Un año de la moción de censura: “A Rajoy le faltó grandeza para asumir el coste personal de su renuncia”

La etapa estaba ya agotada, pero el partido reprocha falta de reflejos y de generosidad. «Falló por miedo a la guerra Cospedal-Soraya y por no aceptar que él era responsable de nada»

Mariano Rajoy, durante la sesión parlamentaria en el Congreso de los Diputados en al que hace un año se aprobó la moción de censura que tumbó su Gobierno / Efe
Mariano Rajoy, durante la sesión parlamentaria en el Congreso de los Diputados en al que hace un año se aprobó la moción de censura que tumbó su Gobierno / Efe

La etapa estaba ya agotada, pero el partido reprocha falta de reflejos y de generosidad. «Falló por miedo a la guerra Cospedal-Soraya y por no aceptar que él era responsable de nada».

Al cumplirse el primer aniversario de la moción de censura que derribó al Gobierno de Mariano Rajoy, en el círculo en el que se mueve el ex presidente cuentan que él ha empezado a reconocer en conversaciones privadas que su proceso de reflexión personal le ha llevado a pensar que quizás las cosas las debería haber gestionado más «ordenadamente».

En su partido todavía no se explican «cómo se les pudo ir tanto de las manos el control de la situación» para que acabara triunfando la moción de censura de Pedro Sánchez. Y entre los que estaban en la gestión de aquellos hechos aún se preguntan cómo no fueron capaces de «taponar a Sánchez».

La «traición» del PNV fue la razón oficial del precipitado desenlace de los acontecimientos. «Traición» o exceso de confianza por parte de Rajoy. Pero esa explicación no borra las responsabilidades que a día de hoy en el PP siguen cargando directamente sobre él. Porque desoyó los avisos sobre lo que se le venía encima, porque desoyó a quienes le aconsejaron que buscara un plan alternativo para mantener el control del Gobierno, y porque no fue capaz de administrar personalmente el traumático final de su carrera política. Y su decisión de precipitar también su salida de la Presidencia del PP, por mucho que se vendiera como un gesto de «generosidad», internamente dejó una sensación de huida y abandono del barco que no se ha borrado todavía y que ha tenido consecuencias que el PP está pagando. El tiempo permite profundizar en los hechos del pasado, y quienes estuvieron allí, liberados del peso del silencio que se impone cuando todo está aún muy reciente, dan detalles que clarifican por qué pasó lo que pasó.La conclusión es que a Rajoy le faltó «grandeza» para asumir en lo político y en lo personal la dimisión «porque esto daba pie a que se interpretara que se iba porque había hecho algo mal». Además, tenía que marcarse eligiendo a quien dejaba al frente del Gobierno. La salida natural, su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, habría abierto una guerra con la ministra y secretaria general, María Dolores de Cospedal. Afrontar ese «lío», aunque Rajoy siempre se ha caracterizado por huir de los «líos», les habría permitido gestionar desde el Gobierno la convocatoria de unas nuevas elecciones. «Y no estaríamos donde estamos». sentencian. «Rajoy debía haber tenido un gesto de grandeza, como el hombre de Estado que había sido desde 2011».

El tiempo ha hecho madurar el análisis sobre el punto de inflexión que supuso la moción de censura. Y la conclusión que parece bastante asentada dentro del PP es que fallaron en la gestión del antes, del durante y del después. «Había necesidad de cambio. Rajoy estaba en su fin de ciclo. Pero la transición debería haber sido menos traumática, y eso sólo estaba en manos de Rajoy», reflexiona estos días uno de los que estaban en el Consejo de Ministros que saltó por los aires con la moción de censura,

En el PP alegan que han hecho lo que han podido para resistir a una situación «imposible». «Hemos tenido que pagar el impuesto de sucesiones y de donaciones», reflexionan en el partido al hacer balance de la herencia que les quedó tras la censura. La situación no era ya buena por el desgaste de la marca por los casos de corrupción, por la gestión económica o incluso del problema catalán, pero el PP no está ahora mejor. De los 137 escaños, a 66, y dividido en cuanto a la estrategia para sortear la presión de Vox y de Ciudadanos. El consuelo es que después de cómo se precipitaron los acontecimientos, por delante se impuso una travesía del desierto que no les quedaba más remedio que realizar. Pablo Casado quiere fijar este momento, acabado el ciclo electoral, como el punto en el que arranca de verdad su liderazgo al frente del partido. Y en el nuevo equipo, cuando miran hacia atrás, o se enfrentan a los reproches sobre la «derechización» de la marca, contestan que «dónde estaba el PP del Gobierno que enviaba «Piolines» a Cataluña para alojar a guardias civiles o que controlaba a los policías que se vieron el 1-O utilizando la fuerza en los colegios electorales ante el fracaso en la obligación de evitar que hubiera urnas». «¿Enviar Piolines y esas imágenes de las Fuerzas de Seguridad eran el centro?», se preguntan en la actual dirección.

«El pasado ya no se puede cambiar y el futuro está por escribir», y sobre esta máxima, con la que valora un veterano dirigente del PP, ministro con José María Aznar, la situación, el PP asume que la moción de censura supuso un corte histórico en la trayectoria del partido. «Estamos en la «refundación, ahora hay que aclarar hacia dónde. Pero es el tiempo de Pablo Casado».