Opinión

Una marea azul y siete meses

El 28-M ha sido un trampolín para Feijóo: nadie en Génova duda

de que está más cerca de La Moncloa

Papeletas preparadas en un colegio electoral durante las elecciones del 28 de mayo
Papeletas preparadas en un colegio electoral durante las elecciones del 28 de mayoJesús G. FeriaLa Razón

El 28-M ha sido un trampolín para Alberto Núñez Feijóo. Los españoles lo han expresado sonoramente: el PP ha arrebatado al PSOE su condición de primera fuerza y formación hegemónica en el país. Vuelco en toda regla. Un derechazo directo y doloroso al mentón de Pedro Sánchez. La ventaja en las municipales se acerca al millón de papeletas. El voto a los populares presagia un final de legislatura de máxima tensión. El ganador con rotundidad en unas locales siempre se ha hecho con las siguientes generales. Nadie en Génova duda de que Feijóo está hoy más cerca de La Moncloa, por más que la obsesión del presidente del Gobierno por el poder a toda costa obligue al PP a pisar tierra. Quedan siete meses para dejar atrás al sanchismo.

Los resultados son leídos, lógicamente, como un rotundo éxito de Feijóo, Isabel Díaz Ayuso, José Luis Martínez-Almeida, Juanma Moreno, Fernando López Miras, del ticket Carlos Mazón-María José Catalá, de Jorge Azcón, Paco Núñez, Gonzalo Capellán, Marga Prohens, María Guardiola, María José Sáenz de Buruaga y de toda la gran familia popular. La inyección de entusiasmo es inevitable. «Un triunfo incontestable». Y así, uno a uno, los dirigentes ponen palabras a su júbilo. El mensaje es esperanzador para la sociedad, que fija sus ojos en la alternativa real, «con el presidente Feijóo», «para echarnos España a nuestras espaldas». «A ver qué hace ahora Sánchez», apostillan, «además de atrincherarse en su desgobierno».

La arrogancia monclovita ya busca chivos expiatorios, como si el jefe de gabinete del presidente, Óscar López, su adjunto Antonio Hernando o el secretario de Estado de Comunicación, Francesc Vallés (nunca nadie fue capaz de hacer tan bueno a su antecesor) no fuesen responsables de una campaña diseñada para insultar la inteligencia del votante. El mal perder ayuda a entender el ataque de contrariedad. El desplome del PSOE no puede maquillarse. Los más pesimistas en la estructura socialista rumian ya el camino tortuoso que tienen por delante.

El descalabro ha sido particularmente humillante para el propio Sánchez en Madrid, donde el tándem formado por Ayuso y Almeida ha arrasado de nuevo a la izquierda. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido la antagonista más dura de pelar para Sánchez y ha terminado de consagrarse como la gran lideresa del antisanchismo. La potencia de fuego que protagonizó la candidata nunca fue al margen de Feijóo, sino muy bien concertada entre ambos. El mismo jefe de filas de los populares lo dejó caer al bajar el telón de la campaña: «Cuando no me dicen qué opina usted de lo que dice Ayuso es que Ayuso no está en forma. (…) En el PP se opina y debate libremente, porque somos un equipo».

Y es que el acierto de Feijóo ha sido, sobre todo, agrupar al centroderecha con los estilos propios de cada uno de sus referentes. Llámense Ayuso o Moreno. El veredicto en Andalucía ha sido de igual manera insoslayable, en la exigencia de cambio que ha expresado la ciudadanía. El apoyo del barón a sus carteles ha resultado una nueva e innegable gesta, tras su propia mayoría absoluta de hace casi un año. Los socialistas siquiera han podido hallar resuello en retener Sevilla a pesar del tirón personal de su candidato Antonio Muñoz. Tampoco Valladolid, a pesar de haber dicho que el pacto del PP y Vox en Castilla y León iba a pasar allí una gran factura.

Si el Partido Popular ha visto dispararse su poder municipal, no menos espectacular ha sido el avance autonómico, en el que se fundamenta buena parte de la fortaleza de toda organización. Este 28-M pasaba forzosamente por la Comunidad Valenciana, históricamente un feudo de los populares pero que hace ocho años pasó a manos de la izquierda, con Ximo Puig al frente. Eso se acabó. Que la principal comunidad en manos del PSOE la tiña de azul Carlos Mazón deja al PP en su mejor momento. A una región de cinco millones de habitantes, cuarta en PIB y cuarta en población de España, ha de sumarse la reconquista por María José Catalá del icónico ayuntamiento de la capital del Turia.

El mapa consolida a los populares con los excelentes resultados en Castilla-La Mancha, el vuelco en Aragón, en Baleares, La Rioja, Cantabria y Extremadura. Aun así, los españoles han aprovechado la oportunidad para votar contra el PSOE de Sánchez y para rechazar sus bandazos, engaños y alianzas. No podían salir gratis tanto despropósito. En el País Vasco, el PSE paga justamente el blanqueo de Bildu desde Madrid.

La lectura política general es que los resultados adquieren una importancia trascendental que sobrepasa los ámbitos municipal y autonómico. El PSOE está en llamas. Este último domingo de mayo ha afianzado a Alberto Núñez Feijóo en su carrera para convertirse en el octavo presidente del Gobierno, después de una contienda electoral que, si nada lo precipita, acabará en diciembre.