Política

Luis Borque: «No soy Top Gun. No tengo ni moto ni rubia»

Comandante Jefe del 121 Escuadrón del Ala 12 del Ejército del Aire

Acumula unas 2.500 horas de vuelo (2.000 en F-18). No sabe si tiene el cielo ganado, «eso debería preguntárselo a los demás», asegura. Participó en el conflicto de Kósovo. Sevillano , estuvo destinado en el Ala 15 en Zaragoza y en Operaciones Aéreas del Estado Mayor del Ejército del Aire. Dice que a 12.000 pies de altura España se ve «muy bonita». Su próximo destino aún está en el aire...

–¿Cuántas veces ha negado ser Top Gun? –Muchísimas. Creo que éste es un trabajo como otro cualquiera en el que en un momento dado tomas una decisión. Además, no tengo ni moto ni rubia. Mi mujer es morena.

–Todos a los que entrevisto dicen que de niño querían ser piloto. ¿Usted también?

–No. Quise ser piloto cuando estaba en BUP y coincidió con la película. Entonces quería ser surfero o algo así.

–Dicen que los pilotos de combate son hombres casi perfectos. ¿Eso es verdad?

–Quizá cuando entramos. Después a todos nos llega poco a poco la decadencia. Al ingresar hay que pasar un tamiz, pero una vez que lo has hecho, intentas mantenerte. Ésta es una carrera militar muy cara, sobre todo en el caso de los pilotos.

–¿Era el empollón de la clase?

–No, fui el listo. Las matemáticas se me daban bien. Todos estamos cortados por el mismo patrón: somos gente que prestamos mucha atención a las cosas y las captamos a la primera.

–Pertenece a la unidad de «No le busques tres pies al gato». ¿Dónde están esos tres pies?

– Creo que con ese emblema Torrejón quiere decir que con los medios que nos den podemos hacer todo lo que nos manden y además con una estupenda profesionalidad. No hay excusas.

–Lleva el emblema del escuadrón Poker... ¿Sabe jugar?

–No, soy más de mus. Pero todo es ponerse, hacemos de todo.

–¿Qué as guarda el comandante?

–Además del tema profesional y la instrucción de mis pilotos, que dentro del escuadrón haya siempre muy buen ambiente. Es fundamental. Una persona que está a gusto en un sitio rinde mucho mejor que una que está a disgusto.

–¿Tiene el cielo algún misterio para usted?

–Cada vez que me subo descubro algo nuevo, porque realmente es un trabajo espectacular. Poco a poco voy desvelando esos misterios.

–Son como ángeles o guardianes de las alturas... ¿Hay muchos demonios ahí arriba?

–Todo se basa en la instrucción que tengas y en que el trabajo que hayas hecho en tierra quede reflejado en el aire. Echamos muchas horas, así que demonios, poquitos.

–¿Ha visto algún ovni o, eso sigue siendo materia reservada?

–Tu mente trata de darle una solución real o consciente a todo lo que ve. Pero no tienes por qué identificarlo todo...

–«En el aire no hay tiempo para pensar, si uno piensa, le derriban», dicen en «Top Gun». ¿Lo ve así?

–Realmente es verdad. O reaccionas con lo que tienes ya entrenado o no hay tiempo. Hay un lema que dice, «como entrenes, combatirás», y nosotros lo hacemos con constancia.

–En el Ala 12 sólo hay dos comandantes que siguen volando... ¿Cómo ha conseguido que aún no le corten las alas?

–Me queda poco para que me las corten. Estuve 11 años seguidos volando en F-18, es una suerte para mí que muy pocos han conseguido, porque se meten etapas intermedias de instructor y de despacho sin volar. Esto es así.

–¿Ha pasado miedo alguna vez?

–Siempre que se sube arriba se pasa miedo; si no, es que eres un inconsciente.

–¿A quién le gustaría llevar de copiloto?

–A mi padre o a mi mujer... Pero no está permitido personal que no sea militar.

¿La escena de la película «Pearl Harbour» es imposible?

–En caso de guerra, no sé. Sí que te gustaría que los que te quieren supieran lo que haces realmente. Lo dices en abstracto, pero no saben qué significa.

– ¿Y qué significa para usted?

–Lo es todo. No se sabe lo que uno pierde cuando dejas de volar y luego vuelves.

–¿Y España?

– Es mi casa y la de los míos, el lugar por el que luchar y sacrificarse para que siga siendo el mejor sitio donde se pueda vivir.

–¿Mejor de maestro o de alumno?

–Claramente, de alumno. He sido «proto» de F-18 y prefiero ser alumno, aprender continuamente.

–H24, 7... ¿Siempre están de guardia?

–El espacio aéreo español se divide en sectores, hay meses en los que estamos nosotros de alarma y otros en los que está otra base. Nosotros solemos estar seis meses al año, 24 horas, los siete días.

–¿Da claustrofobia la cabina del avión?

–No. Todos los caza van evolucionando y se hacen más confortables. Te bajas la cúpula y es translúcida, ves 360 grados. Estamos acostumbrados.

–Cuando se pone ese traje anti-G, ¿no se siente un poco como en la NASA?

–La verdad es que aprieta mucho, más que en la NASA, te sientes como un torero.

–¿Tiene algún amuleto?

–Antes volaba con una pulsera de gomitas que me hicieron mis hijas. Cuando estás en el avión y ves tu pulsera recuerdas que hay gente abajo que te espera. Gusta mucho.

–¿Sus niñas van también para piloto?

–Lo intentaremos. Aquí tenemos una capitán. Pero cada vez que les pregunto me contestan que no, que una quiere ser veterinaria y la otra peluquera.

–¿Qué dicen de su padre?

–Que tiene tres trabajos: militar, soldado y piloto. Por mí, fantástico.

–¿Qué consejo le da su mujer?

–Yo le digo que paciencia... Y ella me replica que tenga cuidado.

–Ahora que no hay guerras, ¿contra qué combaten?

–Nuestra misión es la defensa del espacio aéreo español. Somos como una herramienta política al servicio del Estado. Ahora se enfocan en misiones en el extranjero para tener presencia internacional.

–¿Animaría a los jóvenes a que marquen ese paso hacia delante a esta profesión de altura?

–Claro que sí, es una profesión súper divertida y se viaja muchísimo. Pero es sacrificado. Requiere mucha preparación, estudio, constancia y vocación.

–¿Es una leyenda o se liga mucho de piloto?

–No es leyenda, sobre todo los jóvenes. Aunque cuando hablo con los chavales se resisten a decir lo que son.

–¿Cuál es la hazaña más arriesgada que ha asumido?

–Quizá el día a día. Y cuando era instructor de F-18, el tratar de enseñar todo lo que sabía.

–Un lema...

–Hacerlo sencillo.