Una intervención más sencilla

Esta segunda intervención es relativamente sencilla al no haber tenido que abrir el fémur para extraer la prótesis previa. Retirarán el espaciador que le colocaron, que es muy similar a una prótesis con un tallo que se introduce en el fémur y una cabeza esférica que se articula con el acetábulo de la pelvis o cavidad que acepta la cabeza del fémur. Está compuesto por polimetilmetacrilato, cemento que se utiliza para fijar las prótesis, que va impregnado de antibiótico. Así, la infección remite y deja el campo aséptico, sin gérmenes. Tras unas seis semanas ya puede ser retirado y recolocar una prótesis, que en principio se espera que sea la definitiva. El hecho de que sea una operación sencilla radica en que el espaciador no está fijado ni al fémur ni a la pelvis, motivo por el que el Monarca no ha gozado de una buena estabilidad y equilibrio en este tiempo ya que precisa cierta protección de las cargas. A la hora del reemplazo existen dos opciones. La primera es colocar una prótesis sin cemento, que se fije al hueso como la que tenía previamente. El inconveniente es que no protege contra los posibles gérmenes al no estar impregnada con antibióticos, facilitando una posible reinfección. La otra opción es una prótesis cementada que consiste en impregnar el cemento en antibiótico y sobre él colocar la prótesis nueva. La ventaja es que la recuperación es más rápida, porque el cemento ya está consolidado y pegado al hueso y a la prótesis, dando estabilidad inmediata. Por contra, si hubiera que retirarla porque se reactivara la infección u otro motivo, la intervención es mucho más compleja. Esta opción es más habitual en ancianos con huesos débiles, osteoporosis franca o problemas de tipo reumático. Finalizada la intervención estará, probablemente, unas tres o cuatro semanas con muletas o menos tiempo si se coloca la prótesis cementada.

* Profesor titular de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Universidad Complutense de Madrid