Historia

«No era consciente de la gravedad de mi estado»

María de Villota nos ha dejado este legado a título póstumo. Sus vivencias, sus miedos, sus afectos en un libro escrito con el puño y el corazón

La piloto dejó en su libro un dibujo que relata el recorrido de su vida
La piloto dejó en su libro un dibujo que relata el recorrido de su vida

«Volver a ganar. Siempre he creído que todos aprendemos cada día, y nunca dejamos de hacerlo hasta el día en que dejemos este mundo. Mi propia experiencia con María me ha enseñado que en la vida tener menos o más no es ninguna ventaja o ningún obstáculo. Soy fan de María de Villota antes y después del accidente, porque ella nos ha dado una clase magistral de lucha, de sufrimiento y de trabajo en cualquier momento de su vida. Una carrera profesional en el automovilismo y un accidente son sólo hechos para una ganadora de su vida que con más o menos siempre intentará volver a ganar».

Así expresa sus sentimientos hacia María de Villota el piloto Jaime Alguersuari en «La vida es un regalo» (Plataforma Editorial), el libro que María iba a presentar el lunes y en el que recoge todas sus vivencias antes, durante y después del fatídico accidente. Un legado que nos deja en 188 páginas y que cobran un gran interés. Es el testimonio de María.

LA NECESIDAD DE COMPARTIR

«Quiero escribir este libro porque tengo un mensaje que daros. Y también porque, egoístamente, no quiero olvidar nunca los momentos que me ha dado este accidente. No es tremendo ni morboso: es como la vida; increíble, sorprendente, dura, bonita... Que te regala un momento tan al límite, tan aquí y allá, con una línea tan delgada que no sabes en qué lado estás. Sí, amigos, te regala volver a sentir cada latido como el primero y vivir más despierto, más alegre, con más sentido».

«DOCTOR, NECESITO DOS OJOS PARA PILOTAR»

«El doctor me dijo: "El accidente fue muy grave, María, no sabíamos si íbamos a poder salvar tu vida". Y prosiguió: "No hemos podido salvar tu ojo". En ese momento me di cuenta de que no podía abrir el ojo derecho, no tenía nada de movimiento. Estaba aturdida y aún muy débil, pero le dije: "Doctor, ¿usted es cirujano?". Me respondió afirmativamente. Le dije: "¿Usted necesita dos manos para operar?"Él asintió. Yo continué diciendo: "Pues yo soy piloto de Fórmula-1 y necesitó dos ojos para pilotar". Él repitió: "María, te hemos salvado la vida, estamos muy contentos, no ha sido fácil"».

«NO CONOZCO MI ASPECTO»

«Yo no era consciente de la gravedad de mi estado. Ni siquiera me había mirado al espejo. Al estar con Rodrigo (su novio entonces), empecé a pedir que me dejaran uno, pero no me hacían caso y a mí se me olvidaba al cabo de un rato. Como todos estaban a mi alrededor contentos, yo no imaginé ni remotamente que mi apariencia pudiera ser tan dura. Simplemente no me importaba, estaba allí con ellos».

«APARCO MI COCHE EN EL ARMARIO ANTES DE DORMIR»

«No sé qué edad tendría cuando empecé a jugar con coches, pero las imágenes me delatan. Cuando tenía un año estaba subida a los mandos de un Fórmula-1 para una foto familiar y ya agarraba aquel volante con fuerza. Tengo una foto de la noche de Reyes en la que me estoy subiendo a mi regalo: un coche de carreras, y necesito la mano de mi padre para tenerme en pie, así que aún no andaba muy bien».

CARTA A MI FAMILIA

«Dicen que viví cinco días de mi vida en estado crítico. Yo no los recuerdo, pero sí tengo claras tres cosas de "mi mundo"en esos días. La primera es que mi mente me transportó al Gran Premio más importante de mi vida y aguanté todo lo que pude con sufrimiento. No lo hubiese podido soportar, y de aquí mi segundo recuerdo, si en mi casa no se hubiese respirado la educación del esfuerzo y la perseverancia enseñada por mis padres y practicada desde pequeña a través del deporte».

A TI, LECTOR

«Si me hubiesen dado este libro hace un año, querido lector, no me lo hubiera creído. Pero menos se lo hubieran creído aquellos que firmaron mi parte de defunción, aquellos que mintieron confiando en mis daños cerebrales, aquellos que no llamaron por vergüenza o cobardía. Pero no he escrito de puño y corazón este libro para reivindicar mi vida, sino la vuestra . Si yo no estuviera aquí y la muerte me hubiera ganado esta carrera con bandera negra y no de cuadros, no hubiera podido transmitiros con todo el alma este mensaje de alegría.

Sí, nuestra vida no es nuestra. Es un trozo de tiempo infinito si lo compartes con quien amas, con quien te necesita. Y el mismo trozo de tiempo mezquino si no aprecias esto y cuanto te rodea. ¡Sonríe por Dios! O por quien tú quieras».