Carmen Quesada y Arturo Fernández se casaron un año antes de su muerte

Se ha ido uno de los grandes galanes de la escena española. No pensaba que le esperaba la muerte aunque sabía lo que era luchar contra el cáncer. Hace un año quiso arreglar su unión con Carmen Quesada, una viuda con todas las de la ley.

Carmen Quesada y el actor. Foto: Gtres
Carmen Quesada y el actor. Foto: Gtres

Se ha ido uno de los grandes galanes de la escena española. No pensaba que le esperaba la muerte aunque sabía lo que era luchar contra el cáncer. Hace un año quiso arreglar su unión con Carmen Quesada, una viuda con todas las de la ley.

Carmen Quesada se casó hace un año con Arturo Fernández tras cuarenta años de amor y convivencia. El actor, con casi 90 entonces, quería dejar «protegida» a la mujer que le había dado todo en las últimas cuatro décadas. Porque en ella tuvo amante, pareja sentimental, amiga, confidente, consejera... Aquí se cumple la sentencia de que «detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer». Es el abogado y periodista Jesús Manuel Ruiz quien confirma a LA RAZÓN la noticia: «Sí, se casaron en el despacho de un notario el año pasado, y fue para que Carmen quedara cubierta legalmente si a él le ocurría algo. Tan solo lo sabíamos la familia y algunos amigos. Pero todos mantuvimos la boda por lo civil en secreto por petición expresa de la pareja». Arturo Fernández tenía tres hijos, María Isabel, Arturo y María Dolores, fruto del matrimonio con María Isabel Sensat Marqués, de la que se divorció en 1978. Alberto fue amigo del intérprete durante muchos años y nos desvela que «la decisión de casarse fue porque Arturo sabía que su salud no era buena, los achaques de la edad, las enfermedades, comenzaban a hacer mella en su organismo y en su ánimo. No quería envejecer, pero el casi nonagenario que nunca se sintió viejo empezaba a ser consciente de que estaba en el último tramo de su vida».

Irónicamente, a finales de 2018 entrevisté a Arturo y le cuestioné por qué no se había casado con Carmen. Me miró, en su rostro apareció una sonrisa y contestó: «¿Y quién te dice, chatín, que no nos hemos casado en secreto? A lo mejor ya somos marido y mujer y no lo sabes».

Pensé, después de tantos años de amistad, que me estaba gastando una broma, porque en múltiples charlas anteriores siempre repetía que «ya me siento casado con Carmen, no nos hace falta firmar unos papales para sentirnos mejor y más unidos». O, «pero qué me dices, chatín, ¿una boda?, es que no te escucho bien, no se dé qué me hablas», y soltaba la carcajada correspondiente. Intentaba darme pistas de una realidad de la que muy pocos estaban al tanto. Carmen conoció al actor cuando era una joven de 21 años y él un galán de 50. Pero se enamoró del seductor en su adolescencia, tras verle actuar en un teatro. Y no cejó hasta que unos amigos comunes se lo presentaron. Aquella incipiente relación se mantuvo en secreto hasta que durante la celebración de uno de los populares Rastrillos de Nuevo Futuro, una conocida empresaria se me acercó y me dijo: «Aquella mujer tan guapa que está en ese puesto es la pareja de Arturo Fernández. Es abogada. Eres el primer periodista en enterarte, porque ellos nunca han aparecido juntos en público».

La amiga común nos presentó y aquel día nació una sincera y buena amistad entre ambos.

Hoy, Carmen se siente completamente destrozada, hablé con ella el pasado lunes para interesarme por el estado de salud de su marido, porque las redes sociales comenzaban a lanzar alarmantes noticias sobre el actor. Y me dijo que «está ingresado en el hospital Rúber por una indisposición, le tienen en observación, pero no puedo contarte más, entiéndelo...» Tras colgar el teléfono le mandé un mensaje: «Amiga, me has dejado muy preocupado, espero que todo sea una falsa alarma y que Arturo se ponga menor. Ya sabes dónde me tienes para lo que necesites». Lo leyó, pero no contestó. Luego ya diría que «es imposible asumirlo». Mamen, una de sus mejores amigas, estaba al tanto de la dura situación, sabía que Arturo sufría un cáncer y que su familia no quería hacerlo público. Incluso el actor vivía con la creencia de que su enfermedad no era tan grave como parecía, aunque la realidad era muy distinta a como él la pintaba o quería entenderla.

Sus últimos días

Es más, desde que ingresó en el Rúber unos días antes de su muerte, Quesada atendía muy pocas llamadas de teléfono. No se encontraba con fuerzas como para dar el parte médico a tantos como intentaban ponerse en contacto con ella para preguntarle por su marido.

Los últimos días de vida de Fernández estuvieron marcados por la incertidumbre y por el agravamiento de su enfermedad estomacal. Pero por su cabeza jamás se le pasó la idea de que podría irse de este mundo. Confiaba en salvar el duro trance y regresar este mismo año a los escenarios con «Alta seducción», la comedia que tuvo que suspender en abril cuando las molestias le impedían desempeñar con soltura su trabajo. Muy a su pesar le confesó a su mujer que se cansaba demasiado en el teatro y que al terminar cada función se sentía agotado. Un tumor en la vejiga, el posterior en el estómago, un cáncer de huesos, dolencias en la espalda, una desafortunada caída que le afectó a la rodilla... se unieron desgraciadamente para poner punto y final a 90 años de vida de un hombre extraordinario. En cuanto a Carmen, esta mujer tan singular que siempre estuvo convencida de que «Arturo es todavía mejor ser humano que actor», estudió la carrera de Derecho, y, según una de sus mejores amigas, «es inteligente, muy sensata, discreta, sencilla, entregada a su gran amor; ha sido la mano derecha de su pareja hasta su muerte, no tuvo jamás ojos para otro hombre. Lo dejó todo para seguirle como compañera de vida, y nunca se arrepintió del paso dado cuando apenas acababa de cumplir los 21 años. Se enamoró pasionalmente de un hombre casi treinta mayor que ella, pero que parecía vivir una segunda juventud. No he conocido nunca una grave crisis en estas décadas de convivencia, y eso que Carmen tiene un carácter más fuerte que Arturo. Pero dos no discuten si uno no quiere».

A sabiendas de que tenía un serio tumor en el estómago, el comediante se mostraba remiso a acudir a las sesiones de quimioterapia, por mucho que su mujer se empeñaba en ello.

En el Tanatorio de Tres Cantos, donde se veló el pasado jueves por la tarde el cadáver, Carmen hablaba con nuestra compañera Paloma Barrientos y definía a su marido como «generoso, divertido, amigo de sus amigos y muy cariñoso», y mandó un mensaje de agradecimiento a «todos los que me están transmitiendo su cariño en este día tan duro». En Gijón, su patria chica, decretaron tres días de luto oficial y banderas a media asta, y en Madrid, su ciudad de adopción, se pondrá un nombre a una calle. La capilla ardiente se abrió en el Teatro Jovellanos a las cuatro de la tarde. Largas colas de incondicionales, varios con algún presente para rendir tributo a la estrella, se formaron a las puertas del recinto, donde interpretó seis espectáculos, entre ellos, «Alta seducción», y congregó a más de 30.000 espectadores, para dar el último adiós a un hombre que ejerció de asturiano. El féretro fue recibido con aplausos al grito de «Viva Arturo». El funeral y el entierro se celebrarán hoy.

Un patrimonio formado por numerosos inmuebles

Aparte de una buena cantidad de dinero, Carmen y los tres hijos de Arturo van a heredar varias propiedades inmobiliarias, entre las que sobresalen el chalet madrileño de la urbanización Fuente del Fresno, muy cerca del circuito del Jarama, un apartamento en Chueca, plazas de aparcamiento, una oficina y una propiedad en Villaviciosa de Odón. Además, era propietario de una imponente casa en la localidad malagueña de Guadalmina. Marbella y Madrid fueron las dos ciudades en las que se desenvolvía la vida personal del actor y su mujer. Y era fácil encontrarlos en algunas de las terrazas veraniegas de Puerto Banús. Quizá, por el inmenso amor al trabajo que tenía Arturo, no ha podido disfrutar plenamente de su pareja. Pero hasta en eso era comprensiva y nunca le reprochó sus ausencias.