Las 50 «sombras» sobre Delgado

Usó en menos de nueve minutos medio centenar de veces la interjección «eh» en una nerviosa comparecencia ante la prensa en la que dijo que no llamó «maricón» a Marlaska para luego rectificar. Su continuidad se complica cada día.

Usó en menos de nueve minutos medio centenar de veces la interjección «eh» en una nerviosa comparecencia ante la prensa en la que dijo que no llamó «maricón» a Marlaska para luego rectificar. Su continuidad se complica cada día.

Fue un martes horribilis el de ayer para la ministra de Justicia, Dolores Delegado. Arrancó con su esperada intervención en un desayuno informativo en el que, entre dudas y divagaciones, trató de sacudirse la polémica en torno a los encuentros que mantuvo en el pasado con el comisario José Manuel Villarejo. Por la tarde, en el Senado, fue reprobada por la mayoría de la Cámara y, al contestar a los grupos de la oposición, dejó en evidencia su nerviosismo. Tanto en las formas como en el fondo de sus declaraciones, demostró estar sobrepasada por una crisis que la ha situado más que nunca en el alambre .

Las últimas grabaciones conocidas relativas a la ministra en la comida con el comisario Villarejo y a la que también asistió el ex juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón–difundidas por la web Moncloa.com–, la han situado en una situación difícilmente sostenible. Una situación que se reflejó ayer durante su intervención en el Club Siglo XXI de Madrid donde el nerviosismo o el «enfado», como ella mismo dijo, tuvo un significativo reflejo en la utilización de medio centenar de veces de la interjección «eh» en apenas 8 minutos y 49 segundos –una vez cada 11 segundos– a la hora de responder a las grabaciones en las que llamaba «maricón» a su ex compañero en la Audiencia y hoy ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, lo que evidenciaba sus más que dudas a la hora de intentar explicar esa grabación. En ese acto ya hubo un hecho más que significativo: sólo un miembro del Gobierno, la ministra de Economía y Hacienda, María Jesús Montero, acudió a su conferencia. Un gesto que parecía indicar que la titular de Justicia tampoco encuentra ahora mucho respaldo entre sus compañeros del Consejo de Ministros.

Y en ese estado de «enfado» y muestras de inseguridad a la vez aseguró entonces que cuando en la comida, en un restaurante madrileño en octubre de 2009, habla de que Marlaska es «maricón» no se refería al titular de Interior, una persona «a la que quiero», e incluso fue más allá cuando no dudó en afirmar que «el que me conozca, y entre ellos Marlaska, sabe que (el audio) no se refiere a él» ; pero pocas horas después, cuando resultaba imposible negar algo que parecía evidente, desde su Departamento de Justicia se reconocía que la citada expresión sí iba referida a Grande-Marlaska, pero que esa palabra estaba sacada de contexto y no hacía alusión a su condición sexual. Era la quinta rectificación en apenas una semana.

Hasta que llegó esa rectificación, Dolores Delgado arremetió contra las grabaciones difundidas por la web Moncloa.com sobre esa grabación. Unos audiios que, dijo, eran una especie de «corta y pega», que habían sido «filtrados» y que eran «trocitos, solapados, puestos, pegados», y sobre los que pensaba entrar «en el fondo». El problema que se puede encontrar es que previsiblemente se difundan nuevas grabaciones y, en ese caso, su situación pasaría a ser prácticamente insostenible, si es que no lo es ya. Y es que también reconoció públicamente que había estado con Villarejo en tres encuentros, y no es ningún secreto que el comisario grababa prácticamente todos los actos, fueran del tipo que fueran, a los que acudía.

En todo caso, aseguró que no tiene la más mínima intención de dimitir como ministra de Justicia y que, además, cuenta con el apoyo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, «por supuesto, del Gobierno, por supuesto, porque tenemos un objetivo superior que el de dejarnos arrastrar por un ataque que no tiene nada de político, nada de verdad, de sentido, y que son absolutamente execrables». Y en un tono elevado –«estoy enfadada», llegó a decir– aseveró que no va a permitir «bajo ningún concepto que nadie cuestione mis principios, mi honorabilidad, mi honestidad».

Por la tarde, la ministra llegó al Senado para contestar a tres preguntas en la sesión de control al Gobierno. Su intervención deparó los momentos más broncos del Pleno. Los senadores del PP corearon en varias ocasiones la palabra «dimisión». Para cargar contra el PP, la ministra recordó que tanto el ex ministro de Justicia Rafael Catalá como el fiscal general del Estado fallecido, José Manuel Maza, habían sido reprobados en la etapa de Rajoy como presidente. Lanzó estos reproches, sorprendemente, pocas horas antes de ser ella misma reprobada. «Va usted de titular en titular y de rectificación en rectificación», le espetó la senadora popular Esther Muñoz tras recordarle lo misógino y homófobo de sus palabras en las grabaciones. Dolores, visiblemente molesta e irritada, se llegó a negar a dar respuesta a esta senadora por las acusaciones incluidas en su pregunta: «No lo merece», zanjó la ministra.