Los barones calibrarán el efecto de echar a Sánchez a partir de junio

El Congreso Federal y los regionales de cada territorio medirán las secuelas de la división interna

El Congreso Federal y los regionales de cada territorio medirán las secuelas de la división interna

El PSOE arranca el año 2017 poniendo fecha, al menos de forma «tentativa», al Congreso Federal en el que se redefinirá el proyecto y se elegirá al nuevo secretario general del partido. El cónclave –que previsiblemente se fijará para junio– dará, a su vez, el pistoletazo de salida a los respectivos congresos regionales de las distintas federaciones, esto es, los foros en los que los dirigentes territoriales tendrán que administrar las consecuencias de las decisiones y movimientos que han perpetrado durante el último y turbulento año de crisis interna. Este marco congresual a pequeña escala será –por ejemplo– en el que Susana Díaz tendrá que pilotar su sucesión al frente del PSOE andaluz, si opta por dar el salto a Ferraz en verano.

En cualquier caso, esta suerte de examen orgánico por federaciones podrá celebrarse como tarde hasta septiembre –si partimos de junio como fecha del federal–, ya que según la disposición segunda de los Estatutos del partido «los Comités Regionales o de Nacionalidad convocarán sus respectivos Congresos Regionales, que habrán de realizarse tras la celebración del Congreso Federal, en un plazo inferior a 60 días. A tal efecto no será hábil el mes de agosto». A partir de esta fecha dará comienzo la «cascada» de congresos, cuyo resultado vendrá marcado por el devenir del del PSOE a nivel nacional. La correlación de fuerzas que impere en junio, esto es, la tesis –susanista o pedrista– que logre imponerse en el Congreso Federal, marcará la pauta de la reválida a la que se tendrán que someter los barones en sus respectivos territorios. Por ejemplo, no cabe duda de que, si el sector encabezado por Susana Díaz toma las riendas del partido, dirigentes como la secretaria general del PSM, Sara Hernández, o del PSOE riojano, César Luena, muy vinculados con la dirección de Pedro Sánchez, tendrán comprometida su continuidad al frente de dichas federaciones. A pesar de estar alineados con el ex líder socialista, no corren peligro el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, que acaba de ser refrendado en el cargo, ni la balear Francina Armengol, pues el hecho de estar al frente del Gobierno balear le garantiza cierto blindaje orgánico.

Por esta razón, también parece improbable que, aunque no se imponga su tesis, dirigentes como el castellanomanchego Emiliano García-Page, el aragonés Javier Lambán, el valenciano Ximo Puig o el extremeño Guillermo Fernández Vara, entre otros, vayan a tener problemas para revalidar sus direcciones orgánicas. Sin embargo, todos ellos no tienen el mismo nivel de contestación interna en sus territorios, sobre todo a raíz de la dimisión de Sánchez y la abstención a Rajoy. Las federaciones valenciana y extremeña están más divididas que la castellanomanchega o la aragonesa, por ejemplo. Fuentes cercanas a García-Page reconocen a LA RAZÓN que su proceso congresual se encara como un mero «trámite», ya que el secretario general cuenta con el apoyo de las direcciones provinciales y lo tradicional es que sólo se presente una candidatura en este tipo de procesos. Además, el hecho de que no exista una «masa crítica» estructurada y que estratégicamente se considere un error plantear una alternativa en contra de la única opción de revalidar la Junta apuntalan las opciones de García-Page para seguir al frente de la federación.

Sucesión en Andalucía

El Congreso Regional andaluz tiene una importancia especial, pues deberá refrendar la sucesión de Susana Díaz en caso de que la presidenta de la Junta decida dar el paso y hacerse con las riendas de Ferraz. No obstante, fuentes de la federación consultadas por este diario señalan que no esperan «problemas», pero sí cuentan con que los críticos «hagan acto de presencia con una precandidatura», aunque ésta tenga escasos visos de prosperar y no «alterará las líneas ya marcadas». En todo caso, las fuentes consultadas muestran cautela y destacan que este melón no se abrirá hasta que Díaz tenga los dos pies puestos en Ferraz. «Si es secretaria general, no puede seguir al frente del PSOE-A, otra cosa es intentar compatibilizarlo con la Junta», destacan. Si se presenta y pierde –una hipótesis poco probable–, tampoco tendrá problemas para seguir al frente del PSOE andaluz y, si gana, tanto la sucesión orgánica como gubernamental al frente de la Junta «irán de su mano». En el Gobierno andaluz se da por hecho que será sustituida por algún consejero, como la de Hacienda, María Jesús Montero, o por su vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios. A nivel orgánico, se mira al presidente de la Diputación de Jaén, Paco Reyes, o a la secretaria del PSOE de Sevilla, Verónica Pérez, como relevos naturales.