Las deudas finalmente cierran El Molino de Barcelona

De izquierda a derecha, Sandra Ibarra, Carla Royo, Quique Sarasola, Alfonso Ussía, Javi Martín, Ainhoa Arteta, Lorenzo Caprile, Patricia Rato, Juana Acosta y Álvaro Luis en la entrega de los premios Bombín
De izquierda a derecha, Sandra Ibarra, Carla Royo, Quique Sarasola, Alfonso Ussía, Javi Martín, Ainhoa Arteta, Lorenzo Caprile, Patricia Rato, Juana Acosta y Álvaro Luis en la entrega de los premios Bombín

Se comenta mucho, y no es para menos, el nuevo gesto de Carmen Tello y su hijo mayor, el marqués de la Motilla, hacia la Prensa. Derrocharon elegancia durante la boda de este último, de esa que ya no estilan los numerosos pringados dedicados a la compra y venta de exclusivas millonarias. Una atmósfera deliciosa tanto por la actitud y el porte de Carmen en la ceremonia –luciendo la mantilla española– como por la dulzura de su nuera y el entusiasmo de Kiko Solís repartiendo habanos. Encandilaron por su simpatía en un ambiente desbordado por lo más «chic» de Sevilla, más correctos en la vestimenta y menos ceñidos que el «look» de Doña Letizia en la reciente coronación holandesa. Allí es mejor no sobresalir y vaya si lo consiguió con el chocante tocado de lado. Un fallo de Felipe Varela.

Mercadeos sentimentales

También lo hizo la guapa esposa de Curro Romero distribuyendo gratis a las revistas que lo pidieron una variada colección fotográfica del festejo, al que acudió un solitario duque de Alba. La celebración tuvo lugar en el viscontiano Palacio Cuna, con tanto arte atesorado. Ya no se ven detalles tan generosos en un mundo mercantilizado como éste. Fue, en general, un buen contraste a otros mercadeos sentimentales, como el que antaño protagonizó Cayetano Martínez de Irujo cuando se casó con Genoveva o el muy bien vendido enlace de Rafael Medina y Laura Vecino. Consiguieron colocar a la publicación por excelencia un paquete variopinto –con caras de toda laya para hacerlo atractivo– urdido por la propia pareja. Vecino está cada día más distante de Nati Abascal, a la que colocó y asesoró en sus primeros tiempos en Mango. Cosas veredes, y es que la historia siempre se repite. De ahí el encomiable detalle de Carmen Tello y su hijo. Merecerían un Premio Naranja Especial si no estuviera tan desprestigiados. Otra cosa son los castizos Bombines que Álvaro Luis acaba de colocar sa Carla Royo, Patricia Rato, Ainhoa Arteta, Juana Costa y Alfonso Ussía.

Y, mientras, Barcelona llora por el histórico Molino, otra vez con sus aspas paradas. No acertaron en la programación que pretendía relanzar el local emblemático, canalla y provocador que tanto entusiasmó a Dalí y Fellini. Le lavaron la cara, cambiaron su chirriante decoración verde y dorado, y perdió esencia, igual que el artisteo que resultó ser una desleída herencia de Mary Mistral, la insinuante Bella Dorita y Johnson. Fueron irrepetibles, como El Molino, ahora endeudado con tres millones de euros por la crisis, a lo que hay que sumar el 21 por ciento de IVA. Se están cargando el espectáculo y a poco ya no habrá compañías en gira. Y, para colmo, en muchas ocasiones no cobran hasta pasar un año, según me cuenta Enrique Cornejo, que no puede pasear el éxito madrileño de «Testigo de cargo» en la que brillan Paca Gabaldón y Lara Dibildos. «Somos once en la compañía y pierdo incluso cuando lleno», me comentan. Espero aun el «levántate y anda» del Molino, recordando tiempos más alegres. Ay, aquellas juergas desmadradas de cuando lo dirigía doña Vicenta.