Susana Díaz marca un perfil propio y tiende puentes con Rajoy contra la corrupción

La Razón
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Marcadas diferencias de fondo en el discurso, tanto institucional como orgánico. Alfredo Pérez Rubalcaba y Susana Díaz se reunieron ayer en Ferraz para preparar la cita que la presidenta de Andalucía tiene hoy en La Moncloa con Mariano Rajoy y también hablar, cómo no, del congreso extraordinario del PSOE-A. Un encuentro entre socialistas donde quedó patente que la sucesora de José Antonio Griñán llega con fuerza, pisando fuerte y con voluntad de exhibir un perfil propio en el socialismo español. Sin prisa pero sin pausa, la todavía secretaria general de Sevilla va tomando posición en el universo federal del PSOE. De momento, su prioridad orgánica es el calendario de Andalucía y el próximo congreso. Después de esta cita, se verá si acompaña a Rubalcaba hasta el final de su mandato federal o, si por el contrario, sus intenciones son otras. Hay apuestas, pero todas son prematuras.

Volvamos ahora a los desmarques. Susana Díaz defiende la necesidad de un pacto para la regeneración política y la lucha contra la corrupción y así se lo planteará al presidente del Gobierno, mientras que Alfredo Pérez Rubalcaba mantiene la ruptura de todo puente de diálogo con el Gobierno como consecuencia del «caso Bárcenas». Ella cree que ante la realidad de la calle y la desafección de los ciudadanos por la política, el debate partidista tiene que salir de «la trinchera de la corrupción» y acabar con la obsesión de «aniquilar al contrario». Por eso anuncia diálogo y colaboración con el PP de Rajoy con el propósito de liderar y promover un acuerdo con participación de las comunidades autónomas. Dice que su «obligación» institucional es tener una relación «fluida y constante» con otras administraciones y es partidaria del acuerdo en la Ley de Transparencia. Él sostiene su negativa a respaldar la citada norma, que está a punto de salir del Senado, hasta que los populares den explicaciones y asuman reponsabilidades políticas por el escándalo de su ex tesorero. Y para que una posición y otra no se interpreten como contradictorias, el secretario general del PSOE aclara que una cosa es el ámbito partidario y otra, el institucional.

En materia orgánica se perciben, si no diferencias, sí tibios avisos. El primero, a cuenta del muy comentado artículo en «El País» de Juan Carlos Rodríguez Ibarra en el que pedía el martes un congreso extraordinario con el que refundar el partido, una opción que, según el también extremeño Guillermo Fernández Vara, defienden hoy muchos socialistas. Rubalcaba dice ser siempre respetuoso con las opiniones de todos y que la de Ibarra es una que «siempre» valora, aunque «a veces estoy de acuerdo y otras no». En la defensa de un congreso extraordinario, desde luego, no. Tampoco en que el PSOE esté cruzando, como dijo el ex presidente extremeño, la línea que separa «la eficacia para entrar en la inercia». Pero Susana Díaz no dice ni sí ni no, si bien explica que su prioridad es hoy el congreso de los socialistas andaluces del próximo noviembre, en el que aspira a ocupar la secretaría general que deja vacante Griñán. No obstante, apostilla que este cónclave se celebrará inmediatamente después de la Conferencia Política y avisa de que Andalucía participará activamente en él con aportaciones que permitan «refrescar y conectar» al PSOE con los ciudadanos.

Hubo más. Un aviso sobre el calendario que necesita el PSOE para dejar claro que será el que «demanden los ciudadanos» y «no el que nos interese a nosotros». Ahí lo dejó porque no quiso pronunciarse sobre si ese calendario (que no es más que la tan traída y llevada fecha de las primarias) debería ser fijado en el primer Comité Federal del PSOE después de la Conferencia Política de noviembre, porque es algo que corresponde al secretario general. Para ser la primera cita oficial del líder del PSOE con la socialista que más poder institucional y orgánico acumula hoy en el partido no estuvo mal.