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Maby, la mujer a la que Andrés Pajares salvó del maltrato

El actor presentó ayer sus memorias «antes de que se me olviden», donde dedica un capítulo a la mujer de su vida

Fue en 1957 cuando un Andrés Pajares de tan solo diecisiete años sintió el flechazo. María del Carmen Bruguera llegó a la capital desde Bilbao huyendo de los maltratos de su primer marido y con un hijo, Iñaki, para emprender una nueva vida.

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Fue en 1957 cuando un Andrés Pajares de tan solo diecisiete años sintió el flechazo. María del Carmen Bruguera llegó a la capital desde Bilbao huyendo de los maltratos de su primer marido y con un hijo, Iñaki, para emprender una nueva vida. «Nos enamoramos al instante y... bueno, una cosa llevó a la otra y con el tiempo nacería nuestro querido hijo Andrés», relata el humorista en el libro «Andrés Pajares. Mis memorias... antes de que se me olviden» (Editorial Almuzara), que presentó ayer en Madrid. El cómico recuerda a Maby como un «ser humano realmente extraordinario. Bondadosa, cariñosa, simpática, que siempre se desvivía por mí y por nuestros hijos. Una magnífica madre... y una gran mujer».

Cautivado al ver el mar

Desde que se conocieron se volvieron inseparables, «lo mismo cosía sus medias que pasábamos el tiempo en su pensión o en casa de mis padres», detalla, hasta que como en muchas ocasiones las penurias les obligaron a agudizar el ingenio. «A ella no le quedó más remedio que aprender a cantar y formar juntos la pareja cómica “Maby-Pajares”». «En aquellos años se estilaba mucho los nombres artísticos americanos, de ahí el nacimiento de ‘‘Maby’’, “Ma” de su nombre y el “by” porque venía de Bilbao y se llevaban mucho los apellidos terminados en “i griega”». Un vez finalizado su contrato en el York Club de Madrid comenzaron a hacer bolos hasta que en 1959 a Pajares le contrataron en la XIV edición de la Vuelta Ciclista a España para amenizar la espera de los espectadores hasta que los ciclistas llegasen a meta en Santander. «En aquella caravana actuábamos un mago, unas bailarinas y yo, y juntos hacíamos un pequeño espectáculo». Fue allí donde el vio por primera vez el mar, algo impensable para muchas personas de aquella época y sensación que nunca ha podido olvidar. «Fui muy afortunado por poder mirar aquella inmensidad oceánica que tanto me cautivó», asegura.

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Tras ello comenzó su verdadera aventura como dúo cómico. El humorista hacía de «partenaire» masculino de Maby en distintos «sketches», además de cantar y hacer cada uno sus propias actuaciones. Trabajaron en distintas compañías de variedades de teatros y hacían tantas funciones diarias que acababan agotados. «En Pamplona llegamos a hacer once funciones al día», hasta el punto de que Pajares debía salir a por hielo para refrescar a su mujer y al conjunto de bailarinas que les acompañaban para poder sobrellevar el ritmo frenético que tenían que aguantar desde por la tarde hasta casi la mañana del día siguiente. Pero el intérprete asegura que aquellas experiencias le curtieron como artista. «Me sirvió enormemente para encarnar el personaje de Paulino en “¡Ay, Carmela!”, por el que en 1990 me dieron el Goya a mejor actor», revela.

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«¡Que salgan las tías!»

Recorrieron juntos toda España actuando en incontables salas, localidades y teatros, como en el Conga de Madrid o el Oasis de Zaragoza, donde el horario era de dos de la tarde a tres de la mañana ininterrumpidamente con funciones de hora y media. «La primera era para la gente de los pueblos y cuando salía a actuar me decían “¡vete ya, que salgan las tías!” Y no me quedaba más remedio que hacerlo, porque si no... vaya usted a saber de lo que hubieran sido capaces de hacer», confiesa. El siguiente paso lo dieron cuando Antonio Machín les contrató en el Alkázar de Valencia para actuar en «Bodas de plata», que conmemoraba sus 25 años de éxito consecutivo en nuestro país. Como anécdota de esta etapa, Pajares recuerda su encuentro con un Pepe Sancho de diecisiete años. «Un día fui a una jamonería al lado de la plaza de toros de Valencia y allí estaba él despachando. Le pedí cien gramos de jamón y me puso más porque nos había visto actuar y decía admirarnos mucho». Posteriormente, el empresario granadino Lasso de la vega les contrató para el espectáculo «Colorines». Más tarde trabajaron junto a Manolo Escobar, con quien protagonizó «Compañero de copla», y fue entonces, entre bambalinas, cuando un hombre le ofreció grabar su primer disco.

Pero no todo podía ser bonito. Mientras el dúo trabajó con Escobar tuvieron un grave accidente en carretera con un dos caballos por el que estuvieron tremendamente graves. Pajares se recuperó rápidamente pero su mujer no corrió la misma suerte. Maby padecía osteomelitis. Estuvo ingresada durante mucho tiempo hasta que finalmente le detectaron un cáncer de pulmón que acabó con su vida con tan solo 33 años.

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ADMIRACIÓN POR LA REINA SOFÍA

El humorista también recuerda con cariño un encuentro con la Reina Sofía, que según Pajares era gran admiradora suya. Me propuso participar en una gala para la Cruz Roja en la Zarzuela de Madrid. «Es un honor, Majestad, pero la noche anterior trabajo en Murcia y llegaría muy cansado a Madrid sin tiempo para dormir y me afectaría mucho a la voz», se excusó. «¿Y si le ponemos una ambulancia para que usted duerma?, le propuso Doña Sofía. «Pues yo... la verdad... encantado». Y así se hizo. «Como para no estarlo. Porque, aparte de dormir, llegué a tiempo a mi actuación en Madrid a las 11 aún después de pasar la noche descansando».

“Andrés Pajares. Mis memorias... antes de que se me olviden”

Andrés Pajares,

ALMUZARA.

251 págs.,

17,95 euros.