La ONU certifica el «Spain is back»

Reunión del Consejo de Seguridad de la ONU acerca de la epidemia de Ébola en Africa Occidental el pasado 18 de septiembre.
Reunión del Consejo de Seguridad de la ONU acerca de la epidemia de Ébola en Africa Occidental el pasado 18 de septiembre.

España fue elegida por la Asamblea General de la ONU como miembro no permanente del Consejo de Seguridad para el bienio 2015-2016. La candidatura española obtuvo el apoyo de 132 países en la tercera ronda de votación, en la que se impuso a Turquía.

Nervios y tensión hasta el último minuto. El paralelismo con la elección de ciudad anfitriona para los Juegos Olímpicos –la última, en Buenos Aires, de trágico recuerdo– era evidente. Mandíbulas apretadas, miradas nerviosas. Tres votaciones eternas. Y el estallido de euforia final. La delegación española tuvo que contener el aliento durante tres horas ayer en la sede de la Asamblea General de Naciones Unidas hasta que al fin saltó la noticia: España se sentará en el Consejo de Seguridad durante el bienio 2015-2016. Se trata del mayor logro de la legislatura para el titular de Exteriores, José Manuel García-Margallo, y un éxito que certifica que, poco a poco, España va recuperando el puesto que le corresponde en el mundo tras una crisis económica que había reducido su credibilidad y su peso específico global a mínimos históricos.

Sin embargo, la votación de ayer fue muy rápida, por lo menos según los tiempos habituales en Naciones Unidas, donde ha habido votaciones para el Consejo de Seguridad que se han llegado a prolongar incluso semanas. La sesión empezó a las diez de la mañana (cuatro de la tarde en España), y pasadas las una (siete de la tarde) el titular de Asuntos Exteriores, con una sonrisa resplandeciente, cogía el teléfono para llamar a Milán, donde el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, asiste a la Cumbre Euroasiática de la ASEM.

Así terminaban dos años de campaña en los que el equipo de Margallo ha peleado cada voto –en el sureste asiático, en el África Subsahariana, en el Caribe– a favor de la candidatura de España al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Una gesta con final feliz en la que también han colaborado los Reyes –tanto Don Juan Carlos como Don Felipe– y varios ex ministros de Exteriores socialistas. Primero fue necesario explicar la importancia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Después, por qué España debía formar parte de este órgano ejecutivo como miembro rotatorio durante dos años. Ha sido la primera vez que Madrid ha tenido que hacer una campaña tan intensa. Durante la anterior, por el asiento de entre 2003 y 2004, se consiguió el lugar sin apenas esfuerzos. Y en el 92 la visibilidad de España en el mundo con la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona hizo la promoción por sí sola. En esta ocasión ha sido diferente.

El resultado final en el grupo en el que competía España por el asiento de miembro no permanente en el Consejo, Europa Occidental y Otros, fue de 132 votos para Madrid y 60 para Ankara.

La primera votación terminó con 145 votos para Nueva Zelanda, 121 para España y 109 para Turquía. Al conocerse el resultado, Margallo contuvo la sonrisa. Ya se sabía que Nueva Zelanda, que también competía en el grupo de España, iba a ganar su asiento de forma sencilla por el respaldo de todos los países del Pacífico. La pelea estaba entre España y Turquía. Siempre ha estado entre estos dos países sobre todo después de que Ankara anunciase su candidatura fuera de tiempo. Luego vinieron las formas poco diplomáticas de ganar apoyos de Ankara. Incluso la negociación para que Washington pueda utilizar una base turca desde la que atacar a los terroristas del Estado Islámico hicieron que los diplomáticos españoles prefiriesen mantenerse cautos hasta el final. Nadie sabía si esta circunstancia de desairar al presidente Barack Obama podía favorecer o perjudicar a España en la lucha por el asiento en el Consejo de Seguridad.

Por norma, se desconoce a quién van a votar los miembros permanentes de este órgano de la ONU, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China. Pero, una vez que se cierran las puertas de las salas de negociaciones entre los diplomáticos, estas capitales ejercen su músculo para que los miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas voten a favor de sus aliados. Este apoyo luego se suele intercambiar por otros respaldos en otros foros a los mismos países.

En la segunda ronda de votaciones, España se hizo con 120 votos. Turquía, con 73. Fue el momento de echar mano a la calculadora. Necesitaban dos tercios de los miembros de la asamblea presentes ayer: 129 votos. Así, en la siguiente votación, las preguntas estaban claras: ¿quién podría abandonar a Turquía para irse con España? ¿Se conseguirían los suficientes votos?

Rajoy, «orgulloso y satisfecho»

Margallo aguantaba la sonrisa cuando la caja de madera donde introducir su papeleta volvió a pasar a su izquierda por tercera vez. En ese momento ofreció al Rey Felipe VI seguir la votación en directo por su teléfono –ya habían hablado en el transcurso de las anteriores–. En la primera había habido que esperar 45 minutos a que se contasen todos los votos. Había varios grupos regionales. Pero, en la segunda y la tercera sólo quedaban por decidir España y Turquía. El conteo de votos en la segunda ronda había durado 20 minutos. Y en la tercera otros tantos. En la segunda votación, el gesto de desaire de los diplomáticos turcos anticipaba lo que iba a ocurrir después. Ellos también hacían sus cuentas. Y entonces llegó la hora de la victoria para España, que, paradojicamente, fue la que más atención mediática recibió al ser la última incógnita de la tarde en despejarse. En cuestión de minutos García-Margallo estaba rodeado de decenas de diplomáticos que hacían cola para felicitarle. Para felicitar a España.

Instantes después de que se conociera la noticia, tras ser informado por Margallo, Rajoy se hacía eco de este éxito diplomático desde Milán, donde asiste a la Cumbre Euroasiática. «España ya fue miembro durante un periodo de dos años. Revalidar la confianza que nos dieron en aquella etapa es algo de lo que nos podemos sentir legítimamente orgullosos y satisfechos», afirmó.