Felipe II y María Tudor: amores perros Por Cesar VIDAL

Su pasión no era correspondida: ella tenía doce años más que su pretendiente y no era muy agraciada.

En contra de lo que suele afirmarse repetidamente, Enrique VIII, a diferencia de otros gobernantes del s. XVI, no había sentido nunca la necesidad de emprender una reforma religiosa y, llegado el caso, optó por el cisma de Roma, pero no por el protestantismo. Sólo en 1552, años después de su muerte, Inglaterra conoció una confesión de fe protestante. En 1553 murió el piadoso Eduardo VI y María Tudor, hija de Enrique VIII y hermana de Eduardo VI, precipitó un golpe de estado que le entregó la corona. Para Carlos V, se abría la posibilidad de reconducir a Inglaterra a la obediencia a Roma y reconstruir la alianza hispano-inglesa contra Francia. Con tal finalidad, solicitó la mano de María en nombre de su hijo Felipe. No se consideró inconveniente que la reina tuviera doce años más que Felipe, que resultara poco agraciada o que fuera tía segunda del pretendiente. Felipe no estaba enamorado, pero María sí estaba profundamente ilusionada, ya que podía casarse con un atractivo príncipe y dar a luz a un heredero que permitiera el triunfo de la Iglesia católica. La boda se celebró por poderes el 5 de enero de 1554. El 25 de julio del mismo año Felipe se encontró por primera vez con María. La mayor preocupación de todos era que María quedara embarazada, noticia que, a finales de noviembre, se comunicó al Consejo y al Parlamento. El 3 de enero de 1555, el Parlamento votó el regreso a la obediencia a Roma y el final del cisma. Inglaterra volvía a ser oficialmente católica. María, pronto apodada «la sanguinaria», lo celebró ejecutando a 273 protestantes mientras los exiliados se elevaban a centenares. Sin embargo, no hubo alumbramiento. De hecho, estuvo durante varios días sentada con la cabeza a la altura de las rodillas para facilitar un parto que nunca tuvo lugar. Bonner, el obispo de Londres, anunció a la reina que era un castigo divino por no perseguir con suficiente entusiasmo a los protestantes. María tomó buena nota del consejo episcopal y en los tres meses siguientes fueron quemados otros cincuenta protestantes. El 29 de agosto de 1555 Felipe zarpó hacia Flandes y durante los siguientes años sumó una excusa a otra para no volver. En marzo de 1557, regresó para afianzar la alianza contra Francia. La reina le recibió pletórica de alegría porque a sus cuarenta y dos años no había perdido la esperanza de quedar embarazada. Hasta primeros de julio del mismo año, permaneció Felipe a su lado. Marchó ya de manera definitiva y María volvió a experimentar otro embarazo psicológico que esta vez ya no convenció a nadie.La fecha: 1555El 25 de septiembre se firmó la Paz de Augsburgo (Alemania), –también llamada «Paz de las religiones»–, que fue rubricada por Fernando, hermano y representante del Emperador Carlos V, y las fuerzas de la Liga de Esmalcalda, en virtud del texto se resolvía el conflicto religioso comenzado desde la Reforma Protestante. El acuerdo dividía el Imperio de Carlos V en dos confesiones cristianas (luterana y católica) y otorgaba a los príncipes alemanes la capacidad de elegir la confesión a practicar en sus estados. El status ambiguo de una claúsula del acuerdo fue una de las causas de la Guerra de los Treinta Años.