La CUP tumba a Turull y aboca a elecciones

Los anticapitalistas dan por acabado el «procés» y aseguran que se van a la oposición. ERC intenta cortejar a los «comunes» y Rovira, Forcadell y Bassa renuncian a sus escaños

Jordi Turull, durante su discurso de investidura.
Jordi Turull, durante su discurso de investidura.

Jordi Turull no ha salido elegido presidente de la Generalitat tras la anunciada abstención de la CUP. Han votado a favor los diputados de JxCat y de ERC y en contra los de Ciudadanos, En Comú Podem, PSC y PP.

El desplome electoral que supuso el 21-D para la CUP poco ha mermado su capacidad para seguir marcando la senda de la política catalana. Aunque cayeran de 10 escaños a cuatro, a los anticapitalistas, decisivos para que el independentismo sume mayoría parlamentaria, no les tembló el pulso ayer para enviar nuevamente a la «papelera de la historia» los planes de JxCat y ERC: investir a Jordi Turull para que acudiese hoy a la cita ante el Tribunal Supremo como president y erigirle en nuevo mártir del «procés» ante un eventual ingreso en prisión –lo que impediría el Pleno de mañana–. Las diputadas de ERC Marta Rovira, Carme Forcadell y Dolors Bassa, que también están citadas hoy en el Supremo, anunciaron que renuncian a sus escaños «para no interferir en la actividad democrática del Parlament y que ningún juez le pueda hacer chantaje a la voluntad democrática del pueblo de Cataluña». Las diputadas de ERC ya no acudirán como tales, por lo que no podrían ser inhabilitadas. El resultado de la votación del sábado no se verá afectado, ya que otros miembros de la lista ocuparán su lugar.

Este escenario de envite al Estado no fue suficiente para convencer a la CUP. El partido antisistema, que reprochó a ERC y JxCat haber convocado el Pleno de investidura de forma «unilateral», se mostró irreductible y exigió, como hasta ahora, más valentía para desplegar un programa de gobierno que hiciera efectivo el referéndum ilegal del 1 de octubre. Ni el último acuerdo que trasladaron JxCat y ERC, que siguen definiendo como «autonomista», ni las negociaciones de última hora, en las que JxCat, a la desesperada, planteó una moción de confianza en un mes, permitieron cambiar el signo del voto de los cuperos.

Durante el turno de interveneciones, el líder de la CUP, Carles Riera, criticó diáfanemente la actitud que han mantenido ERC y JxCat, inmersos en luchas partidistas, y aseguró que dan por acabado el «procés y todas las alianzas forjadas, en alusión al bloque independentista formado por ERC, JxCat y la CUP: «Nos vamos a la oposición». En este sentido, para hacer posible la investidura, Riera invitó a que Esquerra y la candidatura de Carles Puigdemont desacaten al Tribunal Constitucional y permitan que Puigdemont y Comín, fugados en Bruselas, puedan delegar su voto. Riera, que se mostró visiblemente enfurecido, reprochó la falta de determinación que hubo entre el 1 de ocutbre y el 3 de ocutbre, cuando según él, el Estado estaba a «la defensiva» y se podía haber hecho la DUI. En todo caso, en ningún momento dio muestras de que la CUP vaya a cambiar el sentido de su voto a corto plazo ni que ERC y JxCat, por las circunstancias en las que están inmersos sean capaces de convencer a los cuperos. Con esta investidura fallida, empieza a correr el reloj –dos meses–, y todo ello, inevitablemente hace pensar en un escenario de repetición electoral, algo que los anticapitalistas no han ocultado que les agradaria porque les permitiría mejorar los resultados del 21-D.

Un nuevo candidato

Los antisistema, que intentan poner solo el acento en el proyecto, tampoco escondieron que el candidato no era de su agrado. Así lo hicieron constar en el documento que trasladaron a sus bases para tomar la decisión del voto. En el mismo texto, situaban a Turull como una figura vinculada a la Convergència de los «recortes» con Artur Mas y de la corrupción, afeándole no haberse «retractado» por el caso del 3%. En todo caso, el discurso que llevó a cabo, en lugar de despejar las dudas de la CUP, sólo alimentó su rechazo. En una intervención de una hora, Turull se olvidó por completo de la República catalana –no llegó a citar ni el proceso constituyente, medida capital de los independentistas para esta nueva fase del «procés»– y se dedicó excluivamente a tender la mano al Estado, dirigièndose incluso al Gobierno y al Rey Felipe VI. Un discurso autonomista y conciliador, que contrarió más a la CUP, aunque plenamente influido por la cita que tiene hoy ante el TS. El ex portavoz del gobierno catalán sabía que su alocución debía ser prudente, y así también se lo alertaron sus abogados.

Con esa misma cautela se expresó también ERC. Su portavoz parlamentario, Sergi Sabrià, siguió la misma línea de evitar proyectar cualquier señal de desafío a la Ley. Una estrategia que llevan implementando desde el 21-D, mostrando moderación y aparcando la confrontación con el Estado para proteger judicialmente a sus dirigentes encausados. Sabrià pivotó todo su discurso en torno a la necesidad urgente de conformar un Govern efectivo que permita suprimir el 155. En este sentido, a pesar de que ERC votó a favor de Turull, envió críticas implícitas tanto de JxCat como a la CUP, e hizo una nueva invitación a los «comunes». A la candidatura de Carles Puigdemont le pidió que cambiara de estrategia y dejara de de ser «prisionera de las trampas procesales», en alusión a la citación del juez del TS, Pablo Llarena, coincidiendo cuando Turull empezaba a sonar con fuerza como candidato a ser investido. Mientras tanto, a la CUP, únicamente se dedicó a pedirle unidad, más allá de valorar su posicionamiento. Con los «comunes», de forma velada, se dirigió en buena parte de su intervención. En la alocución que hizo, dedicó gran atención a las medidas de carácter social y a desacreditar la calidad democrática del Estado. Una forma de atraerlos, ya que es la única formación que puede auxiliarles, tras el adiós de la CUP. Los «comunes», eso sí, piden que el candidato sea de ERC.