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Los diez peores errores que cometen los hombres

La columna de Carla de la Lá

  • La foto es de la serie maravillosa Curb your Enthusiasm, de humor sobre un matrimonio que la autora recomienda locamente
    La foto es de la serie maravillosa Curb your Enthusiasm, de humor sobre un matrimonio que la autora recomienda locamente

Tiempo de lectura 5 min.

16 de septiembre de 2018. 09:38h

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Carla de La Lá Madrid. 15/9/2018

Queridos míos, vengo con un plato picantito, como a ustedes les gusta. Los errores o desaciertos de los hombres en el amor, en la cama, en la familia y en la sociedad. Atentos, amigos míos y procuren por favor, poner freno a estos y otros desatinos ¡Nunca más!:

Falta de caballerosidad: para mí lo más chirriante en un hombre son las distintas manifestaciones de escasa caballerosidad, y hay muchas. No es capricho, como nada en la educación. De un individuo más grande y fuerte se presupone una actitud generosa, cortés y protectora con los demás, en este caso con las mujeres, los ancianos y los niños. Amigo, recuerde que ante cualquier desconsideración con su mujer o las demás, por pequeña que le parezca, todas las personas inteligentes a su alrededor pensarán que es usted torpe, grosero y de limitados alcances intelectuales, sociales, culturales y morales.

Chistes vulgares: los chistes zafios, como todo lo zafio, son para tontos. Si le gustan los chascarrillos sexuales elementales, ¡está bien! Pero, por favor, no compartan con nosotras sus memes digitales ni las cientos de bromitas corrientes que circulan por sus whatsapps. Si son simples, (tener un humor elemental, implica serlo) háganse un favor y disimulen, el mayor tiempo posible.

Hiperexigencia con la belleza de las mujeres: la sociedad entera se siente con derecho a juzgar la belleza de cualquier mujer con arreglo a unos estándares absolutamente imposibles de cumplir por nadie, empezando por el que critica. Me llama poderosamente la atención la cantidad de orcos barrigudos que andan ratificando si esta o la de más allá están gordas o si no son lo suficientemente guapas. Mire, usted no ha tenido cerca una mujer así en toda su vida, ni usted ni ningún antepasado... ¡Qué paciencia! Hablar del físico de una persona “estupenda” es risible e implica escaso autoconocimiento, pero hablar de los defectos evidentes de una señora “no tan estupenda”, ya sea su por peso, su nariz o sus orejas, me parece de una falta de caballerosidad y recursos personales imperdonable.

Macarras al volante: todos los caballeros que conozco _menos mi padre_ están a un semáforo en rojo de transformarse en el rufián más deslenguado y procaz e incluso en el bravucón más temerario, poniendo en riesgo su integridad física, la de su automóvil y la de su familia.

Pagar a medias: una vez tuve una cita con un ingeniero bien posicionado que se tiró la mitad de la cena narrándome su indignación hacia las mujeres que se creían merecedoras de invitaciones tan sólo por ser mujeres y que menudas jetas que no pagaban sus consumiciones. Al terminar, casi me caigo de la silla para sacar la tarjeta del bolso como Billy El niño. Tiene razón en lo esencial, no es equitativo que el hombre pague porque sí; aunque no me hubiera contado sus tristes vivencias, yo hubiera intentado pagar toda la cuenta (¿qué majadería es esa de cada cual su cena?) sin embargo, fue como ver la radiografía de su historial de fracasos amorosos con su correspondiente misoginia no resuelta; me pareció un zafio, pero sobre todo un tonto. Y miren, si algún día salimos con un tonto, que sea guapísimo y que pague toda la cuenta.

Hacerse los feministas, o (en casos gravísimos) serlo: que sí, pesadas... que ya sabemos la definición de feminista, la saben hasta mis hijos pequeños... en casa no se tolera otra cosa que la igualdad de derechos y oportunidades para todos, menudas somos en casa, pero ¿qué me dicen, queridas, de esos señores que nos tienden las braguitas? ¿de esos almitas de cántaro que van a las manis de morado y se desgañitan agitando la pancarta de su novia? Ese hombre que te guarda los tampax en el bolso, por si... Miren, cuando tienes delante a un hombre más papista que el papa, no te atrae sexualmente. Ni socialmente. Es como una subespecie de pagafantas ideológico por poderes.

Escaquearse con las tareas domésticas o hacerlas mal: mi amado esposo es un hombre extraordinario, fascinante, misterioso... por ejemplo, consigue que los vasos que ha lavado, secado y guardado, estén más churretosos y grasientos y que tengan más partículas multicolores adheridas, que cuando estaban sucios, antes de su milagrosa acción. Eso sí, no es Harry Potter, el proceso le lleva un rato larguísimo, durante el cual yo podría, por ejemplo, traducir el Bhágavad Guita al euskera y al catalán.

Escaquearse del cuidado de los hijos o hacerlo mal: mi mejor amiga me habla de un vecino divorciado con el que queda habitualmente para que jueguen y se desfoguen los pequeños de ambos. Dice que el pobre hombre (un abogado brillantísimo, por otra parte) vive con sus hijas en el caos más categórico y que en su casa campan cientos de juguetitos de Happy Meal (su dieta habitual), chucherías y calcetines, que es difícil ver el suelo y que cuelgan zapatillas y braguitas hasta de las lámparas...por todas las habitaciones; como si hubiera estallado dentro de su casa una formidable piñata infantil.

Dice que es frecuente ver a las niñas correr por el jardín de la urbanización desnudas, desgreñadas..., agitando bolsitas de polvos royal para hacer gelatina y gritando: “pica-pica”... igual que la niña huyendo del napalm que aceleró el final de la Guerra de Vietnam...Todo varón debería seguir, asimilar y aprobar el carnet de padre.

La cochambre: no se dónde leí que lo que estresaba a las madres no eran sus muchos hijos, sino sus maridos. Uno de los peores atributos que acompañan a muchos hombres es que son sucios (en la cama, no hay problema) y desordenados en casa. Quién, sino, un hombre dejará el tetrabrik de leche o zumo vacío en la nevera, quién abrirá los cajones y portezuelas pero no los cerrará; quién mojará los espejos de todos los baños y en definitiva acabará con el orden y la armonía a su paso ¿Quién? Yo impulsaría una especie de mili nueva donde los hombres aprendieran a gestionar el hogar y donde adquirieran y desarrollaran las destrezas y habilidades necesarias para satisfacer y liderar las necesidades de sus hijos y ya de paso, las suyas propias.

Calzoncillos: aunque sea usted el David de Miguel Ángel recién cincelado. Hombres en calzoncillos no, por favor. La imagen de un adonis, de un Discóbolo de Mirón en calzoncillos, de Thor... ¡da lo mismo! es grotesca en un contexto distinto a los prolegómenos del acto sexual. Jamás un hombre en calzoncillos fuera de su dormitorio y/o vestidor. Encontrar un hombre en calzoncillos ¿En el salón? ¿En la cocina? es más desagradable que hallar una cucaracha. Una falta de respeto a su familia, mujer, hijos y empleados. Ya puestos, mejor sin nada.

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