Sánchez ofreció a Puigdemont un nuevo pacto del Tinell

Sus deseos de llegar a La Moncloa a costa incluso de las líneas rojas del Comité Federal llevaron al líder del PSOE a proponer un pacto en la línea del tripartito de Maragall aprovechando la división entre las fuerzas separatistas

Sus deseos de llegar a La Moncloa a costa incluso de las líneas rojas del Comité Federal llevaron al líder del PSOE a proponer un pacto en la línea del tripartito de Maragall aprovechando la división entre las fuerzas separatistas

Tras el fracaso del «paripé» negociador y muy molestos por su encuentro secreto con Oriol Junqueras, las espadas están en alto en el PSOE y en todos los partidos catalanes contra Pedro Sánchez. Destacados «barones» socialistas como la andaluza Susana Díaz y el asturiano Javier Fernández han expresado ya sin disimulo sus críticas hacia el infame papel jugado desde las elecciones del 20-D bajo la pertinaz humillación de Pablo Iglesias. Por su parte, en las filas de Convergència, partido que atraviesa una gran división, no gustó en absoluto la entrevista con el líder de Esquerra Republicana. Dirigentes de CDC en Barcelona y el Congreso de los Diputados afirman que el secretario general del PSOE llegó a ofrecerle al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, un nuevo Pacto del Tinell. Es decir, la reedición de un frente catalanista de izquierdas contra el Partido Popular, tal como sucedió en diciembre de 2003. «Su obsesión contra Rajoy y el PP es patológica», admiten los convergentes.

Aquel acuerdo firmado en el Salón barcelonés del Tinell fue suscrito por el PSC, Esquerra Republicana e Iniciativa por Cataluña-Els Verts i Alternativa, y permitió un gobierno tripartito a pesar de que CIU había ganado en número de escaños. Pascual Maragall, Josep Luis Carod-Rovira y Joan Saura rubricaron el pacto excluyente contra el Partido Popular. Ahora, en su desesperada conducta por alcanzar La Moncloa, Pedro Sánchez habría relanzado la oferta en sus conversaciones con Puigdemont y Junqueras aprovechando la fuerte división interna de Convergència, entre los secesionistas puros, abanderados por el actual presidente de la Generalitat, y el sector moderado que está fraguando su antecesor, Artur Mas. Los primeros son partidarios de la independencia, mientras los segundos desean volver al tradicional catalanismo de la antigua federación nacionalista de CIU.

La posibilidad de un referéndum «emboscado», bajo el paraguas de una reforma federal en una nueva Constitución, fue el arranque de la oferta para intentar la abstención de los partidos separatistas en la investidura de Sánchez. Algo que trastoca por completo las líneas rojas del Comité Federal y que puso en guardia a los «barones» críticos. El enfado llegó al máximo al conocerse los encuentros a espaldas del partido del primer secretario del PSC, Miguel Iceta, con el líder de En Comú Podem, Xavier Doménech. La tensión fue tal que Iceta se presentó en el último cónclave socialista con la declaración de Granada en la mano, el texto sobre la reforma territorial aprobado por unanimidad en época de Alfredo Pérez Rubalcaba. El líder del PSC intentó calmar los ánimos de los «barones» con peso, entre ellos Susana Díaz, Javier Fernández y el extremeño Guillermo Fernández Vara. ¿Dónde está la transparencia exigida?, se preguntaron muchos de ellos ante el secretismo maniobrero de Pedro Sánchez.

La pretensión del aspirante socialista se dio de bruces con sus interlocutores. Según fuentes de CDC y ERC, tanto Puigdemont como Junqueras se limitaron a defender la consulta sin ligarla a la investidura. «De eso habla con Homs», le dijo el presidente de La Generalitat para designar a su portavoz en el Congreso como único interlocutor. En el grupo parlamentario de Democracia y Libertad, la nueva marca convergente, existe malestar con los socialistas por su escaso papel negociador. Ni el portavoz Francesc Homs, ni su número dos, el veterano Carles Campuzano, han mantenido conversaciones en estos tres meses delirantes y se han sentido «ninguneados» por la decisión de Sánchez de hablar únicamente con Puigdemont. Similar reacción tienen los diputados de Esquerra, Joan Tardá y Gabriel Rufián, del ala más radical independentista de la formación. Además, ¿a quién se le ocurre un frente de izquierdas contra el PP sin contar con Podemos?, se preguntan atónitos muchos socialistas.

En efecto, en estos alocados cien días, Pablo Iglesias ha manejado a su antojo al PSOE, con humillaciones, presencia mediática y golpes de efecto. «Éste sí sabe lo que quiere», aseguran diputados socialistas críticos. En su opinión la estrategia es clara: «Iglesias no quiere pactar con el PSOE, quiere devorarlo». Tras el batacazo de la negociación, el líder morado puede unirse con Izquierda Unida y Mas», dicen en su círculo próximo. Las tensiones en Junts pel Sí por las presiones continuas de la CUP están a la orden del día, mientras Oriol Junqueras aspira al sillón de la Generalitat tras un pacto con Ada Colau. Y en Ciudadanos cunde el desánimo por el ridículo papel hecho por Albert Rivera al entregarse en brazos del PSOE. En el entorno de Inés Arrimadas, la mujer que logró ser la segunda fuerza en Cataluña, son muy críticos con los negociadores en Madrid: «Mientras aquí nos partimos la cara con el PSC, en Madrid caemos en sus brazos». Tampoco entienden los feroces ataques de Rivera contra Mariano Rajoy. «Le ha hecho el juego a Pedro Sánchez para quedar compuesto y sin novia», se lamentan.

Recuerdan que Ciudadanos nació para defender la unidad de España y alejarse de la excesiva deriva nacionalista del PSC. Además, buena parte de sus resultados en España proceden de votantes del centro-derecha, que no le perdonarán el entreguismo al PSOE. Por su parte, en el PP observan todo con calma, dado que finalmente el tiempo le está dando la razón a Rajoy. «Tiene guasa que los únicos con quienes se han negado a hablar seamos ahora acusados de bloqueo», dicen en Moncloa y Génova. El presidente en funciones ha asistido sin parpadear a las batallas y «postureos» de estos días. «Es el único que ha estado en su sitio sin moverse un ápice de su oferta», aseguran. Mientras el tiempo corre ya contra reloj, el referéndum convulsiona la política catalana. Y algunos temen una última jugada sorpresa de Pedro Sánchez para ofrecer, junto al frente de izquierdas anti-PP, el formato y la pregunta de la posible consulta. Queda por ver si su partido se lo permite.