Guerra abierta en Cantora

Chabelita: «Lo que se tenga que hablar se hablará en familia»
Chabelita: «Lo que se tenga que hablar se hablará en familia»

Se les agrió el turrón y será una Navidad dispersa y bélica para la familia Pantoja. Despiden el año en auténtico –y ya no disfrazado– pie de guerra. Contraataca el clan familiar donde sólo la ingenua embarazada forma piña con su novio y futuro padre del bebé que nazca a primeros de febrero. Aunque Chabelita usa el enorme bolso como parapeto para ocultar su embarazo, su hermano Kiko no se muerde la lengua y el viernes en «Sálvame Deluxe» descubrió que está al tanto de la doble vida que le presuponen a Alberto Isla, un juego peligroso autentificado por los tuits que envió a la joven rusa Cheryl, que reside en Marbella desde que su padre aterrizó allí a las órdenes de Jesús Gil.

El primogénito de Isabel Pantoja sigue deslumbrando con su cambio en lo que parece una óptima estrategia para camelarse al personal, nada que ver con sus desplantes de hace años –aunque en ocasiones le venza el temperamento incontenible–. Destripó, vomitó y soltó todo lo que llevaba dentro en relación con el noviazgo de Chabelita y el jerezano rompecorazones que define a los Pantoja como «algo siniestro. Pero esta familia supone mi futuro», reconoce con cinismo cautivador de indefensas como la peruana. «Soy el cabeza de familia y así debo comportarme», recordó Kiko, con el que su madre hace piña. Chabelita está perdida por el apenas veinteañero, que parece un truhán salido de algún entremés de los hermanos Quintero. «Y a mí me lo cuentan todo aunque mi madre no se entere. Alberto es un mujeriego, un golfo. Por eso hay entre nosotros una relación tan fea y súper incómoda. No me hablo con él y mientras yo esté vivo no volverá a entrar en Cantora porque es mi casa», anunció casi a golpe de tambores. Supone una gran faena, aunque quizá no consiga alejar el peligro, ya que «mi hermana está ciega por él. Le aconsejamos abortar pero ella desoyó cuanto le dijimos. Quería el niño, ansiaba ser madre como cumplir la mayoría de edad y escapar de Cantora». La pequeña de la familia no tardó en contestar a las acusaciones de inmadurez que le dedicaba su hermano desde el plató asegurando en un tuit que: «Seré muy joven e inexperta, pero lo que se tenga que hablar por mi parte se hablará en familia. Demasiado daño y demasiado dolor». Sibilina respuesta de una joven que pintó su cortijo sureño como una especie de cárcel de oro, al igual que aquel tema que cantaba Concha Piquer, una canción recuperada por esta Isabel Pantoja siempre doliente y en un candelero indeseado que nada tiene que ver con la copla que en ella se encarna y pervive.

«Mi hermana ha hecho y hace sufrir mucho a mi madre y no lo permitiré mientras viva», insistió Kiko, desnudándose como no lo hizo Chayo Mohedano hace unas semanas. No dijo ni mu y prodigó encogimiento de hombros, se escurrió con la frase «es cosa de mis padres». Sin embargo, Kiko le dio a la hija de Rosa Benito una lección hablando claro en el programa. Tanto, que salió tocado, en casi conmoción emocional, pero aclaró una situación que a partir de ahora ya no permite cábalas ni conjeturas. Desapareció el retrato amable: Kiko apoya a Pantoja en este penoso estado de sitio.