Rajoy abre el diálogo con Puigdemont sin ceder en la unidad de España

Reclama la gran coalición antes de que se convoquen elecciones pero insiste en que no entrará con Sánchez en «juegos que no llevan a ninguna parte».

Mariano Rajoy saluda a Carles Puigdemont momentos antes de su primera reunión en el Palacio de la Moncloa
Mariano Rajoy saluda a Carles Puigdemont momentos antes de su primera reunión en el Palacio de la Moncloa

Reclama la gran coalición antes de que se convoquen elecciones pero insiste en que no entrará con Sánchez en «juegos que no llevan a ninguna parte».

No hubo sorpresas en la reunión entre el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, respecto a las posiciones de uno y otro. Pero sí en el clima que se respiró ayer en La Moncloa por la disposición de las dos partes al diálogo, pese a las diferencias insalvables en cuestiones centrales como la unidad de España. De hecho, los dos acordaron abrir un canal de negociación entre la vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, y el vicepresidente económico de la Generalitat, Oriol Junqueras, para hablar de competencias, inversiones y la colaboración entre administraciones en materias como los refugiados o la reforma pendiente de la financiación autonómica. Habrá una primera reunión la semana que viene, a pesar de que el Gobierno siga en funciones. Rajoy atiende la demanda de «hablar» de la Generalitat ante su quiebra financiera.

Rajoy explicó esta disposición al diálogo en la obligación que tienen los dos gobiernos de atender las necesidades de los catalanes. «En Cataluña viven siete millones de personas que tienen sus problemas y la obligación de los dos gobiernos, aunque estén en desacuerdo en temas capitales, es trabajar en beneficio de los ciudadanos de Cataluña. Yo también soy el presidente de todos los catalanes», argumentó en una inesperada comparecencia en La Moncloa. Esta entrevista se convierte, por tanto, en un pequeño paso con el que se rompe el bloqueo político que se había impuesto en la etapa de Artur Mas. Normalidad institucional y diálogo entre Madrid y la Generalitat, dentro de los límites de la ley, como con las demás comunidades autónomas, según Moncloa. El presidente en funciones había optado por aplazarla en un gesto más con el que ha simbolizado el rechazo de su partido a la deriva secesionista. Y la reunión llegó cien días después de la investidura del nuevo presidente de la Generalitat y una vez que éste se había ya entrevistado con los líderes de los demás partidos. Puigdemont defendió ante Rajoy el referéndum de autodeterminación, y la respuesta fue el «no» ya conocido a una consulta en la que se prive a los españoles del derecho a decidir sobre lo que es su país. «Es la posición en la que creo y él ha mantenido su posición y yo la mía», explicó Rajoy.

En el resultado de la entrevista influyó que Rajoy acudía con un talante receptivo a intentar reabrir un cauce de contacto que fuera «útil» para los intereses de los catalanes. Le habían dicho que Puigdemont no era como Mas, y que con él podía llegar a ser posible una interlocución que había «hecho imposible», según la versión de Moncloa, su antecesor en el cargo. Hay bastante coincidencia en el retrato que hacen de Mas los que negociaron con él, tanto en cuanto a la poca firmeza de su palabra como en lo que afecta a su inflexibilidad en la negociación. La versión que había llegado a Moncloa respecto a Puigdemont era mucho menos incómoda.

Hay que tener en cuenta que la reunión se produce en una situación de interinidad del Gobierno de la nación, que limita inevitablemente el alcance de su contenido. Si se cumple el guión previsto, a principios de mayo se disolverán de nuevo las Cortes Generales y se entrará de nuevo en campaña. No obstante, de aquí a que se constituya un nuevo Ejecutivo, lo que podría no suceder hasta final del verano, la Generalitat seguirá sometida a la misma urgencia financiera y bajo la presión de un déficit desbocado. Y éste fue otro de los asuntos que se abordaron. «El déficit público no se puede corregir sólo con la acción del Estado, hace falta la colaboración de todas las comunidades autónomas y aquí nos jugamos la consolidación de la recuperación económica», insistió Rajoy. Su posición con respecto al déficit es la que ya fijó Hacienda en la última reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF), aunque con formas más conciliadoras. Rajoy también se negó a aceptar la exigencia del presidente de la Generalitat de que no se recurra tanto ante los tribunales las decisiones de la Generalitat. Esto no es judicializar la política, como sostiene Puigdemont, sino cumplir con su obligación de defender la ley.

Respecto a la negociación con el PSOE, Rajoy zanjó el debate sobre si va a llamar al secretario general socialista, Pedro Sánchez. «Ya lo he intentado en tantas ocasiones. No voy a participar más en un juego que no lleva a ninguna parte. Si vale para algo, que se entiendan estas declaraciones como la enésima invitación a evitar unas elecciones y a constituir un Gobierno de coalición que genere un mínimo de confianza». Se le volvió a insistir, y a la fuerza no cerró del todo la puerta a una llamada. «Si hago algo se enterarán». Pero sí que no habrá carta.