Entre perros y galletas anda el juego

Carlos Fontaneda dirige un espacio en el que es posible comer a un precio asequible en un entorno divertido perfecto para ver y ser visto

Antes de que el maldito Covid-19 hiciera tambalear al sector hostelero y provocara un cambio radical en nuestro estilo de vida, El Perro y la Galleta era un local de reserva de mesa obligada. Tanto por su ambiente divertido como por disfrutar de una comida internacional rica y reconocible a un precio asequible. En esta dañada normalidad, Carlos Fontaneda nos cuenta que tanto el espacio de Castelló como el de Carranza (www.elperroylagalleta.com) se enfrentan a una temporada «con sus más y sus menos, que sobreviven cubriendo gastos», apunta, al tiempo que reconoce que Bar Galleta y María y La Galleta sí sufren al encontrarse en el centro. Carlos es nieto de Rafael, fundador en 1923 de la primera fábrica de galletas. «¡Qué buenas son las galletas Fontaneda!» ¿Recuerdan? ¡Cuántas veces habremos tatareado esta televisiva canción. Lo son tanto que es la esencia de la propuesta que disfrutan desde Lorenzo Caprile hasta Alejandra Rojas, entre otros rostros conocidos envueltos en una preciosa y cuidada decoración en la que llaman la atención unos divertidos retratos de perros, latas de galletas de antaño, aparatos de radio antiguos y soperas de porcelana.

En estos tiempos que corren, lo suyo es disfrutar más que nunca de una buena mesa. De ahí que nuestra recomendación sea, tal y como hicimos nosotros, comenzar para abrir boca por las berenjenas rebozadas en galleta, claro, con parmesano, salsa pomodoro y pesto y compartir las flautas de pollo también rebozadas para saborear con salsas de tzakiki y curry con menta. El milhojas de patata y huevo con aceite de trufa y crujiente de jamón es otro de los platos más demandados por los comensales, aunque a nosotros nos gustó el refrescante tataki de lomo de vaca con chimichurri y puré de patata. El cremoso de yogurt con la imprescindible galleta y fruta es uno de los postres para el que los adictos al mítico y dulce redondo siempre dejan hueco.