La extraña pareja por Julián REDONDO

La extraña pareja, por Julián REDONDO

Su objetivo es la victoria, triunfar por encima del éxito. Saben cómo hacerlo; conocen los mecanismos; dominan la platea y el escenario. Comparten una pasión, el fútbol, precisamente lo que les enfrenta; por eso no pueden ser amigos. Colegas, sí, o camaradas, pero por encima de todo, enemigos (rivales, adversarios, contrincantes…) cordiales. No ocultan su recíproca admiración; serían unos memos si no valoraran del otro las cualidades, los conocimientos y lo que les sitúa en la cima del mercado: los títulos. Son Pep y Mou; Guardiola y Mourinho, no Walter Matthau y Jack Lemmon, aquella extraña pareja condenada a convivir porque en lo más profundo de su guión latía una amistad inquebrantable. Pep entrena al Barça y Mou, al Madrid. El destino, llámese Laporta, Rosell o Florentino, ha puesto en sus manos a dos de los equipos de fútbol más importantes del mundo, los más de lo más en España. Madrid y Barça, establecidos en la opulencia, juegan una Liga; de ellos abajo, ninguno. Ni Valencia, que tuvo que vender a sus figuras para sobrevivir –Villa, al Barcelona–, ni Sevilla –descubridor de talentos (cada vez menos) exportables–, ni Atlético, que avanza lento con real y media manta, ni los demás oponen resistencia porque comparten y padecen la crisis global, no como aquéllos. De agradecer es, no obstante, que al capítulo cerrado de la Liga entre ambos clubes hayan añadido un epígrafe donde anuncian la batalla al margen de sus respectivos entrenadores. Emery, Álvarez, Quique, Laudrup, Caparrós, Lotina o Garrido no son antagonistas de Pep y Mou porque pelean con una hon- da en la guerra de las galaxias. Esta Liga ya no es la del Madrid y el Barça sino la del apasionado Pep y el ambicioso Mou, antítesis de Pellegrini.