Sánchez podría clamar unidad ante Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez

Unidad, unidad, unidad, clama el presi ante los empresarios. Unidad, unidad, unidad, clama ante los sindicatos. Unidad, unidad, unidad, clama ante la oposición. Unidad, unidad, podría clamar también ante Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez, y si no clama unidad ante Paloma Cuevas y Enrique Ponce es porque ya es tarde. Por favor, Iván Redondo, Begoña Gómez, Pablo Iglesias, doctor Simón: ¡este hombre está muy solo!, le grito al televisor. En realidad, cuando pide unidad está pidiendo compañía, cariño, comprensión, mimitos. ¿No lo veis? Aunque, ahora que lo pienso, puede que también nos esté enviando un mensaje subliminal: en este otoño-invierno todos vamos a ir a parar a la Unidad de Cuidados Intensivos, y no solo por motivos de salud.

Pero Él sabe que hay uniones muy difíciles, casi tan imposibles como la obediencia de Torra al Supremo. No acataría las sentencias ni aunque todo el Alto Tribunal cambiara el negro de sus togas por el amarillo. Esteban González Pons, al que Bruselas debe inspirarle una barbaridad, ha publicado su primera novela de amor, «Ellas». Y le dice a Rosa Villacastín en «Diez Minutos» que «el primer amor y el primer beso son eternos». La eternidad, el amor y los besos tienen un prestigio que no merecen. La eternidad es un auténtico coñazo en sus últimos años. El amor es hoy un videojuego y el beso con mascarilla, ya me contarán. El amor dura un poco más cuando se ciñe a uno mismo, como en el caso del presi, al que ya solo le falta decir: el virus ha venido para quedarse; yo, también. González Pons confiesa que «todos los matrimonios son inmaduros, porque sin un alto grado de inmadurez, la gente no se casaría». Ahí le duele: el amor o la unidad como flor de primavera apasionada.

Ya alertaba Oscar Wilde que la diferencia entre un capricho y un amor eterno es que el capricho dura más. No sé si es un capricho lo de Casado, pero ya ha dicho que con Iglesias en el Gobierno no hay apoyo presupuestario. Toda unidad, paz y armonía concluyen cuando llega la hora de los presupuestos, el cochino materialismo que lo desbarata todo. Las cuentas, amor. Añade Esteban que el sexo mejora con los años. No sabía que los mejillones belgas fueran afrodisíacos.