Más cornadas da el fútbol por Julián Redondo

La Razón
La RazónLa Razón

Tarde de toros en Las Ventas, corrida de la Prensa. El Cid, César Jiménez e Iván Fandiño en el cartel, a priori, atractivo. Toros de El Montecillo, a priori, toros; a posteriori, unos borricos (lo leí en una crónica). El festejo, un muermo hasta que el último astado, Desconocido, despertó a la plaza por empeño de Fandiño. Se veía cemento en el coso madrileño, poco para lo que fue la lidia, a la que asistí por cortesía de Bernardino Mahillo y Tamara, su hija. Iba a ser una corrida pedagógica porque «Berna» pensaba ponerme al día en cada lance... Él lo intentó; pero le falló el ganadero, y los toreros, excepto el vizcaíno. No recuerdo un tostón semejante en un partido de fútbol, aunque los he visto malos de solemnidad. Y emocionantes, en su mayoría, en el arreón final de la Liga. Visto el fútbol, o los toros, con mirada limpia, sin prejuicios, el espectáculo suele resultar interesante. En el caso de los bóvidos te enteras de que hay figuras con alergia a determinadas ganaderías y plazas con la lima en ristre antes de llegar los morlacos al corral. En el caso de los futbolistas te cuentan que se venden partidos. Que algún portero desaparece de la alineación porque el entrenador sospecha que le han comprado, y directivos que, como Quique Pina o Javier Tebas, siembran de dudas el desenlace del campeonato sin aportar una sola prueba de sus sospechas que, al no pasar de ahí, son mierda e infundios. El toro es bueno o malo independientemente de su estampa; el arrimado al fútbol es un cobarde que busca notoriedad y dinero, escondido en la barrera, donde jamás le pillará el toro.