Lado personal
Robert Duvall y las mujeres de su vida
Cuatro matrimonios, ninguna descendencia y una última historia de amor que le dio la serenidad que siempre persiguió
Robert Duvall construyó una de las carreras más admiradas de Hollywood, pero su biografía sentimental fue, quizá, aún más reveladora. Intenso, reservado y profundamente independiente, el actor vivió el amor con la misma pasión contenida que imprimía a sus personajes: cuatro matrimonios, ninguna descendencia y una última compañera que transformó su vida para siempre.
Duvall nunca tuvo hijos biológicos ni adoptivos. Habló de ello en varias entrevistas con una mezcla de ironía y honestidad, reconociendo que lo había intentado en distintas etapas. Sin embargo, su mundo giró siempre en torno al trabajo y a un círculo íntimo muy reducido. El amor estuvo presente, sí, pero nunca desplazó del todo su vocación.
Bárbara Benjamin, exbailarina
Su primera esposa fue Barbara Benjamin, con quien se casó en 1964, cuando su carrera comenzaba a consolidarse. Exbailarina y presentadora de televisión, aportó estabilidad doméstica en los años de ascenso profesional. Benjamin tenía dos hijas de una relación anterior y Duvall asumió el rol de padrastro con naturalidad. Quienes frecuentaban su entorno recuerdan a un actor implicado, intentando equilibrar rodajes y vida familiar. Pero el desgaste de las ausencias prolongadas terminó pasando factura y el matrimonio se disolvió en 1975.
Gail Youngs
Hubo un intervalo de soltería antes de su segunda boda, en 1982, con la actriz Gail Youngs. Era una etapa de enorme reconocimiento para él: premios, rodajes internacionales y una agenda cada vez más exigente. La convivencia entre dos carreras artísticas intensas resultó complicada. La unión fue breve y terminó en 1986, confirmando que el éxito profesional no siempre encuentra espacio para la estabilidad sentimental.
Sharon Brophy
En 1991 volvió a intentarlo con la bailarina Sharon Brophy. Fue una relación marcada por la transición emocional y laboral. El matrimonio duró hasta 1995 y volvió a evidenciar lo complejo que resultaba para Duvall asentarse mientras su vida estaba atravesada por proyectos constantes y una fuerte necesidad de independencia.
Luciana Pedraza
La serenidad definitiva llegó de forma inesperada. Conoció a Luciana Pedraza en Argentina, en un encuentro casual que ambos describieron como fortuito, casi cinematográfico. Se casaron en 2004. La diferencia de edad -más de cuarenta años- nunca fue un obstáculo real. Compartían sensibilidad artística, curiosidad cultural y una pasión común por el tango, que se convirtió en ritual íntimo y símbolo de su complicidad.
Pedraza no fue solo su esposa: fue su aliada creativa y emocional. Colaboraron en proyectos, viajaron entre Estados Unidos y Argentina y construyeron una vida discreta, lejos del bullicio de Hollywood. En su rancho de Virginia, Duvall encontró el equilibrio que había buscado durante décadas: ejercicio diario, animales, conversaciones profundas y una mujer que entendía su necesidad de silencio.
Cuatro matrimonios pueden parecer inestabilidad. En su caso, fueron etapas de aprendizaje hasta hallar la armonía tardía. Robert Duvall se marchó dejando una filmografía impecable, pero también la imagen de un hombre que nunca dejó de intentar conjugar amor y libertad sin traicionarse a sí mismo.