«Los 50 los llevo bien, los 40 fueron traumáticos»

Explica a LA RAZÓN que la crisis también le afecta: «Estamos luchando como leones para no despedir a gente»

Acaba de cumplir los cincuenta y está feliz. Podría decirse que se encuentra en uno de los momentos más dulces de su vida tanto a nivel personal como profesional. Cayetano Martínez de Irujo (Madrid, 1963), conde de Salvatierra y duque de Arjona, ha sido propuesto para el Premio Príncipe de Asturias del Deporte 2013 por el Club de Jinetes Internacional y la FEI (Federación Ecuestre Internacional), y continúa con su importante labor en la Casa de Alba. El hijo más mediático de la Duquesa de Alba recibe a LA RAZÓN para hacer un repaso de su vida y hablar de todos los temas que en este último mes le han colocado en el primer plano informativo, entre otros, la desafortunada caída de su madre en Roma.

–Entrena duro todos los días para competir en el Concurso de Saltos Internacional de Madrid, que se celebra próximamente en la capital. ¿Qué se propone conseguir?

–Nada en concreto. De los cinco caballos que tengo, cuatro están lesionados. A algunos ha habido que operarles, así que estoy en una situación catastrófica. Pero, ahora mismo, la competición ha pasado a ser algo más secundario en mi vida. Estoy al final de mi carrera deportiva y lo que quiero es divertirme.

–Cuando era adolescente se escapaba siempre que podía al Club de Campo para montar, y estudiaba poco. ¿Se siente satisfecho de haber perseguido hasta el final su verdadera vocación?

–Era un estudiante correcto, pero nunca suspendí nada. Hacía lo necesario. Cuando tuve que elegir entre convertirme en ingeniero técnico agrónomo o ser jinete, lo tuve claro: me quedé con el deporte.

–Su nominación al Premio Príncipe de Asturias no ha sido recibida con una ovación general, ¿a qué cree que se debe?

–Yo respeto la opinión de todo el mundo. Pero siempre he tenido una situación especial por nacer donde he nacido. Un consejero delegado de una cadena de televisión importante me dijo que existe gente que piensa que hay que pagar un precio por pertenecer a una familia mundialmente conocida, tener una esposa muy guapa, sentirse respetado por su madre o estar valorado profesionalmente. Es decir: mi caso. En España, las cosas funcionan de este modo.

–¿Se ve con posibilidades de ganar?

–Sí, claro. Cuando estás en una parrilla de salida puedes ganar. Lo importante es estar ahí. Estoy emocionado por el reconocimiento.

–¿Cuál ha sido el mayor salto de su vida?

–Ha habido dos muy difíciles. El primero fue el nacimiento de mis hijos, porque no estaba preparado y me costó mucho asimilarlo. En el ámbito profesional, sin duda, ganar el Campeonato del Mundo en 1990. Siempre había sido tratado como «el hijo de», tuve que destruir mis barreras educacionales... Y, de repente, cuando ganas, te preguntan que quiénes son tus padres. Me sentí como un rey por un día, el mejor entre los mejores.

–¿Se siente profeta en su tierra?

–Ahora sí. Me ha costado quince años que se me reconociera en el mundo deportivo español. Pero lo he conseguido. Actualmente noto que se me valora enormemente.

–Por sus palabras parece que haber nacido en el seno de los Alba tampoco le ha puesto las cosas fáciles, ¿tan dura puede llegar a ser la vida en palacio?

–Vivir en un palacio es duro. La gente no se lo cree y puede decir que tengo mucha cara. Pero depende de cómo vivas. Y de qué manera te lo plantees. En mi caso, el Palacio de Liria, donde residía con mi familia, se destrozó durante la guerra y mi madre lo reconstruyó entero. La mayor parte del capital se esfumó en recuperarlo. Podríamos haber vendido el solar y habernos mudado a un chalé, pero quisimos sacar adelante este patrimonio. Con un añadido: la misma responsabilidad pública, como si fuéramos una institución, pero sin serlo. Tenemos todas las responsabilidades del mundo, aunque ninguna de las ventajas. La gente no sabe que de nosotros dependen 360 puestos de trabajo en nuestras empresas agrícolas.

–Usted siempre dice que en la Casa de Alba no tienen liquidez; en cambio, para otros es una máquina de hacer dinero...

–Era una casa con una estructura antigua, pero gracias a Dios estamos a tiempo. Desde hace tres años, se está intentando convertir todo esto en una empresa que genere dinero. Vamos a vender todos los productos agrícolas de nuestras tierras dentro de mes y medio con la marca Casa de Alba, hemos alquilado el mobiliario...

–La crisis también les afecta, ¿no es así?

–Igual que a todo el mundo. Estamos luchando como leones para no despedir a gente, para no dejarles en la calle. Nosotros tenemos contacto en cerca de 25 municipios entre Sevilla, Córdoba y Salamanca, que es donde se encuentran las tierras que explotamos.

–Como a Unamuno, ¿también le duele España?

–Me duele mucho que hayamos perdido tanto prestigio los últimos años y que no nos tomen en serio. Me duele enormemente lo que están sufriendo los ciudadanos. Hago lo que puedo y haría más por ayudar. Ojalá salgamos de esto muy pronto.

–¿Siente que los andaluces le han perdonado por aquellas declaraciones que realizó en el programa de Jordi Évole de La Sexta?

–Hubo una parte que me daba la razón y otra que se enfadó, pero eso está pasado. Yo rectifiqué, que no me retracté, y todo volvió a su cauce.

–Acaba de cumplir 50 años, ¿cómo se siente? ¿Qué sueños le quedan por cumplir?

–Lo llevo mejor que los 40, que me resultaron traumáticos. Estoy en el mejor momento de mi vida. En el plano psicológico y en todos los sentidos. Tengo mucha más madurez y me enfrento a todo intentando ser positivo. Está siendo un buen año repleto de reconocimientos: la propuesta al Príncipe de Asturias, el ducado que me ha dado mi madre...

–¿Le hace ilusión este nuevo título nobiliario?

–Hay que remontarse a un par de cientos de años atrás para que a un aristócrata le den un ducado o un título por merecerlo verdaderamente y no porque lo ha heredado o porque emprenda una lucha para quitárselo a otro. Mi madre ha considerado que me lo he ganado por las cosas que hecho en la casa, junto a mi hermano Carlos.

–Su hermano Alfonso ha recibido en cambio siete títulos que ostentaba su madre...

–Sí. El condado de Guimerá, el condado de Ribadeo, así como el ducado de Híjar el condado de Aranda y el condado de Palma del Río, estos tres últimos con Grandeza de España incluida. Fue el abuelo de mi madre, Alfonso de Silva y Fernández de Córdoba, quien dejó por escrito que los títulos fueran a parar a Alfonso. Y mi madre sólo ha cumplido la voluntad de sus antepasados. Pero no va a haber más repartos. Al menos, de momento.

–Alguno de sus hermanos han invertido el orden de sus apellidos, ¿usted tiene intención de hacerlo?

–No. En el caso de Carlos me ha parecido bien y lógico, porque si no el apellido se perdía, además mi madre es hija única. En otros casos, ni lo entiendo ni lo comparto.

–En relación a su hermano Carlos, duque de Huéscar, ¿qué futuro le espera a la casa con él al frente?

–Es el idóneo para ser el heredero. Tiene un espíritu institucional de primer orden, un gran sentido común y mucha responsabilidad.

–En cambio, Eugenia sigue siendo su favorita, ¿no es así?

–Yo la quiero mucho, la adoro. Es mi única hermana.

–«Aunque los Reyes metan la pata, se debe mirar su balance general». Estas son palabras de su madre. ¿Qué piensa usted sobre la monarquía?

–Mi madre es muy monárquica y sobre todo juancarlista. Personalmente, opino que el balance del reinado de Don Juan Carlos es positivo.

–¿Cómo está su madre, tras la rotura de fémur que ha sufrido recientemente?

–Está bien. Me dijo cuando hablé con ella: «Te prometo que no voy a hacer viajes largos, Cayetano, que esto me podría haber pasado en España». Yo me eché a reír. Luego me pidió que la dejara ir a París, porque quiere ir en otoño.

–¿Va a viajar a Roma?

–No, no tengo mucho tiempo y sé que está muy bien. Además, estos días viajará hasta allí Eugenia.

–¿Le ha recomendado que no viaje más?

–Quiero que se quede tranquila aquí para disfrutar de su país y de sus cosas.

–Usted dijo en una ocasión que su madre no se podía casar por responsabilidad histórica en este momento, ¿sigue pensando lo mismo?

–Es que ha salido muy bien todo este asunto, pero comprenda que con la edad que tiene, con el patrimonio que ostenta y con toda la situación, era tan difícil... Fue un «shock». Mi madre ha batido el récord Guiness. La mujer más mayor que se había casado era con una edad inferior a los 80 y ella lo hizo con 85. Debo decir que ha sido enormemente positivo y que Alfonso está integrado de la mejor de las maneras.

ALÉRGICO A LA PRENSA ROSA

Siempre ha luchado por preservar su intimidad. Una tarea nada sencilla si se tiene en cuenta la familia a la que pertenece. Los Alba han generado un gran interés, del que Cayetano es consciente, aunque no por ello piensa que cualquier cosa vale. «Todo ha cambiado porque los periodistas han comenzado a respetarme y porque un sector de la Prensa intentaba manipular mi vida en una dirección que no era correcta. Yo me defendía y no lo toleraba, no bajaba la cabeza. Dieron esa imagen de mí, pero ni era real ni era verdad. Todo se ha puesto en su sitio. Y yo he demostrado que los respeto a ellos también», confiesa.

GENOVEVA, UNA MÁS EN LA CASA DE ALBA

A pesar de que pusieron punto y final a su unión matrimonial en 2007, Genoveva Casanova (en la imagen), la ex mujer de Cayetano, es una persona muy cercana al jinete. La mexicana se ha convertido en un miembro imprescindible de la familia Alba. Nada más producirse el accidente de la Duquesa, viajó hasta Roma junto a Carlos, duque de Huéscar, para estar cerca de su ex suegra, a la que está muy unida. A su vez, Casanova, madre de Luis y Amina, los dos hijos del conde de Salvatierra, se ha ocupado de la exitosa exposición «El legado de los Alba», en la que trabajó como directora de proyectos y responsable de relaciones institucionales. Por otro lado, este mismo viernes, Genoveva abandonaba su exclusivo chalé de La Finca, en el que residía junto a su hijos, para instalarse en un piso muy cercano al Palacio de Liria, residencia habitual de la Duquesa y su marido, Alfonso Díez. El último acto al que Genoveva acudió en compañía de Cayetano fue la presentación del libro «Lo que la vida me ha enseñado», que ha escrito a sus 87 años la propia Cayetana. Esta siempre ha contado con ella como una más en la Casa de Alba.