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Ares Teixidó: “Siempre he sentido adoración por las mujeres y sus cuerpos”

Presenta «Sexual Revolution» el programa más caliente de la parrilla televisiva

Ares Teixidó, en una imagen de archivo / Gtres
Ares Teixidó, en una imagen de archivo / Gtres

Presentadora de «Sexual Revolution», el programa más caliente de la parrilla televisiva, y no oculta su amor junto a Bruna Bravo. Prepárese para conocer a la mujer con menos pelos en la lengua de la televisión.

–¿Qué se siente al ser la nueva Lorena Berdún?

–¡Ya quisiera yo! De momento ni siento, ni padezco, porque arrancar un programa es una locura. Como vivo los nervios a mi manera, todavía no he podido disfrutarlo del todo. ¡Soy una sufridora de todo en la vida!

–¿Qué ha descubierto de usted misma en el papel de presentadora?

–Más que descubrirme a mí, lo que me apetece es que la gente me descubra. Este es el programa que necesitaba tras años yendo y viniendo. Es un programa que faltaba y que me permite ser yo misma, algo que se agradece mucho cuando se trabaja en la tele.

–¿Hay algo en el sexo que le dé pudor o que jamás haría?

–Soy de poner límites, pero me he divertido mucho en el sexo, porque soy muy curiosa. Igual el BDSM sería algo que me daría más pudor.

–¿Qué diría que es lo más fuerte o sorprendente que ha hecho en el terreno sexual?

–La experiencia que viví en el KitKatClub de Berlín. Al entrar te obligaban a quedarte en ropa interior y a dejar el móvil en el guardarropa. Me encontré con el cielo. Todo el mundo estaba retozando, había gente colgada del techo en plan bondage… Era una bacanal maravillosa en la que me vi de espectadora.

–¿Seguro que fue una mera espectadora?

–Bueno, entré a jugar poco… A mí manera. Me dí unos besos con una pareja.

–Hablando de parejas, cuéntenos algo de su relación con Bruna Bravo.

–Cuando empezamos decidí que no me afectaría lo que dijeran cuatro machirulos. Lo importante era mi entorno. Hasta entonces era muy de llevar a mis novios a casa. ¡Incluso me duraban un par de Navidades! Pero un día, mi padre me pidió que no le trajera a ninguno más hasta que no me fuera a casar, porque les cogía cariño. Recuerdo llamar y decir: «¡Que me caso!». Y claro, era Bruna. ¿Su respuesta? «Bienvenida a la familia, Bruna». Es la primera vez que siento un amor que me recuerda al primero, un tipo de amor que casi no controlo y que supone revivir el amor quinceañero desde una madurez guay.

–Quieren ser madres, ¿cómo va el proceso?

–Siempre había defendido la opción de no querer ser madre, pero cuando comencé con Bruna, me avisó de que iba a comenzar la congelación de óvulos. Algo en mí hizo clic, porque me planteé lo que ocurriría si de repente un día quería ser madre. Entonces empecé un proceso del que disfruté muchísimo. Saqué 26 óvulos. Tengo la calidad ovárica de una de veinte, ¡con la vida que he llevado! Apostaríamos por el método ROPA (Recepción de Ovocitos de la Pareja). ¡Bruna estaría guapísima embarazada.!

–¿Sigue la bisexualidad siendo un gran tabú?

–La bisexualidad ha estado en mí desde niña. Siempre he sentido adoración por las mujeres y sus cuerpos. Recuerdo que entrevistamos una vez a una sexóloga que me dijo que yo estaba en el cinco de bisexualidad, pero que terminaría en el nueve, y tenía razón. La bisexualidad es una fantasía.

–¿Sigue siendo una sufridora en el amor?

–Siempre he sido muy intensa, y yo he sufrido en el amor por elección. Las rupturas siempre las he llevado mal, peor incluso cuando he dejado yo. El problema es el mito del amor romántico y los referentes con los que he crecido, no solo en el cine, sino en casa, con mis padres y mis dos hermanas. Ahora estoy en un punto más tranquilo. Creo que tiene que ver con las experiencias y con la edad.