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«Ya está aquí nuestro chicharito»

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz

El parto ha tenido lugar en el hospital público Virgen de Valme, en las afueras de Sevilla, y tanto la madre como el niño se encuentran en perfecto estado.

Mujer que nunca ha escondido sus altísimas ambiciones políticas, Susana Díaz colmó ayer otra aspiración muy distinta: la maternidad, una meta largamente perseguida. Poco antes de las cinco y media de la tarde, la presidenta de la Junta de Andalucía dio a su luz a su primogénito en el hospital público Virgen de Valme. El parto se produjo mediante cesárea y fue anunciado a las 17:57 horas con un escueto tuit de la oficina del portavoz del Ejecutivo autonómico: «Se encuentran en perfecto estado», apostillaba sobre madre e hijo, un varón que pesó al nacer poco menos de tres kilos.

No fue un alumbramiento sencillo, como corresponde a una primípara tardía (41 años cumplirá en octubre) que, según todos los indicios, ha debido someterse a tratamiento fertilizante para quedarse en estado de buena esperanza. Susana Díaz salió de cuentas hace una semana y había pactado con su ginecólogo que el jueves 30 se le provocaría el parto si antes no se ponía de manera espontánea. Pasados unos minutos de las ocho de la mañana, ingresó la ilustre paciente en la cuarta planta de Valme, la de obstetricia y ginecología, y comenzaron las maniobras de inducción, pero unas horas después, debido a la escasa dilatación del cuello uterino, se tomó la decisión de practicar una cesárea que, según el testimonio de personal sanitario, resultó una intervención «sencilla y sin ninguna complicación».

La elección del hospital Virgen de Valme está muy lejos de ser casual. El «Marme», como lo llaman habitualmente sus usuarios, es un centro público situado en la salida sur de Sevilla, camino de Cádiz, entre la barriada de Bellavista –la patria chica de Felipe González– y el municipio de Dos Hermanas, la taifa de Kiko Toscano, un alcalde con más de tres décadas en el cargo. Dos feudos del PSOE por completo impenetrables. Susana Díaz explicó la pasada semana que la Sanidad Pública es «la joya de la corona» de la sociedad andaluza y hay que defenderla porque «garantiza la igualdad», por eso nunca se planteó acudir a una clínica privada pese a las ventajas logísticas que ofrecían estos centros.

El área de influencia del «Marme» se extiende por las comarcas más deprimidas de la provincia sevillana donde sus habitantes, los «mayetes» (apelativo que viene de «desmayadete», de cuando los años del hambre), constituyen el gran granero electoral de los socialistas andaluces. En un guiño al peronismo del que es tributario esta tierra, podría decirse que Santa Evita fue a parir en la casa de sus descamisados.

La dirección del hospital se vio envuelta la semana pasada en una polémica debido a la publicación en diferentes medios de una noticia inmediatamente desmentida. En la tercera planta, la de neonatos, se realizaron unas obras que alguien interpretó como de acondicionamiento de una «zona vip» para la presidenta pero fuentes de la Consejería de Sanidad aclararon que se trataba de «unos trabajos ordinarios que se realizan todos los veranos aprovechando que se cierran alas a causa de la menor ocupación». En concreto, estaban mejorando la instalación del aire acondicionado y aunque el andaluz ha aprendido a ser escéptico con las versiones de la Junta, el hecho de que Susana Díaz ingresase ayer en la cuarta planta y no en la tercera refuerza la explicación oficial. «Los paritorios están en la cuarta planta, nunca se pensó en ingresarla en la tercera», remachaban triunfantes desde el Servicio Andaluz de Salud.

Los derechos

Susana Díaz ya anunció que se acogerá a la baja maternal a la que tiene derecho y compartirá este periodo de permiso con su marido, como prevé la ley, ya que es consciente de que se trata de un derecho por el que «han peleado muchas mujeres y hombres». De hecho, José María Moriche, que así se llama su cónyuge, ya ha solicitado su permiso en la empresa de distribución de libros para la que trabaja, aunque no ha comunicado si se ceñirá a los quince días de rigor o si será él quien apure alguna de las dieciséis semanas que habitualmente solicita la madre, pues nadie espera que una mujer hiperactiva como la presidenta de la Junta de Andalucía esté cuatro meses (hasta las puertas de las elecciones generales) apartada de la primera línea.

El secreto mejor guardado en Andalucía es el nombre de la criatura. Las quinielas, sin embargo, apuntan en una sola dirección: José María se llama el padre y José se llama el abuelo materno, el fontanero de Triana al que la presidenta, literalmente, adora. Por si fuera poco, José Antonio se llama Griñán, el mentor de Susana Díaz y su antecesor en la presidencia, a la que ésta accedió por su exclusiva voluntad al dimitir debido al «caso ERE». «Este niño tiene todas las papeletas de llamarse Pepe aunque seguro que no falta quien lo vería como una muestra de condescendencia hacia el Partido Popular. La gente es muy retorcida», comentaba entre risas un alto cargo de una consejería.

En casa, ponga lo que ponga en la partida de nacimiento, ya lo conocen sin embargo como «Chicharito». Y no como homenaje al futbolista mejicano, pues los papás son ambos béticos a machamartillo, sino porque así lo llamaron cuando la embarazada se hizo la primera ecografía en la que más que un feto, aún pequeñísimo, lo que creyeron ver fue una habichuela (llamada chícharo en la Baja Andalucía). Moriche, en una de sus primeras llamadas nada más llegar su hijo al mundo, gritó ayer alborozado: «Ya está aquí nuestro Chicharito».