Política

«Sánchez se la juega, el PSOE también»

La Razón
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«Los socialistas han de tener claro que en este 2015 se juegan nada menos que la supervivencia. Se enfrentan al riesgo de otro colapso que les expulse del sidecar. Para evitarlo necesitan por lo menos dos cosas. Cerrar filas entorno a Pedro Sánchez y afinar un discurso no populista pero sí popular que vuelva a conectarles con una mayoría sociológica de ciudadanos que se definen como socialistas y de izquierda moderada»

Así se expresaba Joaquim Coll, Doctor en Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona en un artículo publicado en El Periódico. Coll, situado en la órbita socialista y vicepresidente de Sociedad Civil Catalana –la transversal entidad que agrupa el pensamiento no nacionalista en Cataluña–, apuntalaba su discurso afirmando «que la mejora económica se afiance no es sólo una buena noticia en general, sino también una oportunidad para que el PSOE levante la bandera de una distribución justa del crecimiento que repare las desigualdades de la crisis. Entre la euforia económica del PP y el catastrofismo político de Podemos, Sánchez puede representar un punto de equilibrio».

En esta línea también se manifestaba el presidente del Círculo de Economía, Antón Costas, que esta semana presentó la conferencia de Pedro Sánchez en esta prestigiosa entidad económica. Costas apunta que el líder del PSOE tiene que abanderar un «nuevo progresismo a favor del crecimiento, la productividad, la libertad de bienes y servicios, y las oportunidades reales para todos».

Tanto Joaquim Coll como Antón Costas reivindican un nuevo PSOE que haga oír su voz en el cada vez más polarizado debate político entre el PP y Podemos. Los de Rajoy han entrado al trapo de Podemos, situándose como los únicos que pueden hacer frente a la irrupción de los de Iglesias. Y los de Iglesias, ayudados por las encuestas, se reivindican como la única alternativa al Partido Popular.

Los estrategas del PSOE trabajan para romper esta dicotomía. El movimiento de la presidenta andaluza, Susana Díaz, está pensado en este sentido. El adelanto electoral que, según todas las encuestas, situará al PSOE como primera fuerza en Andalucía –con el 20% de los electores de toda España y granero socialista desde la instauración de la democracia– quiere volver a colocar a los socialistas en el debate político y recuperar a ese electorado que en su día votó PSOE y que ahora todavía no ha tomado una decisión porque considera a Podemos «como una mera escisión de Izquierda Unida», como apuntaba en Espejo Público el consultor internacional de comunicación política, Luis Arroyo. De momento, el PSOE andaluz ha recuperado la iniciativa y ha dejado a sus rivales con el paso cambiado.

Sin embargo, Sánchez no lo tiene fácil. Los barones regionales y la estructura del partido, en general, ha cerrado filas con su secretario general, pero el ruido no cesa. Esos «saltimbanquis», como calificaba un diputado socialista, siguen provocando fuego amigo que mina la credibilidad del líder socialista y evita que su mensaje llegue con nitidez.

Y no hay que negar que algunos dirigentes están buscando al culpable de su propio fracaso y dan pábulo a algunas revueltas palaciegas y otros intentan recuperar su protagonismo perdido. Además, la complejidad del momento político hace difícil lanzar un mensaje que abra una brecha entre el discurso de los populares y de Podemos. Un ejemplo. Los medios de comunicación destacaron –unos más que otros– que Pedro Sánchez, en su conferencia del Círculo de Economía de Barcelona, dijo que la economía española se recuperaba y que estaba dispuesto a «nuevos pactos con el Partido Popular».

Estas afirmaciones rápidamente se pusieron blanco sobre negro. La segunda se comparó con las declaraciones del portavoz parlamentario del PSOE, Antonio Hernando, que afirmó que eran imposibles más pactos con el PP. La primera se explicó como un desliz del líder socialista. En honor de la verdad, ambas declaraciones fueron tergiversadas. Sánchez afirmó que había síntomas de recuperación en la economía española, pero a renglón seguido criticó la política de Rajoy por no aprovechar estas oportunidades para que la recuperación económica desembocara en un «crecimiento justo». También dijo que era partidario de pactos y citó el de educación. También, a renglón seguido, afirmó que siendo un pacto necesario, la política del Gobierno lo hace imposible.

Ambas reflexiones llegaron a los ciudadanos distorsionadas. El discurso volvía a hacer aguas. A esto, cabría añadir la polémica desatada a raíz de la firma del acuerdo contra el terrorismo yihadista, que a ciertos sectores del electorado socialista «no acaba de convencer porque les parece que se ha cedido demasiado en puntos delicados como la prisión permanente revisable», aunque el 80% de los ciudadanos ven positivo un acuerdo contra la amenaza yihadista.

Consciente de los problemas y de las encuestas, Pedro Sánchez no da su brazo a torcer y lanzó el mensaje que será su leitmotiv en los próximos meses: «Trabajar, trabajar y trabajar» para que cuaje «la izquierda de la propuesta y no de la protesta», con un discurso «no populista pero sí popular», como afirma Joaquim Coll, para abanderar el «nuevo progresismo» que teoriza Antón Costas. La cocina socialista trabaja a marchas forzadas con estas ideas y demostrar que «las cosas se pueden hacer de otra manera», que «existe otra política», situada lejos del triunfalismo del PP y del derrotismo de Podemos, con alternativas propias y «con ilusión de futuro», como afirma un destacado dirigente socialista.

El calendario electoral de 2015 es complicado, pero no todo son contratiempos. El PP sigue sin designar candidatos para municipales y autonómicas, provocando nerviosismo, cuando no enfado, entre los «designables». En Andalucía, Podemos no es el revulsivo que apuntan las encuestas en España y el PP intenta taponar, con escaso éxito, las vías de agua. IU se desangra por doquier con especial virulencia en Madrid. Pero el PSOE «debe fijarse en sí mismo porque se la juega», afirma un candidato a alcalde. La suerte está echada en este año electoral: «No la de Pedro Sánchez, la del conjunto del socialismo español».