«Martona»: la cajera del 3% que regatea en el mercadillo

La enérgica «dona», que manejó a su antojo influencias, grandes sumas de dinero y una red de negocios para sus hijos, podría acabar su vida en prisión.

La mujer del ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, Marta Ferrusola
La mujer del ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, Marta Ferrusola

La enérgica «dona», que manejó a su antojo influencias, grandes sumas de dinero y una red de negocios para sus hijos, podría acabar su vida en prisión.

«El clan es mucho más Ferrusola que Pujol». La frase corresponde a un veterano dirigente con gran poder en la antigua Convergència y define a la perfección a la esposa del ex presidente de La Generalitat de Cataluña.

El giro dado por el juez José de la Mata a la investigación del «caso Pujol» ha dejado a la familia noqueada y sitúa a Marta Ferrusola en la cúspide de turbias operaciones en la banca andorrana. El explosivo auto judicial atribuye a la matriarca «la disposición de los fondos de la familia», figura como titular de varias cuentas a través de una fundación panameña y revela cómo daba instrucciones para mover la fortuna familiar. La enérgica «dona» catalana manejó a su antojo influencias, grandes sumas de dinero y una red de negocios para sus hijos. Una dama de hierro a quien nunca le tembló el pulso para exhibir su coraje, poner y quitar cargos, sentar cátedra o ser políticamente incorrecta. Siempre en defensa del clan, como una madre-loba con sus cachorros, la mujer que mandó en Cataluña durante treinta años aparece hoy como toda una madraza con las llaves de la caja. El verdadero cerebro financiero de un escándalo mayúsculo.

Su fuerte carácter se palpa por el pueblo natal de los Ferrusola, Queralbs, en la comarca gerundense del Ripollés, donde su abuela Carme, nacida en Daroca, adquirió una casa. Con estirpe aragonesa y catalana, para los vecinos ella es «La Martona» y Jordi Pujol i Soley simplemente «El marit de la Marta», (el marido de la Marta). Ultracatólica, vehemente nacionalista y furibunda antiespañola, se le atribuye la frase: «Hemos dado todo por Cataluña y es hora de que Cataluña nos devuelva algo».

Así, mientras su marido gobernaba sin fisuras, la Ferrusola tejió un entramado en el que metió a sus siete hijos, en especial al primogénito Jordi. Impetuosa y enrabietada, la pasada semana al término del registro en su casa barcelonesa de General Mitre, le soltó un guantazo a una periodista que intentó abordarla. Después acudió a la panadería donde compra habitualmente y se despachó a gusto bajo su conocida máxima de que «España tiene la culpa» y que todo esto es una «caza de brujas» planificada desde las órbitas castellanas. Los presentes la vieron altiva, enojada y sin dolerle prendas en decir lo qué pensaba.

La matriz de la trama financiera

Personas muy cercanas a la familia y altos cargos que trabajaron con Pujol coinciden en que Marta fue la matriz de la trama financiera. Algunos lo atribuyen a ciertas infidelidades conyugales del ex presidente, conocidas en su día por toda Barcelona aunque siempre negadas por ella. «Nuestro matrimonio es una roca», proclamaba alto y claro cuando arreciaban los rumores. Lo cierto es que nombraba y cesaba a consejeros de la Generalitat y presidentes de organismos públicos a su medida, enchufó a varios amigos de sus hijos y fue la auténtica madrina política de Artur Mas.

«Este chico vale mucho, a ver dónde le pones», le espetó a su marido para ascender en Convergència «a Arturito» y ser la sombra de su hijo Oriol, el delfín que se quedó en el camino por el escándalo de las ITV. Desde que estalló el tema de las cuentas en Andorra, Mas es de los pocos que sigue frecuentando al matrimonio Pujol junto a los otros dos encausados, Macía Alavedra y José Luis Prenafeta. Ferrusola era íntima amiga de la esposa de Alavedra, la conocida pintora Doris Malfeito, ya fallecida y cuyas obras de arte introdujo en numerosas entidades.

Su influencia era tal que muchos convergentes la señalan responsable de la caída en desgracia de Miguel Roca. «Este ya no te obedece», le advirtió a Pujol para cargárselo. Se metió a empresaria con Hidroplant, una firma de césped y floristería que fundó con dos grandes amigas, Núria Claverol, esposa de Carles Sumarroca, imputado en la financiación ilegal de Convergencia, y Mercedes Vila, miembro de una de los «lobbys» cercanos al partido. Hidroplant trabajó a tope para organismos y diversas consejerías de La Generalitat, la Feria de Barcelona y otros estamentos hasta lograr un contrato para renovar el césped del Nou Camp.

El proyecto fue un fracaso que acabó en los tribunales, la hierba hubo de levantarse y plantar otra nueva. Lejos de achantarse, Ferrusola liquidó la sociedad y creó otra para ocultar el fiasco de la primera. Por todo Barcelona eran un clamor las órdenes desde arriba para contratar los servicios floristas de «la dona» a cambio de otros favores. «Fondos públicos para bolsillos muy privados», dicen antiguos dirigentes de CDC que sufrieron las presiones.

En estos años de calvario judicial no ha cambiado sus costumbres. Ferviente católica, en el año noventa y dos viajó a Roma para asistir a la beatificación de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, y ahora acude a Misa en una iglesia cercana a su domicilio donde tiene a su confesor de siempre. Coqueta y estilizada, no en vano fue en su juventud profesora de gimnasia, frecuenta todos los martes la peluquería donde también se suelta la lengua y exige que la hablen en catalán. Los miércoles acude a los mercados del Ninot o al Borne para comprar viandas y, curiosamente, regatea los precios. «No es nada derrochona», aseguran algunos vendedores que, incluso, la tildan de tacaña. A todos les ha sorprendido el despilfarro y la escandalosa fortuna familiar, si bien reconocen que los Pujol, durante los casi treinta años de mandato en La Generalitat, tenían a Cataluña como «una masía particular». En su entorno admiten la ambición de Marta para los negocios y la definen como más inteligente que sus hijos. «Marta era la ingeniera y su hijo Jordi el brazo ejecutor», opinan algunos de ellos.

Pasión desmedida por los negocios

Quienes bien la conocen afirman que ella inculcó a sus hijos la pasión desmedida por los negocios, con influencia también en sus nueras, sobre todo en Mercé Gironés, la elegante ex esposa de Jordi Pujol Ferrusola. Cuando la antigua novia de este, María Victoria, destapó la caja de los truenos, soltó «sapos por la boca», según su entorno. La familia es intocable y todo el que osa atacarla un peligroso enemigo dirigido desde Madrid. En Convergència aún se la recuerda en los mítines gloriosos del partido, cuando su esposo finalizaba con un «Aixó es una dona» («Esto es una mujer»).

Pero ahora la poderosa «Martona» tendrá que declarar en la Audiencia Nacional sobre el desvío de fondos desde Andorra a México y se enfrenta a penas de prisión por parte de la Fiscalía Anticorrupción. Dentro de un mes, el cuatro de junio, cumplirá sesenta y un años de casada con Jordi Pujol i Soley. Triste aniversario de aquel enlace celebrado en la Abadía de Montserrat, bajo cuyos muros se fundó CDC. Durante el último registro en su domicilio, el ex presidente dio muestras de su avanzada edad y estado de salud, pero ella está en plena forma y aguantó como una jabata las siete horas de la operación policial. La mujer que proclamaba junto a su marido «Cataluña soy yo, y todo para mí es Cataluña», se encamina a un destino desastroso. Dicen que sigue dominando el clan con mano de hierro y espera con frialdad lo que se avecina. Lo último que la han escuchado decir revela su implacable carácter: «Somos inocentes y esto es una conjura de Madrid».