Política

Mas se aboca a unas plebiscitarias para cumplir con el mandato y la legalidad.

La Razón
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La presión ejercida desde la calle a través de la «V» humana organizada por la ANC aboca a Mas a dar respuesta en las urnas. Estar a la altura de su doble compromiso –el que contrajo con su socios del Pacto Nacional con el Derecho a Decidir, encabezado con ERC para celebrar la consulta y el que contrajo con todos los catalanes como presidente de la Generalitat de cumplir las leyes–, le empujan inexorablemente a celebrar un plebiscito en forma de anticipo electoral.

La borrachera de una Diada masiva y reivindicativa en Barcelona, que llevó a Mas a improvisar un mensaje institucional a los catalanes que transmitía el «orgullo» de un presidente ante su pueblo cuando éste sabe «defender sus derechos propios», y la obediencia de quien se ve desbordado por ese mismo clamor, dejaron paso a la resaca de quien trata de corregir aquello que en el estado de euforia dijo de más.

Si ayer decía tenerlo «todo preparado» ante la solicitud de la ANC, que es votar la independencia de Cataluña en una consulta el 9 de noviembre, hoy se mostraba más cauto y matizaba que el formato está por verse.

«Yo me refiero al concepto. Yo digo que el conflicto se resolverá votando. Y yo convocaré y pondré las urnas el 9 de noviembre y las quiero poner de tal manera que la consulta se entienda en todos lados, porque si no se entiende en todos lados no lo habríamos hecho como debemos», dijo Mas dejando entrever dos cosas: el insistente uso de la primera persona del singular del presente indicativo, con la que quiere mostrarse como el adalid del proceso soberanista que tan caro le está saliendo; y que si quiere dar legitimidad nacional o internacional a la votación deberá adelantar las elecciones.

«Ahora que tenemos una pregunta y una fecha, pero la respuesta es fundamental. En el momento de hacer la pregunta nos pusimos de acuerdo para hacerla, ahora necesitamos una respuesta que todo el mundo entienda y que no se pueda poner en cuestión. Sea lo que sea, porque el resultado no está predeterminado. Esto hay que hacerlo y hacerlo bien y todos estamos implicados. No sólo el Gobierno», advirtió en un claro guiño a su socio, el líder de ERC, Oriol Junqueras, para que no se sume a la presión de la ANC y de Ómnium, que no estarían dispuestos a votar fuera de los plazos establecidos.

El sueño de Mas

Mas visualiza una Diada de 2015 «muy diferente» gracias al impulso popular de las tres últimas ediciones. «Me lo imagino habiendo resuelto este reto democrático, habiendo votado, civilizadamente, políticamente, con un resultado que espero que sea lo más claro posible y que nos permita entrar en una etapa para implantar el resultado de la votación», vaticinó el president.

La «resolución democrática de resultado claro que permita una nueva etapa» (desencriptado: unas plebiscitarias) sólo podría celebrarse el 9-N en caso de que Mas la convocara el próximo lunes, (debe hacerse con 54 días de antelación). Casualmente, a petición de Mas, el pleno de política general catalán que debía empezar el martes se ha adelantado un día. Precisamente, el último adelanto electoral que convocó Mas en septiembre de 2012 tuvo como escenario el debate de política general de aquel año.

CiU perdería de 20 a 23 escaños

Entre seis y siete diputados menos que su socio Esquerra Republicana y un 4,9 por ciento menos de votos que los de Junqueras. Ése sería el resultado que obtendría CiU de celebrarse unas elecciones autonómicas en Cataluña, según la encuesta de NC Report que publicó este diario el pasado lunes. Porque la formación de Artur Mas no sólo dejaría de ser la fuerza más votada, sino que obtendría los peores resultados de su historia, fruto del escándalo del «caso Pujol» y el desgaste por el órdago soberanista. La formación convergente tan sólo conseguiría entre 27 y 30 diputados, cuando en noviembre de 2012 consiguió 50 escaños al Parlament. En porcentaje, se tendría que conformar con un 18,1 por ciento, muy lejos del 32,2 por ciento que obtuvo en los anteriores comicios.

En defensa de Jordi Pujol

«Está muy tocado por su capital político»

Artur Mas reconoció ayer que, desde que el ex presidente de la Generalitat confesó haber estado 30 años escondiendo dinero a la Hacienda pública en paraísos fiscales, había hablado con él «en dos o tres ocasiones». «Está muy tocado», lamentó Mas, sentido por el estado anímico de quien considera «su padre político».

Mas expuso que «lo que más le importaba» era su legado político. «Que tu nombre quede como en este momento, cuestionado, es una cosa que toca mucho. Pierde una parte importante de ese capital», expuso. Para Mas el «caso Pujol» no afecta al proceso, opinión que sustentó en la manifestación de la Diada, aunque reconoció que pudo «decepcionar y cabrear» a muchos. Sobre si el escándalo puede salpicarle, se acogió a las auditorías que hizo el tripartito. «Lo revolvieron todo durante meses, intervino la Fiscalía y no encontraron nada. Que digan lo que quieran», desafió avisando de que ahora toca escuchar al defraudador confeso.