Gorritos y gorretes por María José Navarro

Ha dicho Lourdes Hernández que entre izquierda y derecha se queda con la derecha y a la pobre Russian Red le ha caído la del pulpo. De paso, también le ha rozado a LA RAZÓN y a sus lectores, porque se ha elevado a categoría de noticia que a los usuarios en internet les haya parecido una noticia interesante, la tercera más leída del día.

El guitarrista de Amaral se quejó del uso político de sus canciones
El guitarrista de Amaral se quejó del uso político de sus canciones

A partir de ese momento, se han hecho todas las interpretaciones posibles, primero sobre Lourdes. Desde el instante mismo en que salió publicada esa frase tan escueta y tan simple, se la ha tildado de facha, de ñoña fascista y de pija y los calificativos se han traspasado a todos los indies que pueblan nuestros festivales de verano, pobrecicos míos. Pueden Vds. imaginarse también lo que se ha dicho sobre los lectores de este periódico: todo, excepto que son indies, porque aquí se supone que se estila más el loden y el bigotito. Es verdaderamente curiosa esta manía nuestra de etiquetar a las personas, pero es mucho más curiosa aún la de presuponer. Se presupone que una artista, una cantante, una chica con idiomas que sabe tocar la guitarra, es de izquierdas. Si lo es, tendrá nuestro respeto. Si descubrimos que nanay, se acabó lo que se daba, jovencita. Son los mismos que, sin embargo, acuden fervorosamente a los conciertos de sus ídolos progresistas a pesar de que se hayan convertido en unos burgueses de tomo y lomo y firmes defensores de la propiedad privada, siempre y cuando sea la suya. Recuerdo la impresión que me causó observar en todas las carreteras de Jamaica carteles de Bob Marley como un dios. Una deidad de camiseta, famosa en todo el mundo, y del que se presuponían también varias virtudes, más que nada por ser un enrollao que fumaba maceta. Si Bob Marley hubiera sido un activista furibundo en contra de la droga imagino que hubiera molado menos. Da igual si era un homófobo y un machista de cuidado, da lo mismo porque se supone, se presupone, que era un fenómeno haciéndose petas trompeteras, señores. Así que entiendo al del gorrete de Amaral. Juan Aguirre llegó el otro día a presentar su gira de conciertos y le atizó un desproporcionado mandoble a Rubalcaba por haber hecho una gracieta en el Congreso con una de sus canciones. A mí el dúo me supera un poco, la verdad, porque tanta intensidad me agota, pero los entiendo. Y los entiendo aunque me supere también el afán por trascender de sus canciones. A pesar de que al del gorrete le quedó la cosa un poco grosera y sobrepasada, de pescozón sin venir a cuento tanta rabia, es comprensible que los artistas estén escamados. Desde el arrimón de Norma Duval apoyando a Aznar, no veíamos otra igual. Para que vean si ha pasado tiempo y si han cambiado las cosas.