Rajoy impone unidad a barones y ministros para cerrar la crisis

El «caso Rato» ha colocado a los ministros económicos de Mariano Rajoy en el centro de la tormenta. Expresamente el presidente del Gobierno ha trasladado en su entorno y a otros ministros de su Gabinete que mantiene su pleno respaldo y su total confianza tanto en el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, como en el responsable de Economía y Competitividad, Luis de Guindos. Y a partir de estas instrucciones el mensaje que airean en Moncloa apunta que las críticas que están recibiendo Montoro y Guindos son «profundamente injustas» porque ni ha habido mala gestión ni tampoco movimientos desde dentro para alterar interesadamente la agenda a unas semanas de las elecciones.

Por otra parte, Rajoy y la dirección del PP han optado por mantener intacta su campaña electoral. Habrá más presencia de Rajoy, pero pocos cambios más. La decisión es que los candidatos sigan la estrategia inicialmente prevista y que intenten apartarse poco del discurso y del modelo de campaña sectorial, y muy personalizada, inicialmente previsto. En unos casos será más posible que en otros, dependiendo de las circunstancias territoriales, pero el objetivo es que Rato y el tema de la corrupción ocupen el menor espacio posible, explican en la dirección nacional. La oposición jugará, lógicamente, en contra de este objetivo.

Desde Génova han intensificado en estos días los contactos con los responsables regionales y provinciales ante la preocupación creciente por el contexto en el que tienen que hacer frente a unas complicadas elecciones. La instrucción oficial es que sigan el argumentario de campaña y eviten en la medida de lo posible meterse en «charcos». También el jefe del Ejecutivo ha mantenido algún contacto con dirigentes territoriales. Rajoy considera que en esta recta final hacia las autonómicas y municipales su partido puede hacerse un daño irreparable si no es capaz de mantener un único discurso y una imagen de unidad, necesidad que no ha sido respetada «por todos» en las últimas semanas.

El presidente resta importancia a las diferencias personales entre los miembros de su equipo, origen de algunas de las desavenencias políticas, y sostiene que lo importante es que esos desencuentros no afecten al discurso ni a la estrategia. No ha sido así en algunos casos, pero no hay previsión de cambios. Tendría que ocurrir un «cataclismo» el 24 de mayo para que el jefe del Ejecutivo hiciera movimientos sustanciales en la dirección del PP antes de las elecciones generales. E incluso en el caso de ese cataclismo, que en Moncloa descartan, Rajoy seguirá siendo el candidato a las próximas elecciones generales.

En los últimos días ha habido alguna voz que ha alimentado la hipótesis de que dentro del partido hay un sector que cree que la candidatura de Rajoy debería revisarse en el caso de que las autonómicas y municipales fueran mal. Hay quienes comparten esta afirmación, pero ni siquiera son tantos como para hablar de corriente, y pase lo que pase el 24 de mayo el partido tirará hacia adelante «con lo que hay».

Después del «caso Rato» Rajoy sigue confiando en que el PP ganará las elecciones municipales, y que aunque pierda poder, desde el nivel histórico desde el que parte, tendrán que aguantar este golpe lo mejor que puedan porque volverán a ser la fuerza más votada y con más escaños en las próximas elecciones generales.

Esta moderada confianza que pregonan desde la cúpula convive con otra realidad. En las filas populares se perciben la alarma y las dudas sobre la estrategia; hay discusión también sobre algunas de las decisiones de esta Legislatura y sobre cómo se ha liderado la política. Y hay desacuerdo con algunos nombramientos o con la lentitud del presidente a la hora de librarse de algunos lastres.

Pero los de verdad críticos con Rajoy, los que no han dejado de intentar moverle la silla entre bambalinas, son los mismos que salieron del Congreso de Valencia de 2008, con la diferencia de que bastantes están ya fuera de la política, entre ellos muchos de los que eran más próximos a José María Aznar. Por cierto, en el PP hay bastante unanimidad en señalar a Esperanza Aguirre como representante de este ala crítica, que abarca otras voces internas, por supuesto. Tanto que valga la siguiente anécdota como símbolo. Hace semanas uno de los «primeros espadas» de Rajoy se cruzó con la candidata a la Alcaldía de Madrid y le espetó que él, si hubiera sido el presidente, no la hubiera nombrado como cartel electoral. Ante la pregunta de por qué, la respuesta fue rotunda: porque no era leal al proyecto. Si ganas, lo primero que harás será volverte contra Rajoy, le comentó el alto cargo.

El presidente y lo que sabía de la investigación

- Rajoy no se enteró por la Prensa.

El presidente del Gobierno sabía desde hace meses que se había abierto una investigación en la Agencia Tributaria sobre el patrimonio de Rodrigo Rato y pidió que no hubiese injerencia alguna en la investigación. Sobre la orden de de registro y detención de la vivienda del ex ministro fue informado ese mismo día.

- Pena de telediario.

A Rajoy no le gustó que su antiguo compañero de gabinete con José María Aznar fuera el punto de mira de todas las televisiones, por lo que no entiende que se le atribuya a su Gobierno que llamara a la Prensa para hacer de Rato un «chivo expiatorio».