Macrofiesta blindada

Valencia acogió ayer el primer gran certamen tras la tragedia de Madrid bajo fuertes medidas de seguridad: se requisaban petardos, bengalas y navajas

Imagen del interior del pabellón en el que se celebró el Black Lotus Festival, para el que se esperaban en torno a 7.000 asistentes
Imagen del interior del pabellón en el que se celebró el Black Lotus Festival, para el que se esperaban en torno a 7.000 asistentes

Valencia- La empresa Qoqoa, dirigida por el empresario de la noche Jesús Abengózar (Duke), jamás podría haber imaginado que el evento planificado para anoche en Feria Valencia, el Black Lotus Festival, levantaría tanta expectación. Pero la tragedia ocurrida la noche de Halloween en el Madrid Arena los convirtió en noticia. Era el primer festival de las mismas características que se celebraba tras el dramático suceso en el que fallecieron las jóvenes Katia, Belén, Rocío y Cristina.

Música electrónica, miles de jóvenes, bebida y un gran recinto. La similitud con el evento madrileño era tal que todos los ojos estaban puestos en el Black Lotus y, por eso mismo, las medidas de seguridad fueron extremas. A los agentes de la Policía Local Autonómica y Nacional se sumaba la seguridad contratada por la propia empresa (unas 35 personas) y la de Feria Valencia (otras 35).

Para evitar riesgos innecesarios, el Ayuntamiento de Valencia obligó el jueves por la noche a reducir en dos horas el evento, de forma que empezó a las cinco de la tarde y la hora de cierre pasó a las ocho y media de la mañana.

La primera muestra evidente de las altas medidas de protección se encontraba nada más llegar al recinto. La Policía Local inspeccionaba con detenimiento el interior de los coches. A la entrada del pabellón, agentes de seguridad de la organización registraban a todos y cada uno de los participantes, que fueron llegando con cuenta gotas.

Sprays, navajas, petardos y bengalas eran el principal objetivo de estos efectivos, aunque fueron pocos los objetos requisados, sobre todo porque los participantes eran conocedores de que la vigilancia en el evento iba a ser extrema. Otro de los puntos a controlar especialmente era la edad de los jóvenes: fundamental presentar el DNI y acreditar la mayoría de edad. De hecho, varios grupos se quedaron fuera, unos por llevar la fotocopia del documento de identidad y no el original y unas jóvenes coreanas por no llevar ningún tipo de identificación.

El ambiente entre los encargados de seguridad era de calma tensa. Sabían que lo tenían todo bajo control, pero estaban pendientes de que ningún incidente hiciera saltar las alarmas, sobre todo por la atención mediática que el festival había despertado.

Sin miedo
En cuanto a los jóvenes, la mayoría no tenía miedo por lo ocurrido. Jesús Osada, de 18 años, había venido a Valencia desde Murcia expresamente para este evento, tenía las entradas desde hacía dos meses y en ningún momento se planteó dejar de acudir por la tragedia del Madrid Arena. José Vicente Díez, por su parte, un joven de 19 años, se lamentaba de que precisamente por el desastre ocurrido en Madrid se habían disparado las medidas de seguridad y no iban a dejar entrar a mucha gente. María, Marta, Inés y Mónica, cuatro jóvenes de 18 años, reconocieron que sí que pensaron en perderse el acontecimiento por miedo a que sucediera una nueva tragedia, aunque finalmente se atrevieron, tomando medidas de prevención.

Tras la avalancha del Madrid Arena, en la que fallecieron cuatro jóvenes, la propia organización del Black Lotus Festival hizo público en su web el pasado fin de semana un comunicado en el que detallaba las medidas de seguridad previstas para el evento.