable del servicio Antifraude de la Agencia Tributaria en Baleares.

El adiós se ha alargado más de lo que él hubiera deseado (hasta el anuncio de recurso de la Fiscalía en el «caso Nóos»), pues en sus planes estaba un largo viaje junto a su mujer, la abogada Ana Zacher –actualmente responsable de los servicios jurídicos de la Dirección General de Tecnología y Comunicaciones del Gobierno balear–, que finalmente aplazarán a septiembre. Costa Rica tendrá que esperar.

«Haría lo mismo»

Y es que su intención es empezar a trabajar «en un plazo de diez o quince días». El abogado Horrach promete «la misma energía y motivación» y confía en que la experiencia acumulada en su cuarto de siglo en el Ministerio Público «se refleje en mi trabajo, aunque sea desde el bando contrario». Y es que es muy consciente de que se va «a lo que algunos en la Fiscalía Anticorrupción llaman “el lado oscuro”», un paso prácticamente inédito en las islas. De hecho, en los últimos años, sólo el ahora abogado José Zaforteza, defensor del ex presidente balear Jaume Matas, ha completado el tránsito desde la Fiscalía a la abogacía.

«Pasas a la intemperie –asume Horrach–, de tener la cobertura institucional de la Fiscalía a no tenerla. Mi armadura a partir de ahora es la toga». Un toga que no tendrá que comprar, pues la directiva del Colegio de Abogados de Alcira (Valencia) le regaló una el año pasado cuando asistió como invitado a la jura de una remesa de nuevos colegiados. La impresión de sus tarjetas profesionales, sin embargo, sigue siendo una asignatura pendiente. Aún no ha tenido tiempo para encargarlas.

«No me arrepiento de nada», ratifica antes de insistir en que «ha sido una decisión meditada y compartida familiarmente» (sin el respaldo de su mujer y de su hija, dice rotundo, no hubiera dado el paso). Pero dudas, reconoce, «las he tenido y las sigo teniendo». Y hace hincapié en que el «caso Nóos» ha «incidido en su decision, pero no es el único motivo ni el principal», pese a que «aunque tenga mucho cuero, al final hace mella». «Si tuviera que volver a empezar, haría lo mismo, pues todo lo que ocurrió después era impredecible», asegura respecto a la defensa de la inocencia de la Infanta Cristina. No obstante –añade dolido aún, sobre todo, porque «se haya dudado de mi integridad profesional»– «habría preferido que no se hubiera generado tanta crítica mediática».

En la hora del adiós, el hasta ahora fiscal Anticorrupción confía en «haber ayudado a concienciar a la sociedad respecto a la tolerancia cero con la corrupción. Espero que lo que hemos hecho haya sido ejemplificante», asegura respecto a las investigaciones que ha dirigido en los últimos años, con el «caso Palma Arena» a la cabeza.

Su primer día con la toga de abogado puesta (Horrach se especializará en asuntos penales, tributarios y de índole económica) aún le provoca una comprensible confusión. «Eso sí me da una cierta sensación de vértigo. No me veo por ahora», confiesa.

Su futura labor profesional, eso sí, tendrá una línea roja: en su desempeño como abogado no podrá asumir en ningún caso, por las lógicas incompatibilidades, la defensa de imputados en cualquier caso en los que haya intervenido como fiscal.

La nueva vida del abogado Pedro Horrach, ésa que comenzó un viernes que no era viernes, empieza ahora. Atrás queda esa otra media vida, en la Fiscalía Anticorrupción, que ya es historia.