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Carta militar a los Reyes

La Razón
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Pasado mañana se celebrará en Madrid la Pascua Militar. Un reciente barómetro de opinión pública valoraba a doce instituciones, de las cuales tres participarán en este acto: la Corona, que ocupa el segundo lugar de popularidad; el Gobierno, colocado por los españoles en penúltimo lugar, sólo por delante de los partidos políticos, y los ejércitos, que han resultado la institución más valorada de las doce.

El protagonismo en la Pascua Militar corresponderá sólo a la Corona y al Gobierno. Los militares que participen en el acto formarán parte del decorado. Para tratar de dar voz a los que no pueden hablar escribo estas líneas imaginando, a título personal, algo de lo que dirían si pudieran.

Un año transcurrido, que en lo operativo ha traído algo más de comprensión por parte de la opinión pública y firmeza en el Gobierno sobre los despliegues en el exterior. En Afganistán ya no se oculta la naturaleza del conflicto, aunque la palabra guerra –ni tan siquiera de contrainsurgencia– sigue siendo tabú. Líbano es una bomba de relojería sobre la que no tenemos el más mínimo control. A la piratería en Somalia sólo la estamos conteniendo, sin erradicarla, pues nos falta determinación para lo que esto implicaría; también aquí estamos trabajando contra el tiempo. Veremos si Al Qaida no aprovecha la oportunidad. Pronto veremos nuevas crisis en África, antes de haber podido cerrar alguna de las anteriores. Cuando hay bajas en alguna de estas operaciones se las trata como víctimas del terrorismo y no como soldados y marinos de España que han caído por su deber y honor. Las víctimas inocentes del terrorismo no buscaron su destino; los militares se arriesgaron conscientemente porque su honor –el respeto a la palabra dada– lo demandó.

Es verdad que la sociedad tiene obligaciones con ambos colectivos, pero los casos son diferentes y sólo los prejuicios ideológicos impiden a algunos verlo así. Estos prejuicios se trasladan también por desgracia a cómo tratar y enjuiciar a los combatientes irregulares que usan tácticas terroristas pero actúan como ejércitos organizados. En lo económico, el 2010 ha sido un annus horribilis. La descapitalización que están sufriendo las FF AA será evidente más adelante, pero se está resistiendo consumiendo las reservas. Con el agravante de que en unos ejércitos profesionales hay que invertir coherentemente en material y adiestramiento.
El presupuesto que financia anualmente a las FF AA es bastante opaco, tanto en los gastos operativos en el exterior –cubiertos en gran parte por un crédito ampliable– como en las inversiones en armamento, financiadas en gran medida con partidas incluidas en los presupuestos de otros ministerios. Esta falta de claridad es aceptada por los militares como un mal menor ante el riesgo de perder aun más financiación, ya de por sí escasa; pero esto perjudica a la planificación a medio plazo alterando las prioridades.

La industria militar española, especialmente la naval, consigue seguir colocando alguno de sus productos en el extranjero, con lo que se ayuda a mantener la base industrial. Pero no basta ya con ofrecer buenas plataformas navales o aéreas, sino que el mercado exige cada día productos más integrales que incorporen equipos de diseño propio. Esto debería llevar a consolidar industrias militares –públicas y civiles– de los sectores más prometedores. Resumiendo en cierto modo todo lo anterior y por estar cerca la fiesta de los Reyes Magos, me he atrevido a redactar mi propia carta.

Queridos Reyes (Magos): Os pido que el próximo año traiga a los militares:
-Un Gobierno que consiga aumentar la cohesión interna y el prestigio exterior de España, porque no sabéis lo difícil que es actuar cuando fallan estas cosas.
-Que cuando llegue la hora de actualizar la Constitución se describa más exactamente lo que esperamos de nuestros militares.
-Que no se confunda la administración militar con los militares. Que no volvamos a ver un/a ministra/o mandando firmes o con un bastón de oficial general.
-Que nuestro querido pueblo comprenda lo mucho que nos jugamos en el exterior y lo abiertos que estamos a todo lo bueno o malo que viene de fuera.
-Que no se confunda un soldado con un policía, ni con un bombero ni con miembros de una ONG; que se acepte y apoye la verdadera naturaleza de las FF AA. Si vis pacem para bellum.
-Que la Justicia Militar sea independiente del mando político y que no se la vuelva a agitar como espantajo en problemas laborales internos.
-Que no se confunda la acción del Estado en el interior –garantista– con la del ámbito exterior, donde la regulación es escasa.
-Que se deje a cada ejército administrar y motivar a su gente huyendo de ideologías. Ayúdanos a recordar que no se contratan soldados o marinos, sino familias.
-Que se explique lo que de verdad cuestan las FF AA y que la razón de tener una industria militar no es vender a regímenes extranjeros –algunos dudosos– armas, sino la de que nuestros ejércitos tengan el mejor y más autónomo de los equipamientos factibles.
-Que las disputas políticas no utilicen temas militares y que nos sea concedida una política exterior estable a largo plazo.
Respetuosamente.