Pioneras en La Moncloa

Tras la formación del Gobierno con más mujeres del mundo, tres ex ministras analizan para LA RAZÓN cómo fue su paso por la primera línea del poder político en España y los retos a los que se enfrentan sus sucesoras

Soledad Becerril,  Carmen Alborch y Ángeles González-Sinde
Soledad Becerril, Carmen Alborch y Ángeles González-Sinde

Tras la formación del Gobierno con más mujeres del mundo, tres ex ministras analizan para LA RAZÓN cómo fue su paso por la primera línea del poder político en España y los retos a los que se enfrentan sus sucesoras

“El Gobierno con más mujeres del mundo“. Entre la sorpresa y la admiración, la Prensa internacional recibió la semana pasada la composición del Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez. Nuestro país superaba de golpe a países europeos como Francia, Bulgaria o Suecia, también a Canadá y Costa Rica, todos ellos con más del 50% de mujeres en su gabinete. En Moncloa ahora ellas son mayoría, en concreto, con un 61% del Consejo de Ministras y Ministros. Desde que en diciembre de 1981 Soledad Becerril se convirtiera en la primera mujer al frente de un ministerio, en su caso el de Cultura bajo la Presidencia de Leopoldo Calvo Sotelo, los gabinetes han ido ganando poco a poco en paridad. Para analizar la evolución de estas cuatro décadas de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en la cúpula del poder político en España, LA RAZÓN ha hablado con tres ex ministras que, en su momento, ayudaron a romper barreras.

González-Sinde: el “boom” del Gobierno paritario

Tras la victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, el Consejo de Ministros pasó a ser paritario: ocho mujeres y ocho hombres. En su segunda legislatura, el presidente socialista continuó por esa senda y en 2009 encargó la gestión cultural del país a una mujer ajena a la política y a los partidos: la guionista y directora Ángeles González-Sinde, en ese momento además, presidenta de la Academia de Cine. “Para mí, las dificultades no vinieron tanto por el hecho de ser mujer, como que yo que no provenía de la administración sino de una profesión liberal”. Pese a que su incorporación al Gobierno llegó en un momento en el que ya la paridad ya estaba normalizada, González-Sinde lo hizo con la “la sensación de que estás sujeta a un escrutinio mayor, de la indumentaria, tu apariencia y, por supuesto, tu curriculum, como que las mujeres tienen que demostrar una brillantez o un currículum mucho mayor que el de un hombre en el mismo puesto. Pero esto ocurre en la política y en otros ámbitos”.

La guionista alaba que ahora Sánchez “haya recuperado el equilibrio” entre mujeres y hombres “porque hay que pensar que un Gobierno da ejemplo y es un modelo para la sociedad, que representa unos valores que se contagian”. Y es que, recuerda, “si en un Gobierno, la paridad no se cumple es más fácil que la sociedad civil y las empresas privadas se relajen, porque bueno, ya no existe ese recordatorio”. González-Sinde cree, sin embargo, “lo más difícil” ya lo hizo Zapatero con sus ejecutivos paritarios. Aunque también destaca la influencia que ha podido tener en la configuración del nuevo Gobierno “el movimiento feminista” y la “gran oleada” del 8-M: “Esta movilización ha unido a mujeres muy distintas, desde la ejecutiva a la limpiadora de hotel en una conciencia de que lo que nos pasa es compartido. Esa fuerza ha cristalizado porque se sembraron conceptos como la paridad y la diversidad que con mucho debate y mucha polémica los sembró la ministra Bibiana Aído con su trabajo, que aunque luego no se continuara, socialmente y políticamente ya había calado, y eso ha cristalizado en el 8-M”. Sobre cuál debe ser la agenda del Gobierno socialista, la ex ministra lo tiene claro: “La Ley de Igualdad tiene un potencial enorme si se quiere aplicar de verdad, si se quiere convertir lo que hay ahí como sugerencias en mandatos. Hay que cosas que se hicieron en la etapa del Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído que se han dejado de hacer en materia de estudios, estadísticas”.

Becerril: la primera en pisar Moncloa en los 80

Casi treinta años antes, fue Soledad Becerril la primera mujer en abrirse paso en un mundo donde siempre predominaron los hombres. La primera en pisar un Consejo de Ministros y con ella dar paso al resto de mujeres. En el último Gobierno de la UCD, con Calvo Sotelo, cuando ocupó el puesto de ministra de Cultura. El 2 de diciembre de 1981 se convertía en la primera mujer en ostentar ese cargo ministerial tras cuarenta años de dictadura. Catorce años después volvería a ser de nuevo la primera, esta vez, alcaldesa de Sevilla, cargo en el que no pudo continuar tras ganar las elecciones el andalucista Alejandro Rojas Marcos para renovar su pacto de Gobierno y también ha sido la primera mujer al frente de la institución del Defensor del Pueblo.

Su vocación política nació con la revista "La Ilustración Regional", que fundó y dirigió en 1974 y, un año después, ingresó en el Partido Demócrata Andaluz. En las elecciones generales de junio de 1977 fue elegida diputada por la Unión de Centro Democrático (UCD) por Sevilla y se convirtió en vicepresidenta de la Comisión de Cultura de la Legislatura Constituyente. También fue ponente representante de UCD en la redacción del Estatuto de Autonomía de Andalucía.

Insiste en que ya está retirada de la vida pública y que ya ha hablado mucho sobre su etapa en la que se convirtió la primera mujer en pisar La Moncloa. Sobre el nuevo Consejo de "ministras y ministros"del Gobierno de Pedro Sánchez, indicó a LA RAZÓN que se “alegra mucho” de la presencia de tantas mujeres en el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez. “Desde los años en los que fui ministra, ha habido que recorrer un camino largo para demostrar que valemos y podemos hacer un trabajo bueno” en el ámbito público “siendo ministra de un Gobierno”. Ella así lo demostró por lo que le desea al nuevo consejo de Ministras “muchos aciertos en sus decisiones” y aseguró que seguirá sus actuaciones “con mucho interés”.

Alborch: una doctora “cum laude” con cartera

Entre 1993 y 1996, durante la última legislatura de Felipe González como presidente, Carmen Alborch ocupó la cartera de Cultura: “Tenías casi presentar tu currículum en todo momento porque siempre había la idea de “¿cómo había llegado a ser ministra? A veces bromeábamos con que deberíamos ponernos una camiseta con nuestro currículum y contar que a los 25 años había sido premio extraordinario de doctorado de Derecho Mercantil y que a los 45 era ministra y había sido directora del Ivam y había hecho no se cuantas investigaciones”. Ella, no obstante, reconoce que siempre tuvo el reconocimiento “del mundo de la cultura, la ciudadanía y los medios de comunicación”. Aunque recuerda anécdotas que insisten en ese machismo que, aún hoy, juzga a una política por el físico o por la imagen por encima de su trabajo: “Ibas, por ejemplo, al Parlamento a presentar el Plan de Catedrales o el Plan de Infraestructuras después de trabajar muchísimo con tu equipo y a lo mejor algún medio se fijaba más en cómo ibas vestida. Eso son prejuicios, como también la idea de que si yo cometía algún error, porque todo el mundo comete errores, siempre había como una devaluación al género: “Es que las mujeres son”, decían. No se quedaba focalizado sólo en ti misma que eras la responsable sino que era extensible al género”. Pese a que eran años en los que “el machismo estaba en el aire”, también destaca que “había comentarios que estaban hechos con mucho cariño. Por ejemplo, cuando me llamaban la “ministra del pelo rojo”. A mí no me importaba. O cuando destacaban mucho mi sonrisa, pero es que a mí me gusta sonreír; no siempre que se fijan en tu aspecto físico o en algunas de tus manifestaciones quiere decir que sea una manifestación machista”.

Alborch, que se confiesa feminista desde que con 20 años leía a Simone de Beauvoir, reconoce ahora estar “muy contenta” con las 11 ministras de Sánchez: “Es muy importante este paso, pone equilibrio en la balanza”. Y advierte del peligro de retroceder en este terreno en el futuro: “Las fotografías son muy importantes. Ahora sería muy llamativo lo contrario y la paridad está ya muy presente. Y un Gobierno siempre tiene que ser ejemplar en la línea de la igualdad. El otro día comentábamos, medio bromeando que la paridad o el 60/40 conviene a los hombres porque así tienen garantizado un 40%. Yo creo que hay que tender al equilibrio pero sobre todo hay que buscar y ver los currículum. Y lo que veo es que en torno a las ministras de Sánchez, nadie puede dudar de su capacidad”.

De cara al futuro, Alborch considera imprescindible que el gabinete de Sánchez haga “cumplir el pacto contra la violencia de género e incidir en los temas de educación en igualdad. Si salen las leyes de igualdad salarial, las distancias se irán acortando. Y esto va a suponer un efecto dominó sobre la sociedad. ¿Llegará pronto el momento de romper el último techo con una presidenta del Gobierno? “Ya estamos ahí. De momento, lo que espero es que Sánchez esté mucho tiempo. Pero siempre ésta es la pregunta: ¿para cuándo una presidenta del Gobierno? Pues no sé, esperemos que cuando se den las circunstancias pero yo creo que ya los obstáculos no están, porque vivimos en un país más moderno y mas avanzado”.