Quince años menos nueve meses

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Parece mentira pero, quince largos años después, una generación posterior, según Ortega, Felipe González y José María Aznar, volverán a enfrentarse en las urnas. El primero lo hará, «manu militari», a través de su más astuto y aguerrido heredero, Alfredo Pérez Rubalcaba. Por su parte, Rajoy, pese a haber intentado matar al padre, sigue siendo percibido de la misma naturaleza que Aznar, por quien todo milagro económico fue hecho. Y para desequilibrar la balanza, también ahora como hace tres lustros, Javier Arenas, esta vez, y es la gran diferencia con entonces, en la cumbre de su madurez política. Mucho se ha escrito sobre los resultados del pasado 22 de mayo, pero lo cierto es que dos terceras partes de la ventaja del PP sobre el PSOE la ha ganado Arenas desde Andalucía, verdadera cuna (no desde luego Asturias) de una hipotética reconquista popular. Por eso cada vez que el de Olvera consigue un total en los varios canales de televisión que existen, las lámparas de San Telmo tiemblan pese a su carestía al igual que cimbrean las centenarias paredes de la sede socialista de San Vicente, donde Pepe Griñán ha quedado sin capacidad de reacción mientras Chaves, Pizarro y Zarrías no paran de darle vueltas al Quevedo del «miré los muros de la patria mía, si un día fuertes, ya desmoronados». Además, de manera sutil, los populares están tejiendo una invisible tela de araña de pactos postelectorales junto a IU, tal vez para neutralizarla, llegado el caso, aunque el reciente avance de votos de PA y de UPyD indica que quien gane la batalla del centro gobernará Andalucía y desde Andalucía se gobernará en Madrid.
Es decir, una generación después, la historia ha convertido a Arenas en figura clave de la política nacional como trasunto de los mismísimos González y Guerra con Sevilla, de momento totalmente entregada al PP. Si los suyos no le estorban en exceso más allá de Despeñaperros (mal ha comenzado Cospedal en Castilla La Mancha y no mejor está aprovechando el PP nacional su reciente victoria), y aquí consigue sumar o repescar más figuras independientes, liberales y autonomistas, no duden que Arenas conseguirá todo el poder y la mayor gloria jamás soñada para sí, para Mariano Rajoy y para el centro derecha español. Con sólo cincuenta y seis años y un caudal político equivalente a dos generaciones. Y sin ninguna Carme Chacón enfrente que hubiera rejuvenecido a Griñán.