Teatro

Esperanza Elipe

Profesión: actriz.. Nació: en 1961, en Membrilla (Ciudad Real).. Por qué está aquí: protagoniza «Locos por el te» en el teatro Marquina.

–«Locos por el té». ¿Usted está loca por...?

–Por la vida.

–¿Después de ver un telediario piensa que todos estamos locos?

–Pienso que nos están volviendo locos.

–¿Es mujer capaz de locuras?

–Sí. He hecho muchas. Me puede más la emoción que la razón.

–¿Su última locura?

–Pensar que no volveré a hacer locuras.

–¿Qué no haría ni loca?

–Ir a la guerra. Ir a las rebajas en hora punta. Etc.

–Y ya puestos, ¿a quién le gustaría volver loco?

-Mi chico ya lo está por mí. Me gustaría volver loco al público.

–¿Conviene vivir a lo loco?

–Una porción de locura es la sal de la existencia. La vida es demasiado corta como para ser muy racional.

–La obra es teatro dentro del teatro: personajes vanidosos y egocéntricos que quieren representar como sea un vodevil. ¿Así son los actores?

–Sin alguna dosis de vanidad y egocentrismo no nos pondríamos nunca delante de una cámara o en un escenario. Pero hay que controlar la dosis.

–Ya. ¿Reírnos de las situaciones caóticas es mejor que recortar?

–Todo es mejor que recortar. Y reírnos nos libra de la esquizofrenia.

–Levantan el telón y les pillan desprevenidos. ¿Una metáfora de la vida?

–Claro. Siempre hay situaciones que nos pillan en pelotas. En general, la vida casi siempre nos pilla desprevenidos. Y lo oculto siempre aflora.

–Me gustaba «Camera café». ¿Por qué se acaban los buenos programas?

–Parece que sentimos debilidad por matar la gallina de los huevos de oro. Abren la gallina para ver cómo hacía los huevos y nos quedamos sin gallina y sin huevos de oro.

–Era Marimar: rara, mojigata, siempre al borde de un ataque de nervios...

–Era patética, una pobre desgraciada.

Nada que ver con usted, claro.

–Tengo poco de Marimar, aunque soy a la que siempre le caga la paloma.

–Y eso que aún no es estatua...