Los zapatos “katiuskas” de Irene Montero

Hay dos Españas en el calzado de las políticas. Al menos, en apariencia. Las combinaciones también cuentan

Sin presiones. Si la semana pasada nos inventamos la crónica de la moda parlamentaria bajo la premisa moral de que sin estética no hay ética, volvemos a la carga sin coartada. ¿No hay control de sesión parlamentaria y Pedro Sánchez se queda en Bruselas tomándose una tapita-queso y una «kriek brière» en la Grand Place? Pues oye, aquí, al toro. ¿Que si se puede rascar algo más? Díganle eso a Coppola y su «Padrino 2». O a Reese Witherspoon y «Una rubia muy legal 2». ¿A que rizaban el rizo? Pues con este Congreso, ídem. Porque, mientras prosperaba la moción de censura de Vox al Gobierno en el ámbito del papeleo, en lo físico, se enfrentaban estéticamente dos pares de zapatos, ejemplos del antagonismo de dos modelos políticos. Que me dirán ustedes: ¡Vengaaaaa va! Cuéntame otra, chato. Ok. ¿Eran lo mismo los chapines bermellón de Benedicto XVI que las zapas descanso del Papa Francisco? Pues regresemos a la Carrera de San Jerónimo. Ea. Que la ministra Montero-Hacienda –luego hablaremos de la Montero-Igualdad– significa uno y Macarena Olona, de Vox, el otro. Les cuento. A Macarena le chiflan las marcas. Los maxilogos exactamente. La semana pasada, ella misma era un Louis Vuitton. Por cierto, su compañera Mireia Borrás –sí, sí, otra vez las dos; son una mina– llevaba un «shopping bag» de la «maison» francesa que quitaba el hipo. Que alguien les quite la tarjeta descuento por favor.

Pero volviendo a Olona. Iba más discreta. Pelo recogido y vestido a media rodilla. Obviemos, «please», que era color garbanzo. Y, de repente, ¡zas! Unos Louboutin grises. «Stiletti». O sea, afilados que te cagas. Con la suela, marca de la casa, en rojo sangre. Mientras que «Maje» optaba por todo lo contrario. ¿Quizá eran unos Chemi Hara? Cuero, mate, natural. Remachados. Tipo zueco. Con un aire ajaponesado. Tacón de madera, extragrueso. Firmes, pero con veta color crisantemo. ¿No ven dos Españas? A ver, impostadísimas, cierto. Pero en apariencia, dos. Solo en apariencia porque la ministra combinaba ese hallazgo con chaquetita de ante y un vestido Provenzal… Y qué casualidad, también en garbanzo.

Y, entre medias, sin venir a cuento, los zapatos «katiuskos» de Montero-Igualdad. «No way…». Que me he dado cuenta de que los «Monteiglesias» son como Carmen Lomana, que puedes echar mano de ellos siempre porque siempre tienen algo que contar. Pues bien, Irene, te hablo a ti. Tu pantalón oliva fue una sorpresa, con corte estupendo y cinturilla de pinzas… Ahora ¿nunca te dijeron que un mal zapato te arruina entera? Pues ahí queda. Quedémonos con lo bueno: la blusa también era mona. Y más causalidades: muy parecida a la de Cuca Gamarra. Ambas, abullonadas en el antebrazo. No sabía que esto fuera tendencia… Gamarra la llevaba remetida en un «jean» que le quedaban «nikelaos». Como les pasa a Fernández y Fernández, perdón, a Casado y a Teodoro. Reyes, decidme que sí, que leísteis LA RAZÓN el sábado pasado, ¿eh, truhanes? Porque… esa chaqueta ¿taaan prieta? ¿Hola? Al final, Sánchez os ha marcado.

Siguiendo con el PP, qué cosas, en esta guerra del calzado, estaban en las antípodas, o sea, en las cabezas. Y la de Andrés Lorite es una escultura. ¡Qué melena! De acero, casi lacerante. ¿Arriesgada? No. Pero es un pelo que hace hogar. El de Bal Francés, de Ciudadanos, sí que sería rompedor si se dejara fluir… ¿No es ese el problema del partido? Digo… Es afro, pero está contenida, cuando sin doma molaría y no encrespada en un quiero y no puedo. Los términos medios son así, que Aristóteles dio la murga con que la virtud estaba ahí, en el centro, pero Chiara Ferragni jura y perjura que la perfección no existe. Chiara es una superinfluencer; de Aristóteles no se acuerda ni Perry. Y eso, lo de la perfección, se lo debiera revisar Laura Borrás. ¿Repetimos combinación rosa maquillaje/blanco? ¿En bolso, zapatos y casaca? Visca por ti por esa búsqueda denostada pero errática, pero triunfar con tu «outfit» es de juzgado de guardia.