Política

Villarejo y su "comando 88"en prisión

Lleva cerca de 730 días encerrado en el módulo especial que hay reservado para Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la cárcel de Estremera. Son ya casi dos años de prisión sin que ningún tribunal haya considerado probado alguno de los delitos que se le imputan y los días van pesando cada vez más. Hablamos de José Manuel Villarejo Pérez, el famoso ex comisario del Cuerpo Nacional de Policía y empresario de varias sociedades que ingresó en prisión preventiva, comunicada y sin fianza en el centro penitenciario de Madrid VII el pasado 3 de noviembre por los presuntos delitos de organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales en el marco de la denominada «operación Tándem». En tantos días de aislamiento, preocupaciones, declaraciones judiciales, filtraciones y demás jaleos en los que ha estado metido el ex comisario le ha dado tiempo de sobra de hacer amistad con algunos internos. Todos son policías, guardia civiles o funcionarios de prisiones, bien cumpliendo condena o esperando el señalamiento de su juicio por temas de violencia de género o corrupción a distintas escalas y tienen, por tanto, más cosas en común que quizás puedan tener dos presos comunes de cualquier otro módulo. Fuentes cercanas al ex comisario en prisión aseguran que, bien por ser ya uno de los más veteranos o por su posición, Villarejo desprende un aura de poder por el que ha logrado que un grupo de internos de confianza le presten casi veneración. Todos están en el módulo 16 polivalente 4, donde siempre hay unos 56 internos, dependiendo de los nuevos ingresos o los permisos penitenciarios de algunos y se encuentran en régimen FIES 4 (Fichero Interno de Especial Seguimiento). Según estas fuentes, el grupo en torno a Villarejo lo forman una decena de personas que, según otros internos, desarrollan funciones de servilismo hacia el famoso ex comisario. Se trata de un grupo más o menos cerrado, se hacen llamar «Comando 88 Canary Islands» y hasta se han hecho camisetas serigrafiadas con esta denominación. Se desconoce el origen del nombre pero las mismas fuentes apuntaban extrañados la coincidencia de que, como muchos policías saben, en las tribus urbanas el número 88 se asocie a los grupos de extrema derecha ya que la letra h ocupa el octavo lugar en el alfabeto y hace alusión al saludo nazi «Heil Hitler». El apellido «Canary Islands, según las mismas fuentes, es «otro misterio» pero puede tener relación con el hecho de que la mano derecha del ex comisario sea un policía originario de las islas Canarias. Se trata de un agente llamado J. M. al que apodaban «El Gramo». Un sobrenombre que arrastra de su etapa como agente de la autoridad antes de ingresar en prisión porque, según él mismo habría contado, todo lo que «permitía» era a cambio de algo y solía espetar a su interlocutor, quizás de forma jocosa: «Esto te va a costar un gramo». Este hombre, señalan desde el entorno, es el «número dos» de Villarejo en prisión y, junto con los otros nueve internos, tratan al ex comisario como si de alguna manera fuera su jefe y le evitan, en la medida de lo posible, pasar por los momentos más tediosos de la prisión. Comportamientos que no pasan desapercibidos para el resto de internos porque son precisamente los que le hacen diferenciarse de los demás. Estos «privilegios» se sucederían a lo largo de las monótonas jornadas. Al parecer, no es frecuente ver a Villarejo esperando una cola, bien sea la del economato o durante las comidas. Ocurre desde primera hora de la mañana. Tras el recuento de internos a las 8:00 horas, los presos bajan a las 8:30 a desayunar. Villarejo, según estas fuentes, se sienta directamente en una mesa y espera a que alguien del llamado «Comando 88» le lleve el café y el bollo. El grupo se sienta y «nadie se puede poner con ellos en la misma mesa sin que lo autorice el jefe». El mismo proceder cuando abren el economato a las 11.30 horas, donde los internos aprovechan para comprar todo tipo de artículos (útiles de aseo o comida) y uno del «Comando» coge cafés para todo el grupo. La hora de la comida es una de las más descaradas. A las 13:00 horas llegan dos presos comunes con los carritos de los menús cocinados en otro módulo. Mientras todos los internos hacen fila con su bandejita metálica compartimentada que, cuando llega su turno, les van llenando con diferentes alimentos, el comisario ya está sentado en una mesa. «A él le llevan la bandeja a la mesa, jamás le verás en una fila», sostienen. A las 14:00 ya están todos arriba para la siesta y dos horas más tarde, tras el segundo recuento del día, bajan a realizar diferentes actividades. Villarejo no. Él, según estas fuentes, suele quedarse arriba, en su celda única (todos comparten «chabolo» menos él) y se pone a estudiar o a repasar documentos. También por la tarde alguien del «Comando 88 Canary Islands» le sube el café arriba. El mismo proceso de la fila con bandeja en mano se repite a la hora de la cena, a las 20:00 horas. «Puede que lo hagan porque él les promete ayuda para pagar una buena defensa o algún contacto para comenzar una nueva vida laboral al salir de prisión», explican estas fuentes. Villarejo, aseguran, es un hombre de «palabra» y con su círculo más cercano «se porta muy bien». Incluso ingresaría algunas cantidades económicas en sus cuentas de peculio aunque no pueden gastar más de 100 euros semanales. «En eso sí que son todos iguales, como en las comunicaciones con el exterior: todos tienen un máximo de 10 llamadas de 5 minutos cada una», señalan.

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Amigos chavistas

En este sentido, el entorno del ex comisario en prisión asegura que hace unas semanas algunos internos le ofrecieron facilitarle un teléfono móvil, algo totalmente prohibido en cualquier prisión española. De hecho, Instituciones Penitenciarias, debería contar con inhibidores en todos los módulos para que, en el caso de que logren colarlos –cosa que ocurre con cierta frecuencia–, quedaran inutilizables. Villarejo, sabedor de que esté especialmente vigilado –o por cualquier otra razón–, rechazó el terminal. Eso sí, su comunicación con el exterior ha sido más habitual que la de cualquier otro preso. Además de familiares, las visitas de los abogados del ex comisario a prisión han sido más frecuentes que las de otros internos. Su trato con los funcionarios de prisiones también ha mejorado mucho a lo largo de los últimos meses y atrás quedaron esos primeros encontronazos. «Lo único de Villarejo que ahora preocupa en cierta manera es su estado de salud. Ha salido varias veces porque le sube muchísimo la tensión», aseguran. Sus abogados han alegado problemas de corazón para lograr su salida de prisión hasta que se celebre su juicio pero el permiso no ha sido concedido. Mientras, pasa los días con sus compañeros más cercanos y con nuevos internos que van llegando a este módulo de Estremera. Uno de ellos fue Hugo Carvajal, ex jefe de los servicios de inteligencia de Venezuela durante la era chavista y luego con Nicolás Maduro. El chavista estuvo en esta cárcel desde abril y hasta el pasado 16 de septiembre, cuando le dejaron en libertad tras rechazar la Audiencia Nacional extraditarle a EEUU por delitos de narcotráfico. Las mismas fuentes sostienen que el ex comisario trató de acercarse a él pero el venezolano rehusó hacer amistad con el policía. Denunció incluso que había filtraciones en prensa de sus encuentros con sus abogados, del mismo despacho que el ex comisario.

Preso 2017014718, el único que no comparte celda

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El ex comisario Villarejo es el preso número 2017014718 y, aunque en términos generales el trato que recibe de Instituciones Penitenciarias es el mismo que el de cualquiera de sus compañeros, es cierto que se dan algunas particularidades. La más significativa es el hecho de que sea el único interno que no comparta celda con nadie. Las 1.180 celdas de 11 metros cuadrados con las que cuenta Estremera son compartidas pero él ha conseguido el privilegio de tener «chabolo» propio alegando que tiene allí copia de las diligencias de su sumario con la que trabaja para su abogado y, si alguien le acompaña, hay riesgo de filtraciones al exterior y a la Prensa, como dice que ya ha ocurrido. Por eso le autorizaron una celda única. Al margen de esto y del trato servil que otros presos han decidido darle, la estancia de Villarejo en prisión es igual de dura que la de cualquier interno. El ex comisario más famoso de España ingresó en la Policía en el año72 y su primer destino fue la comisaría de San Sebastián, donde participó en la lucha contra ETA. Del 83 al 93 estuvo en excedencia dedicado a la actividad empresarial. Luego se incorporó en la secretaría de Estado de Seguridad y comenzaría su etapa más controvertida, por la que está siendo investigado.

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