Nieves Herrero: «Nunca doy patadas fuera del tatami»

En su andadura profesional dice que le queda pendiente una entrevista a la Reina: «Me parece la gran desconocida»

Nieves Herrero

Periodista «todoterreno», ha abordado prensa, radio y televisión e incluso se ha lanzado a la literatura, demostrando que no hay nada que se le resista... Ni siquiera una novela histórica basada en la pasión clandestina entre el «cuñadísimo» Serrano Súñer y Sonsoles de Icaza: «Lo que escondían sus ojos» (La esfera), un libro imprescindible para conocer el contraste entre el Madrid del hambre y el de la alta sociedad con el trasfondo de un gran historia de amor.

–El romance entre Ramón Serrano Súñer y la marquesa de Llanzol, Sonsoles de Icaza...

–Me atrajo porque era un amor contra todo lo establecido. Él, ministro de Franco y casado con Zita, la hermana de Carmen Polo y ella, una de las aristócratas más conocidas con presencia constante en periódicos y revistas.

–Se dice que junto con Ava Gardner era la mujer más bella en la España de aquel momento...

–Elio Berhanyer, que la vistió, dice que era una mujer de rompe y rasga, que la gente se volvía a su paso. Cuando nadie se ponía pamelas y ella sí, se volvía cuando la miraban y replicaba «¿pasa algo?». No en vano, fue musa de Balenciaga y llegó a poseer 400 trajes de él. También era muy ilustrada: su padre era cervantista, su hermana periodista y escritora, fue amiga de Ortega, Mihura, Juan Ramón Jiménez....

–¿Cómo reaccionó Franco al enterarse ?

–Primero le hizo una llamada de atención porque había que dar ejemplo. Cuando piensa que todo puede haber acabado, Sonsoles está embarazada, se precipitan los «sucesos de Begoña» y Carrero Blanco le aconseja que aproveche para cesar a su cuñado.

–Para establecer «el mapa» de Sonsoles, entrevistó a su hija, a Paloma Montojo a Dionisio Ridruejo, hijo... ¿Qué imagen de ella tienen en la retina?

–Buscaba un personaje y tuve mi momento de duda con Carmen Icaza, que fue pionera en el periodismo, montó el Auxilio Social junto a la mujer de Onésimo Redondo... Pero todo me llevaba a Sonsoles. Quien más me ha ayudado ha sido su hija y todos reconocen que primero pensaba en ella, después en ella y a mucha distancia, en los demás.

–Entrevistó a Conchita Márquez Piquer porque a su madre se la relacionó con el «cuñadísimo».

–Pero ella me negó la relación y no quise afirmar algo no contrastado. Es cierto que a él le gustaba que cantara «Ojos verdes», prohibido por la censura, y que le costaba a Doña Concha 500 pesetas cada vez que la incluía en un repertorio. Era una mujer de armas tomar. En una cacería, Franco le pidió a través de un enviado que cantara para él, y ella contestó: «Dígale al Generalísimo que yo también estoy merendando».

–Teresa Campos veía a Serrano por Marbella y Jesús Quintero le entrevistó varias veces...

–¡No tuve la suerte de conocerle y eso que vivió hasta los 102 años! Sólo he escuchado sus conferencias y discursos. Era culto y con mucho magnetismo. Quintero dice que era «un señor como los de antes»...

–De aquel romance, nació la llamada «musa de la transición», Carmen Díez de Rivera...

–Que como sabes se enteró de que era hija de Serrano, cuando estaba comprometida con su hermanastro. Ella nunca llegó a perdonar a su madre que les permitiera llegar tan lejos .

–Tuvieron una relación compleja madre e hija. Se dice que Carmen era muy religiosa y consideró a su madre una adúltera....

–Pero comprendió al final de sus días el amor de su madre y Serrano. De alguna manera les disculpa en sus memorias cuando dice que «se les veía tan felices». También dejó de culparla por convertirla en bastarda. Aunque confesó en el libro de Ana Romero que Serrano la llamó, después de fallecida su esposa, para decirle cuánto había amado a Sonsoles

–Una historia que tocó colateralmente Manuel Vicent y Emilio Romero abordó en «Sólo el cielo puede juzgarme», que estrenó la compañía de Vicente Parra con Fiorella Faltoyano.

–Duró muy poco por la censura. Respecto al libro de Vicent, me asusté cuando supe de él, hasta que vi que se centraba en la Transición.

–Además su novela nos permite ver los entresijos de la época, sus intrigas y luchas de poder...

–Piensa que él era Ministro de Exteriores, con la segunda Guerra Mundial de fondo y nazis y aliados buscando el apoyo de España. Le mandaron entrevistarse con Hitler tres veces y en una de ellas pensó que no volvería vivo porque de nuevo le decía que no participaríamos en la guerra... ¡Y al «Führer» no se le daba una negativa! De haber dependido de él, igual habríamos entrado en la Gran Guerra.

–Como periodista intuyo que te hubiera fascinado entrevistarles, pero ¿quién se le resiste hoy?

–La Reina. Me parece la gran desconocida. Tuve ocasión de compartir un café con ella y comprendí su dimensión humana. Aunque si lo consiguiera desearía que fuera coral, con más compañeros, porque he comprendido el riesgo que afrontó Hermida con el Rey.

–Se ha reinventado mil veces, ¿el suyo es el «triunfo de una chica normal»?

–¡Es verdad! Me acuerdo de aquel titular de prensa. Es cierto que renazco en cada cosa que hago y a todo le pongo el mismo empeño.

–En el 2010 había un proyecto para que «las tres chicas Hermida» volvieran a la pantalla...

–¡Y seguiría dispuesta! Irma estará los domingos en mi nuevo proyecto de la tele. Volver a trabajar con Consuelo y ella sería un lujazo... Aquello se truncó pero estamos abiertas porque sería una buena idea...

–Creo que su fuerte son las patadas....

–(Risas) ¿Lo dices por el karate? Llegué a examinarme para cinturón azul y no se me daba mal. Empecé cuando trabajaba en el «Ya». Salía de madrugada y al parar taxis, me confundían con una prostituta y tuve algún incidente. Luego seguí en taekwondo hasta que me rompí el fémur. Pero lo echo de menos.

–¿Las patadas?

–Eso sobre todo (jajaja)... Pero estaban controladas y nunca fuera del tatami.