Historia

El trinque de la Memoria

Casi tres millones de euros se los reparten la izquierda y los nacionalistas en cursos y demás pamemas sobre la Memoria histórica. 

La Razón
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No sé cómo lo consiguen, pero, al final, siempre nos engañan. Cuando la izquierda y los nacionalistas enarbolaron la bandera de la Memoria histórica, liberales, demócrata-cristianos, centristas y gente de simple sentido común comenzaron a discutir la oportunidad de lo que se planteaba, apelaron a la Transición, se preocuparon por el bien común e instaron a que no se abrieran heridas ya cerradas. Cuando comenzaron a lanzarse soflamas hablando de más de cien mil –o treinta mil, o cincuenta mil…– enterrados en las cunetas fruto de la represión franquista, esas gentes entraron al trapo del disparate argumentando, por ejemplo, que semejante necedad era imposible siquiera porque las cifras de la represión de ambos bandos se conocen hace décadas y porque, por añadidura, los muertos en el campo de batalla de los dos ejércitos sumaban apenas unos cien mil. Tan entretenidos estaban en analizar las motivaciones y la conveniencia de la mal llamada Memoria histórica que nadie cayó en que se trataba de otra estafa, de otro timo, de otro tocomocho más de la izquierda y de los nacionalismos destinado a vaciar los bolsillos de los sufridos ciudadanos. Basta echar un vistazo al BOE en su edición 290/2009 de miércoles 2 de diciembre donde se recoge el listado de subvenciones concedidas para «actividades relacionadas con las víctimas de la guerra civil y del franquismo». El gasto aprobado a escala nacional – autonomías y ayuntamientos son partidas distintas– es de 3.790.000 euros, pues bien, de la notable cantidad, tan sólo un 29,8% –1.090.000 euros– se destina a subvenciones para exhumaciones. ¿Y –se preguntarán ustedes– dónde va a parar más del 70% del presupuesto nacional dedicado a la Memoria histórica? La respuesta es muy sencilla. Los casi tres millones de euros restantes se los reparten la izquierda y los nacionalistas con su desvergüenza habitual en cursos, seminarios, exposiciones y demás pamemas. Permítanme darles algunos ejemplos. El Ateneo republicano de León recibe 23.000 euros por realizar un censo de diputados y concejales republicanos de la provincia de León. ¡Quién hubiera pensado que para llevar a cabo esa tarea – al parecer nunca realizada– hubiera que gastarse semejante cantidad! Por su parte, la Asociación de amigos de las Brigadas internacionales se lleva 29.050 euros por un diccionario biográfico de los voluntarios suizos de las BB. II. Se diría que esa labor la debería pagar Suiza o, en todo caso, Moscú, que fue quien creó las Brigadas internacionales como ejército de la Komintern en España. Se diría, pero entonces los Amigos no trincan. O, por ejemplo, la Fundación Contamíname para el Mestizaje cultural recibe 24.500 euros para un Encuentro Iberoamericano de Memorias. Se trata, sin duda, de una partida lógica porque ya se sabe que el franquismo reprimió a los mestizos yendo incluso a buscarlos al otro lado del charco. No menos interesantes son los 18.000 euros que se apropian los Joves d´Esquerra Verde por analizar «La Revolución y el deseo» o la Fundación José Unanue por «La importancia de los etcéteras», porque ya se sabe que si algo persiguió Franco con saña fueron los etcéteras. Al final, un 71,2% del total –2.700.000 euros– se distribuye entre grupetes de amigos. ¿Será esa la clave real de las manifestaciones pro-Garzón o de que algún frescales foráneo exija que Paco Lobatón busque los restos de Lorca? Dios santo, ¿cómo no caímos en que, siendo los protagonistas la izquierda y los nacionalistas, todo acabaría en trinque según su siniestra trayectoria histórica? ¡Inocentes!