La diseñadora de Michelle Obama debuta en Europa en Barcelona 080

La Ciudad Condal, sigue, mantiene y prodiga un independentismo más allá de la política secesionista. Todos, o la mayoría, concidían en los desfiles de 080 en que «no hay nada que temer». Ésto vaticinaron ante Helena Rakosnik de Mas que cortó la cinta de apertura realzando la entrega de poderes en Mango: Isac Andic encomienda las riendas de sus desfiles, y quizá algo más, a su hijo y heredero Jonathan. Despechugado pero bajo impecable traje oscuro, los vió llegar. Al igual que a la siempre enhiesta Mo Samaranch, que en nada recuerda a la elegancia y calidez materna –inolvidable Bibis– más achaparrada con un pantalón de enorme ziggag blanquinegro. No irradia la materna distinción que encandiló y hasta iluminó al ya casi centenario Manolo Pertegaz, que desde una mente privilegiada ve pasar los años y la historia de nunca acabar avivada por la incomprensión centralista.

Moda avanzada con «lo último», como fue ver cenar en Kafka a Colate Vallejo-Nájera con una Malena Costa parece que encantada con el hijo recién nacido de su ex, el culé Puyol, y Vanesa Lorenzo. El jugador ya no anda tan reacio a los medios y Custo acogió la fidelísima reaparición de Sandro Rosell ya en puertas de la pasarela neoyorquina, donde los españoles hacen piña para las invitaciones: reparten gastos entre Desigual –imponente Irina Shayk como nueva imagen sin alejarse de Ronaldo–, Custo, Lacoste y Del Hierro, mientras Josep Font «pour» Del Pozo sólo invita a «El País». Insólito para ideólogos, malpensaban viendo el acaramelamiento de un Colate que saldrá invicto del «Mira quien Baila». Potty le echará más de una mano con consejos, se conocen de Miami, donde el coreógrafo santanderino –primo hermano del Arturo Girón, jefe de Prensa de la Biblioteca Nacional– crea e impacta: «Tras nuestrodebú, ya censuran mi compadreo con Miguel Abellán, otro damnificado», dice Colate y le recuerdo que así empezó su hermana Samantha en sus telas cocineras y se ha colocado. Kaffka ha sido reducto, refugio tal bistró –palabra de origen ruso aplicada a Francia– a un paso de la pasarela donde Eduardo Saya ni saludó a un Jon Kortajarena que le dejó por quien considera mejor representante. Afirman que el desvaído Andrés Velencoso no deja de salir – y entrar– con Úrsula Corberó, que le parece más sexy que una Kylie Minogue a punto de iniciar un rodaje con una directora vasca. En ese local Carmen Martínez–Bordiú presentó a Luismi ante un Jaime de Marichalar abufandado bajo cibelinas de Nelsy Chelala que gustaron a Roser Marcé desligada del oficialismo. Eso es algo impensable en Isabel Toledo. Se reveló diseñando para Michelle Obama su traje verde limón, rebeca incluída, en la posesión presidencial. Sabor y dulzura cubana. «Quien nos lo iba a decir siendo latinos», reconoce. Ocupa la suite Penthouse del Hotel Mandarín de María Reig. Rezuma exquisitez y domina el Paseo de Gracia y tras recibir ayer los 43 trajes que presenta en su primer desfile europeo –que tome nota el antiguo «cibeles», vaya ojo– ensayados con posterior pasmo ante el vetusto barrio de la Ribera que empalidece el Madrid de los Austrias. El antiguo mercado del Born auna atrevimiento recuperador de ruinas glosadas en «Victus» con modelos alrededor, tal los de Sita Murt o la lencería de Totón Comella sobre botas escocesas. Andrés Sardá protagonizó algo muy chusco al apuntarse al «Fashion Week» madrileño, y decir que lo anuncien como «Sardá meeting Barcelona», y oir sin creer la respuesta de «es imposible al ser un desfile madrileño». Toledo sigue con Michelle a la que define «con piernas larguísimas y muy consciente y conocedora de su cuerpo y estilo». Media hora riendo a su lado y al de Rubén que dibuja bocetos y matrimonio. Cada vez entiendo más a la presidenta americana.