OPINIÓN: Fernando Llorente el rey león

El relevo necesario
Instalado este país de extremos en el Olimpo tras la victoria en Suráfrica, nos permitimos el lujo de discutir al hombre que con sus goles ha impedido que Lituania y Escocia (¡!) compliquen a la Selección el viaje a la Eurocopa. Desde los tercios de Flandes, o desde Viriato, sabíamos que esta tierra era ingrata con sus héroes. Pero es duro comprobarlo cada vez. Fernando Llorente, riojano y estrella del único equipo de Primera que alinea cada domingo a once españoles, debería constituir en estos momentos el más preciado bien de la patria en materia deportiva. ¡Pero si derrotó a los hijos de la Gran Bretaña (de su parte más septentrional) en el Día de la Raza! España, como en su anterior epopeya, quedará ensimismada con el Mundial durante cinco siglos. Nada de lo que sea hecho ahora tendrá valor.
El fútbol español corre el riesgo de anclarse en la generación que le ha dado estos dos últimos títulos, a la que Llorente, por cierto, pertenece; y de despreciar a cuanto venga detrás. En este momento, y en la alta competición sólo el presente cuenta, el mejor delantero de la Selección no es el eterno lesionado Torres ni el ansioso Villa. Pero, por muchos goles que marque el riojano, nunca se va a espantar el fantasma que persigue al impostor, como si no tuviera derecho a ocupar un sitio que pertenece por legado divino a otros. Así, se niega el principio de la evolución, que es básico en la vida y mucho más en el deporte. El triunfo de la Eurocopa se reeditó en el Mundial porque irrumpieron Busquets, Navas, Llorente y Del Bosque en sustitución de sus caducos antecesores. Para triunfar en la Eurocopa 2012, tiene que ir corriendo el escalafón.
Lucas Haurie


El sietemesino
Que conste en acta una cosa, antes de ponerle pegas: a mí Llorente me gusta mucho, me parece majete, un jugador con mucha clase, y me cae genial, porque creo que tiene claro que está en un grande, en un equipo con historia y solera suficientes como para no venderse al proyecto empresarial de siempre. Lo que creo también es que en este país estamos acostumbrados a encumbrar y a hundir a futbolistas cada diez minutos y resulta que la moda actual indica que hay que subir a los altares a Llorente, mucho más desde aquel partido en el Mundial en el que no marcó, en el que falló una ocasión clamorosa y, sin embargo, el personal creó un grupo de Facebook pidiendo a Del Bosque que lo sacara siempre por lo civil o criminal antes que a Fernando Torres. Salió contra Portugal, recordemos, y tuvo un gol clarísimo. Si ese tanto lo falla el de Fuenlabrada se nos cae la casa encima y hay que refugiarse en un sótano antinuclear, pero la manga del embudo tiene estas cosas. Llorente no marcó hasta después del Mundial, esta vez sí, contra Argentina, Lituania y Escocia, y qué cosas, nadie lo diría. Todos tenemos en nuestro subconsciente que Llorente fue letal y decisivo y supermán y varias veces fallera mayor en Suráfrica, y nos quedamos cortos, seguramente. Ahora que Torres pasa por un maula en la prensa madridista y que Villa tiene ansiedad, es la hora de Llorente, pieza usada para provocar saliva en el Bernabéu y algo de inquietud en el Camp Nou. La temporada pasada era un flojo, un débil y un chico falto del carácter necesario, y ahora es un titán invencible. Gracias al cielo, el chaval parece mucho más lúcido que todos nosotros. Larga vida al «crack». Cuando le toque.
María José Navarro