Ussía y Del Bosque

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Recuerdo los desayunos en el Vip's de Antena 3, que compartí con Alfonso y los inolvidables Santiago Amón y Antonio Herrero. Universidad envuelta en aromas de café. Recuerdo la mañana en la que Luis del Olmo pagó su cláusula de rescisión y Ussía se convirtió en el Iker Casillas de la radio española. Y recuerdo su campaña para la presidencia del Real Madrid. «El problema no es perder, es ganar. ¿Qué voy a hacer si gano?». Imposible vencer. El hombre que cedía su dormitorio a Don Juan de Borbón para echar la siesta no podía proclamarse presidente de nada un 14 de abril, fecha de aquellas elecciones. Sagacidad de Ramón Mendoza cuando las convocó desde el Caribe.

Si Alfonso, profesor y amigo desde aquellas entrañables cenas en su casa-museo de Chamberí, hubiera sido presidente, creo que Del Bosque sería su entrenador. Pervive entre ellos un óptimo halo de complicidad madridista. Ventanas vecinas. Distintas ideas, idénticas virtudes. Uno, con la prudencia; el otro, con la ironía. Vicente con la pizarra; Ussía con la pluma que recrea la esgrima a su paso por la literatura. Confieso, sin pudor, que admiro a ambos. Por su escritura, por su elegancia, por su sabiduría, por su conducta, por su inteligencia y por su corazón, que late acompasado y cercano, mezcla de hierba y tinta, de Salamanca y de Comillas.

Del Bosque nos llevó a la cumbre del Everest futbolístico sin botellas de oxígeno, nos dejó sin respiración en lo más alto del planeta y nos llenó los pulmones de oro surafricano. Nadie mejor que Alfonso, seis lustros siendo verdadero personaje del año, para entregarle a Vicente este preciadísimo galardón. Como una Copa del Mundo.