«Uña y carne» hasta que llegó Nóos a sus vidas

El estallido de los problemas judiciales de Doña Cristina enfrió su relación con Don Felipe.

La Infanta Cristina cumple hoy cincuenta años en uno de los peores momentos de su vida, aislada de parte de su familia y en su exilio dorado de Ginebra que no se sabe por cuanto tiempo podrá mantener. La hija menor de los Reyes pasará su 50º aniversario lejos de sus padres y hermanos y de forma muy distinta a cuando los dos hermanos menores formaban una piña, especialmente con el pequeño, Felipe, al que unía una estrecha afinidad que hacía sentir celos a la mayor, Doña Elena, que siempre fue más ajena a la complicidad que reinaba entre sus otros dos hermanos.

La relación entre la Infanta Cristina y su hermano Felipe, hoy Rey de España, fue siempre muy próxima y entrañable a lo largo de los años de infancia y juventud que compartieron en el Palacio de la Zarzuela. Ella fue la primera de los hijos de los Reyes Juan Carlos y Sofía que decidió estudiar una carrera universitaria y graduarse en Ciencias Políticas, con lo cual se convirtió en la primera licenciada en una carrera superior de la Casa Real española. Un camino que años más tarde continuó su hermano, el Príncipe Felipe, que optó por obtener el título de licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. El amor a los mismos deportes, el esquí en invierno y la vela en verano, en Palma de Mallorca, hizo que los dos hermanos hicieran muy buenas migas siempre, tuvieran la misma pandilla de amigos y salieran juntos los fines de semana en Madrid, donde era bastante habitual verlos en el cine o en las discotecas de moda. Los cines que proyectan películas en versión original –los Alphaville primero y luego también los Renoir– eran punto de encuentro de los hermanos para ver la proyección de películas que se exhibían fuera del circuito comercial, acompañados de sus novietes y novietas de entonces. Y en los veranos, cuando pasaban dos meses largos en Palma de Mallorca, era muy habitual verlos compartir con amigos comunes las divertidas noches de una isla en la que los locales de ocio nocturno permanecían abiertos hasta las tantas.

Al mudar la residencia a Barcelona la Infanta Cristina, los hermanos se distanciaron un poco pero cuando Don Felipe conoció y empezó a salir con Letizia, fueron los entonces duques de Palma los que acogieron a la pareja en la capital catalana y la ayudaron a protegerse de los focos de los reporteros para que la noticia de su noviazgo no trascendiera. Los Palma y el Príncipe y su novia secreta compartieron muchas horas juntos antes de que la noticia del compromiso de don Felipe con la reportera de Televisión Española saltara a los medios de comunicación y se hiciera pública. Hay quien afirma que la alianza de diamantes que el entonces Príncipe de Asturias regaló a su prometida el día del anuncio del compromiso matrimonial la tuvo que comprar Iñaki Urdangarín en una joyería muy conocida para evitar que fuera el propio novio quien levantara sospechas si hubiera sido él mismo quien comprara la sortija.

La buena relación se mantuvo entre los dos matrimonios hasta que empezaron a correr los rumores de que Iñaki andaba metido en negocios poco claros con el Instituto Nóos, y comenzaron los problemas económicos derivados de la compra y acondicionamiento de la casa de Pedralbes, que sobrepasó sus posibilidades económicas. Eso marcó el principio del fin de una relación fraternal que culminó ayer con la publicación en el BOE de la revocación del título de duquesa de Palma a la Infanta decidido por el Rey, su hermano. El mismo con el que compartió juegos, confidencias y jornadas interminables de regatas cuando ambos vivían la edad de la inocencia.